NO HAY TIEMPO PARA EL KARMA
Cómo abandonar la rueda del dolor y del esfuerzo
PAXTON ROBEY© Y LA COLABORACIÓN DE LONE JENSEN

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CAPÍTULO 2
LA LEY CÓSMICA

La tierra funciona dentro del marco de la ley cósmica. Al tiempo que nos preparamos para graduarnos de la escuela terrestre, empezamos a comprender las leyes cósmicas que gobiernan nuestro planeta. Unas pocas vidas atrás, ni siquiera sabíamos que existían tales leyes. Pero ahora, cuando comenzamos a familiarizarnos con estos principios creativos, podemos aplicarlos para crear la realidad que deseemos.

La ley cósmica no tiene sesgos personales. El universo no sabe, ni le importa, quién usa el principio creativo para su beneficio o quién lo usa destructivamente. Como analogía, podemos decir que permite que la energía nuclear se use para generar electricidad para beneficio de la humanidad o para destruirla. El principio de la fisión atómica es imparcial. Son la intención y el nivel de comprensión de las mentes que utilizan el poder del átomo los que hacen la diferencia. Pero el poder de la mente que posee entendimiento es mucho mayor que el poder del átomo, pues puede resucitar a los muertos, caminar sobre las aguas y existir en un universo donde ya no hay presión.

Yo me refiero a la ley cósmica como principio, no para que parezca despojada de amor y compasión, sino porque, como lo veremos más adelante, el amor y la compasión verdaderos se basan ellos mismos en principios imbatibles.

El Universo y sus reglas deben ser vistos como un principio impersonal, si es que queremos convertirnos en seres empoderados y si hemos de evitar una relación de codependencia con Dios. Si Dios es principio más que personalidad, entonces, es inútil pedirle que nos conceda favores. Las personalidades conceden o niegan favores con base en juicios personales de valor. El principio no puede hacer eso. Cuando oramos por ayuda al arquetipo del principio creativo, éste no puede otorgarnos “regalos” o “curaciones”, pero se puede revelar y dejarnos a nosotros la decisión de cómo usar ese poder creativo que siempre ha estado a nuestra disposición.

Recordemos la ley de la gravedad. Cuando saltamos por la ventana, caemos. Tal vez, al hacerlo, nos acordemos de la ley, pero a la tierra no le importa. La gravedad es impersonal y, por eso, no va a decir: “Ella es una buena persona, así que mejor voy a dejar que caiga suave y lentamente”.

 

El plano causal

Queremos recordar que aquí las reglas son muy sencillas. Cuando se estableció esta tierra como escuela, se determinó que la realidad fuera controlada desde el plano causal. Quienes han estudiado las enseñanzas esotéricas conocen estos otros planos de existencia. También están incluidos los planos físico, mental y emocional. El plano causal se halla justo por encima de los planos mental y emocional. Debido a esta alineación, cuando combinamos pensamiento y emoción obtenemos manifestación en la dimensión física. Éste es exactamente el mismo proceso que Dale Carnegie y otros motivadores han venido enseñando durante tantos años. Cualquiera que lo haya ensayado sabe que funciona. Cuando usted sostiene en la mente una visión de lo que desea y le añade algo de energía emocional, se manifestará en su realidad. Si examinamos este proceso creativo desde el punto de vista espiritual, tenemos la esencia de las antiguas escuelas de misterio. En este momento, sabemos tanto como lo que cualquier buscador individual u organización oculta de cualquier tiempo pasado. ¡Los pensamientos mantenidos en la mente se manifiestan! Ésa es la forma como funciona este sistema. Aunque estamos enterados de esas reglas, se nos olvida aplicarlas conscientemente.

 

No oponer resistencia al mal

Tal vez creamos que los maestros no comprendían lo complejas que eran nuestras vidas, pero basados en la evidencia de sus propias vidas, es posible que sus métodos sean los únicos capaces de enmendar todos los problemas de nuestra tierra. Es importante tener presente lo que los maestros nunca dijeron, tanto como lo que sí afirmaron. Jamás dijeron que teníamos que conseguir un grado universitario para alcanzar la iluminación. No nos dijeron que nos alistáramos en el ejército para poder dominar todo aquello que nos amenazara. No nos pidieron que convocáramos seguidores que apoyaran nuestra causa. Lo que nos dijeron fue: “Orad los unos por los otros”. Nosotros insistimos en que eso es demasiado simplista. “Es que usted no sabe cómo es mi marido. La simple oración no va a servir de nada. ¡Lo que necesito es un martillo!”. Pero, ¿qué dijo Jesús? Que pusiéramos la otra mejilla. “Si, claro, pero si pongo la otra mejilla el planeta completo será borrado”. “Llega un momento en el que tenemos que erguirnos como todos unos hombres. ¡Como machos!”. Pero, en verdad, ésa no es la manera. Jesús nos dijo que no opusiéramos resistencia al mal. Muchos de nosotros, buenas personas que hemos aprendido a ser compasivos, hemos dedicado nuestras vidas a hacer frente al mal.

Permítanme pedirles que supongan algo por un instante. Si es verdad que la realidad se crea por los pensamientos que sostenemos en la mente y las emociones que sostenemos en el cuerpo, ¿qué es lo que creamos cuando somos anti-guerra?

Yo tengo varios amigos que están en contra de las armas nucleares. Uno de ellos está tan consagrado a su campaña antinuclear que colecciona afiches de niños quemados por la radiación, despellejados. Lo que está ayudando a crear es otro niño víctima de la radiación. Si alguien está en contra del asesinato porque cree que es el más horrible de los crímenes, mantiene en su mente una imagen respaldada por su indignación emocional. Es fácil ver lo que eso crea: un asesinato más en el planeta, porque tal es la ley de la creación. En palabras sencillas, creamos todo aquello a lo que nos oponemos. Tal como la ley de la gravedad no puede ser sesgada, así es con la ley de la creación.

 

Cómo crear el Jardín del Edén

El universo no distingue entre los deseos y los temores que mantenemos en la mente: tenemos que tener eso muy claro si queremos ser los que muestran el camino a los demás. Si queremos un jardín del Edén o si deseamos que todos los hombres sean libres, ¿cómo podemos tener el poder de crear estas cosas?

Los de décimo grado han puesto su fe en el intelecto y pretenden crear a través del proceso del debate. Son capaces de crear mucho entusiasmo y algunas buenas guerras. Los de undécimo están contra muchas cosas, son “anti-“ todo lo dañino. En cierto sentido, este grupo es el más poderoso creador de daño al planeta. El grado 12 se sumerge, por primera vez, en eso de que toda imagen sostenida en la mente termina manifestándose. En este nivel, la gente comienza a ver todo desde la perspectiva del Cristo y, por consiguiente, experimenta un cambio en su compasión y su entendimiento. Aquí es donde se empieza a ver que no hay víctimas y que se puede crear o recrear o sanar lo que sea.

Si queremos que la tierra reverdezca, ¿debemos ser anti-sequía? Para nada. La mente promedio no alcanza a captar la diferencia, pero aquellos que comienzan a sumar dos y dos a nivel espiritual pueden ver la relación causa-efecto. Es fácil notar la diferencia entre los que son efectivos creando el jardín del Edén y los que se dedican a sus causas sin lograr mucho progreso para la humanidad. Será algo asombrosamente poderoso cuando los ambientalistas dejen de ser anti-contaminación y estén a favor de limpiarlo todo. La mente es una creadora mucho más poderosa de la realidad física que cualquier causa creativa que resida en el plano físico.

Es fenomenal el poder que tenemos de crear en la tierra. Ha habido ya algunos avances increíbles en la comprensión de las leyes de este plano, incluyendo algunas pegatinas en los parachoques de los automóviles, que rezan “Visualiza la paz”. Cuando dejemos de ser lo anti-negativo y seamos pro lo positivo, nos convertiremos en los verdaderos salvadores del planeta. ¿Demasiado exigente? Es la encrucijada de entender la causa y el efecto. Oponerse a la guerra crea el infierno. Visualizar la paz crea el cielo.

 

La conciencia crea la realidad

Siempre hay que ir directo a lo que uno quiere crear. Cada uno de nosotros es aproximadamente una 7 milmillonésima parte de la fuerza creativa del planeta, y lo que sea que esos casi 7 mil millones de personas sostengan en la mente, se manifiesta. ¿Por qué están fracasando los dictadores? ¿Por qué la gente ha empezado a poner las botellas de vidrio en una bolsa y las latas de aluminio en otra? ¿Por qué se vino abajo el Muro de Berlín? ¿Acaso todo esto ocurre porque los intelectuales han convocado a todo el mundo al debate? Por supuesto que no. La meditación ha hecho mucho más para sanar la tierra que todos los intelectuales y los que funcionan desde la compasión ciega juntos.

La meditación habita el plano causal. ¿No es interesante ver que todos los gurús les han enseñado a sus estudiantes a relajar el cuerpo? “Practiquemos un poco de respiración profunda aquí y un poco de yoga para sacar del medio el plano físico”. Ellos no dijeron: “¡Emocionémonos y salgamos a hacerlo!”. Lo que recomendaron fue: “Relajados. Paz. Quietos. Con el ojo fijo en Dios”. Ahora, mantengamos en la mente lo que deseamos que la tierra sea. Visualicemos lo que queremos, no aquello a lo que nos oponemos. La ley cósmica no es sesgada y no le importa lo que visualicemos. Nunca dirá: “Ese fue un mal pensamiento así que creo que no te lo voy a manifestar”.

Cuando logramos que varios millones de personas participen en una meditación de sanación un 31 de diciembre, ahí es cuando el Muro de Berlín cae hecho pedazos. Nadie ha podido encontrar una razón para explicar su caída. Peter Jennings no pudo decírnoslo en las noticias de las seis ni, ciertamente, el gobierno que la derribó, y tampoco sucedió para cumplir una sanción económica o militar. Se vino abajo, sencillamente, porque hubo un cambio de conciencia.

¿Supieron los millones de meditadores lo que estaban haciendo? ¿Comprendieron el poder creador de la mente? Probablemente, no. No tenían idea de los efectos sinérgicos de sus pensamientos combinados, pero se sentía bien, en general. Se reunieron y oraron, y con eso han asegurado que la paz prevalezca en la tierra y que la armonía haya llegado para quedarse. Puede ser que el resto del año vayan por ahí, tratando de arreglar lo que está mal, pero eso no importa porque, un día, todos halaron en la misma dirección y cambiaron la energía de la tierra, lo que nos ha hecho dar un pequeño paso hacia la paz.

¿Cuántos individuos se necesitan para crear transición en la tierra? ¿Cuántos minutos del día debemos dedicar a visualizar para crear paz y aire limpio para el mundo? Los maestros dijeron que si tuviéramos fe como un grano de mostaza… el uno por ciento del tiempo bastaría. Los pensamientos aleatorios de la población mundial nos hacen poco daño a nosotros o al planeta. Si tenemos 7 mil millones de individuos ocupados en pensamientos aleatorios, con una mitad pensando esto y la otra pensando aquello; la mitad diciendo hagámoslo a mi manera y todos serán salvos, y la otra mitad diciendo no, hagámoslo como yo digo… ¿para qué lado estarían halando? Cuando todo el mundo apunta en diferentes direcciones, nada se mueve. Pero si a esos 7 mil millones que halan cada uno para su lado les añadimos un puñado de entidades dispuestas a trabajar en armonía y con el mismo pensamiento en mente y las ponemos a halar en la misma dirección, más temprano que tarde toda la multitud habrá cruzado el río. Ésa es la ley cósmica.

Siempre debemos buscar la causa de todo cambio en el ámbito de la conciencia. Preferiríamos que la causa del cambio fuese algo tangible y dramático, que saliera por la televisión nacional, de tal manera que pudiéramos decirle a todo el mundo cómo salvar el planeta. Pero no será así porque nuestro sistema de creencias crea nuestra realidad.

 

El comportamiento no es creativo

Una de las cosas que vamos a acabar entendiendo es que el comportamiento es irrelevante. La programación más importante, desde el momento en que nacemos, gira en torno a la conducta. Nuestra culpa existe porque las figuras de autoridad nos dijeron que con nuestro comportamiento habíamos hecho daño a otros. Nos dieron palmadas en el trasero cuando hicimos algo malo. Cuando tuvimos la edad suficiente para comprender el lenguaje, la primera palabra que nos enseñaron fue “no”. “No hagas esto, no hagas lo otro… no, no, no”. En cambio, ningún maestro hasta ahora nos ha dicho que el comportamiento es importante. La fuerza creativa en este planeta no es el hacer. Aun después de que aprendemos a usar la conciencia para crear nuestras realidades, ocasionalmente nos desesperamos porque no vemos cómo se manifiestan nuestros pensamientos y cómo nos traen los cambios que anhelamos. Por eso, de la pura frustración, caemos nuevamente en el hacer. Esa forma de crear jamás ha podido generar felicidad permanente y nunca lo hará. Hemos sido entrenados para pensar que los cinco sentidos son los únicos que nos pueden mostrar la realidad y por eso es fácil para nosotros ver un edificio en construcción y creer que la “creación” está en camino. Si eso fuera así, Jesús habría tenido que “construir” el agua como sólida antes de caminar sobre ella. En este plano, la conciencia es la realidad, y el hacer es el resultado natural.

Jamás ha habido un edificio construido que no fuera primero un pensamiento de su arquitecto. Jesús nunca tuvo que construir un puente y Sai Baba jamás se opuso a una guerra, pero ambos están creando transición en el planeta. Siempre queremos volver a la manera de crear que nos enseñaron los grandes maestros espirituales.

Por favor, entiendan que no estoy tratando de decir que el hacer sea malo o irrelevante. Este planeta requiere que hagamos cosas; hacer es nuestra naturaleza, parte de nuestra exploración, de nuestra alegría, nuestra danza de la vida. Pero hacer no es causa: necesitamos la sabiduría de distinguir entre causa y efecto. Tenemos que saber cómo crear nuestro universo a través de la conciencia, para poder bailar mientras hacemos.

 

"Confianza", la palabra más temida dentro del movimiento metafísico

Aquellos de nosotros que hemos estudiado el proceso de afirmaciones y negaciones que ofrecen algunos grupos motivadores, entendemos que, puesto que nuestro sistema de creencias crea la realidad, lo único que debemos cambiar es ese sistema. Si vemos un error en el mundo, son nuestras creencias las que necesitan intervención, no el error. Me encanta leer a Emmet Fox porque habla con claridad acerca del proceso. En uno de sus libros. llegó a afirmar que nuestro sistema de creencias es tan poderoso que si creemos que un billete de diez dólares es verdaderamente nuestro, lo podemos abandonar en la esquina de la Calle 42 con Broadway en la ciudad de Nueva York y allí estará cuando volvamos dos semanas después.

Yo decidí aprender esta lección por mi propia cuenta. Una cosa que siempre me pareció complicada fue lo de la energía requerida para proteger la propiedad y el concepto de llaves y cerraduras. Por eso, opté por ensayar la teoría de Emmet Fox y declaré que ya no cerraría mi automóvil con seguro, pues era mío y, por consiguiente, nadie se lo podía llevar. Pues bien, no pasó mucho tiempo antes de que me lo robaran. El universo iba a ayudarme a aprender esta lección. Puesto que ya había tomado la decisión de vivir conscientemente, ni me enojé ni me desesperé cuando vi que mi carro no estaba. En lugar de eso, me senté tranquilamente a tratar de entender qué había salido mal, intentando recordar lo que había estado pensando y creando. Pronto, me di cuenta de que me había comportado en forma un tanto egoísta al declarar que no necesitaba cerrar con llave mi propiedad. Debí decirles por lo menos a seis personas que mi propiedad estaba protegida por Dios, y a todos ellos tenía ahora que darles la cara; a uno de ellos tuve que pedirle el teléfono prestado para llamar a la policía. Pocas horas después de estar dándole vueltas al asunto, la policía telefoneó para decir que habían encontrado mi auto.

Unas pocas noches después, llegué a casa del trabajo cerca de la medianoche. Justo en la entrada, me di cuenta de que tenía una llanta desinflada. Estaba tan cansado que decidí dejar el cambio de llanta para la mañana siguiente. Cuando me levanté al otro día, descubrí que, otra vez, se habían llevado mi carro, pero como el tanque de gasolina estaba casi vacío, los ladrones lo abandonaron a pocas cuadras, donde la policía lo encontró. Y claro que para poder llevárselo, ¡los ladrones tuvieron que cambiar la llanta! En total, mi carro se lo robaron tres veces antes de que yo descubriera los errores en mi sistema de creencias, pero cada vez regresó a mí en las mismas o mejores condiciones.

 

Franqueza espiritual

A medida que aumenta nuestra conciencia, vamos desarrollando una especie de sinceridad espiritual. Estamos más dispuestos a reconocer que hemos creado algunos bloqueos que nos impedían alcanzar nuestros deseos.

Hay una diferencia significativa entre la franqueza espiritual, por la que sé que he creado desprevenidamente algunas cosas que no deseaba, y la sinceridad del mundo. Las figuras de autoridad creen en los errores. Su versión de la sinceridad es “asúmelo; te equivocaste”, y tratan de imponernos la culpa como castigo. El verdadero buscador espiritual desea ver el cuadro completo; quiere creer que nunca ha cometido un error, y que todas sus creencias y experiencias pasadas son el fundamento sobre el que construye la conciencia cósmica.

Tenemos que pasar a través de un proceso de aprendizaje para descubrir cómo crear alegría para nosotros mismos, en lugar de que un gurú nos la dé. La sinceridad espiritual consiste, simplemente, en reconocer que es un proceso, que es crecimiento. El crecimiento implica retirar lo que ya no sirve y reemplazarlo por lo que sí funciona. Sin culpas; sólo estamos limpiando la casa. Ann Landers regaló a sus lectores esta joya: “El buen juicio deriva de la experiencia. La experiencia deriva del mal juicio”. Obviamente, nada en la vida es un error. Todo está ahí para enseñarnos la sabiduría.

La oración

La oración es una parte esencial de cualquier camino hacia el despertar. Para retornar a nuestro estado natural de bondad, debemos funcionar como si ya estuviéramos allí. La comunicación telepática y una indestructible conexión con el infinito son características del estado natural del ser. Por eso, todos los maestros les han enseñado a sus estudiantes que deben aprovecharlas. Cuando uno puede hablarle telepáticamente al espíritu es porque ha reconocido que cree en la unidad.

“Pedid y se os dará”, dijo Jesús. Eso es verdad, pero no podemos esperar que el universo nos haga favores porque somos nosotros mismos quienes creamos nuestras realidades y todo lo que ellas contienen. La oración siempre es respondida, pero de una manera que no viola nuestro sistema presente de creencias, aun si es una creencia de limitación o escasez, y siempre es respondida en una forma que nos muestra cómo cambiar esa creencia de limitación o escasez.

Cuando exclamamos “¡Ah, Dios! ¡Estoy quebrado! ¡Envíame dinero!”, lo más probable es que nos lleguen más cuentas por pagar y más deudas. Con esto, el universo nos está diciendo: “No somos responsables de que no tengas dinero. No podemos darte nada porque nunca te hemos retenido nada. Pero puesto que has pedido y lo que pensamos es lo que manifestamos, te vamos a mostrar exactamente cuáles son los pensamientos que has cultivado y que crean tu pobreza”.

 

Cómo eliminar los pensamientos que crean lo que no deseamos

Cada uno de nosotros es un creador infinitamente poderoso. Cada uno ha creado su escasez aparente, y he ahí el montón de cuentas sin pagar. ¿Por qué aparecieron si lo que le pedimos al universo fue prosperidad y abundancia? Es nuestra reacción mental y emocional la que atrae las cuentas y crea la pobreza. El universo, sencillamente, nos está diciendo: “¡Mira esto! Estas cuentas no son accidentales… Son la respuesta a tus plegarias”. Cuando nos llegan las facturas, debemos estudiar cuidadosamente nuestra reacción. Antes, culpábamos a los demás, o a la economía, de nuestros pesares, pero hoy queremos asumir el ciento por ciento de responsabilidad por nuestra vida. Entendemos que somos los creadores de nuestra realidad y por eso, en lugar de afirmar: “¡Uy, Dios, el dinero nunca alcanza!”, sería más sabio declarar: “Gracias, Dios, por mi prosperidad. Yo fluyo con la vida y todo es amor”. Cuando reconocemos las facturas como oportunidades de liberar la energía negativa y agradecemos por la comprensión que nos aportan, rompemos un viejo patrón. Un curso de milagros dice: “Todo sucede por tu mejor interés”.

A la mayoría de la gente le cuesta romper estos viejos moldes. Tal vez se requieran meses de cuentas antes de llegar al punto en el que sinceramente podamos decir: “¡Ah, gracias! ¡Esto es fenomenal!”. Es probable que tengamos que empezar fingiendo, pero en muy poco tiempo se convertirá en algo real. Emerson dijo: “Para convertirte en algo, actúa como si ya lo fueras”. Cuando nos rehusemos a mantener una mala energía respecto a la falta de dinero, las cosas comenzarán a cambiar. Poco a poco, nos hacemos conscientes de la relación causa-efecto entre los pensamientos y la manifestación. Entonces, un día, “por pura casualidad”, la prosperidad llega a nuestras vidas. Conseguimos un aumento o nos ganamos la lotería o la tía Matilde fallece y nos deja una pequeña fortuna. Nuestra reacción puede ser: “Bueno, pues, no fue Dios quien respondió a mis plegarias, sino la tía Matilde. Ya sabemos que estas cosas no sirven”. Debemos tener siempre en cuenta quién es nuestro benefactor. Algunas veces olvidamos que es Dios.

 

Las creencias generan buenas o malas relaciones

Si tenemos un apego emocional a algo, atraemos ese algo a nuestra vida. Esto se cumple para nuestras cuentas por pagar y para nuestras relaciones. Cuando decimos “Nunca he tenido una relación que funcione. Por favor, Dios, tráeme algo que sirva”, ¿saben quién se va a aparecer? El estereotipo del error que siempre escogemos. Ahora, podemos mirar a esta persona y decidir que queremos volver a escoger. Aquí viene el infiel número cincuenta y uno, exactamente igual al número cuarenta y nueve y al número cuarenta y ocho. El universo nos pide que miremos bien a quién seleccionamos cada vez. Podemos cambiar nuestras prioridades y decir: “Lo siento, pero ya no quiero seguir escogiendo mal. Decidí tener una relación con alguien como tú el pasado jueves, el pasado mes, el último año y en mi última vida, pero ya no volveré a escoger a alguien igual a ti. Me merezco a alguien que pueda escucharme, que trabaje junto a mí y que encaje en mi vida”. La terapia, o una auto-observación sincera, nos puede revelar, de pronto, que poseemos un patrón para seleccionar compañeros que son exactamente iguales a nuestra madre o a nuestro padre. El valor de saber algo así no está en ver que somos víctimas de nuestra crianza, sino en ver que tenemos la opción de escoger en forma diferente. Cuando oramos por ayuda, el universo nos muestra dónde nos estamos equivocando. Entonces, cuando comenzamos a tomar decisiones conscientes, la persona ideal aparece milagrosamente.

Nada de lo que hemos pedido se ha manifestado en nuestras vidas. Lo que aparece es algo que nos ofrece la oportunidad de entender cómo hemos estado creando personalmente lo que no queríamos. Podemos cambiar nuestras prioridades para crear lo que deseamos. Cada instante de nuestra vida es verdaderamente un momento divino porque nos da la oportunidad de borrar un patrón que ha producido cosas de las que no disfrutamos. Empecemos a buscar la relación entre causa y efecto en todo.

Llevar un registro escrito nos recordará las cosas por las que hemos orado y que han sucedido. Deberíamos estar muy atentos en las 24 horas siguientes de haberle pedido algo al universo. No podemos darnos más el lujo de tomar la vida como algo fortuito o accidental. Apenas tenemos una conversación con Dios, aparecen señales en nuestra vida. La mayoría llegan en forma de sucesos comunes, por lo que muchas veces los descartamos. Sin embargo, son nuestros patrones corrientes de pensamiento los que han venido creando nuestra realidad cotidiana. Por lo tanto, son estos mismos patrones los que el universo nos pone al frente, para que seamos conscientes de si de veras queremos crear una respuesta a nuestra plegaria. Debemos optar por ver que toda coincidencia de la vida es un mensaje directo del universo.

 

Hablemos con Dios de igual a igual

Si nos sentimos tímidos o indignos cuando nos comunicamos con el universo, eso provocará que la respuesta sea una que pueda ser aceptada por alguien indigno. Es bueno ser asertivos cuando hablamos con Dios. Recordemos que Dios no es un ego al que podemos ofender. Dios es principio. Dios es ley cósmica inquebrantable. Cuando decidamos orar por algo, digámosle a Dios en cuánto tiempo queremos nuestra respuesta. Digámosle que en tres días queremos saber por qué no tenemos esto o lo otro en nuestra vida. Luego, observemos detenidamente lo que ocurre en esos tres días. Si un amigo está en coma en el hospital y nos sentimos descompuestos por su incierta situación, pidamos una señal. “¿Mi tío se va a poner bien o se va a morir? Te doy veinticuatro horas para que me lo digas”. Si pasamos la señal por alto, no culpemos al universo. La ley cósmica declara que, si pedimos algo, llegará una señal. Exijamos retroalimentación del universo y no caminemos en la oscuridad ni por un segundo más. Es derecho de toda criatura del universo tener una relación de tú a tú con Dios todos los días. Estemos dispuestos a decir que queremos sincronía y coincidencias y cosas asombrosas en nuestra vida. Declaremos al universo: “No quiero pasar un solo día más sin que algo completamente extraño me suceda y me permita saber que no existen los accidentes”.

En mis propias oraciones, siempre añado que quiero aprender sin dolor ni esfuerzo. Algunos piensan que eso es hacer trampa, pero yo no. Aprender sin esfuerzo funciona porque somos nosotros los que ponemos las reglas para nuestra vida.

 

Observando nuestro proceso creativo

¿Cuáles han sido nuestros pensamientos en las últimas veinticuatro horas? ¿Todavía nos sorprende que nuestra vida sea como es? Debemos tomar la decisión de dejar de poner la atención en los problemas, dilemas y dramas, lo que fulano o mengano nos hizo y lo mal que anda todo, y volvernos a enfocar en lo que deseamos experimentar. Los pensamientos que mantenemos en la mente se manifiestan. ¡No puede ser más fácil que eso!

Dudamos en creer que podemos crear nuestra vida tal como la queremos porque tememos crear algo equivocado. Eso es lógico: hemos creado incomodidad y lucha miles de veces y nos sentimos recelosos. No obstante, en el pasado, tratábamos de componer nuestras vidas pero carecíamos del conocimiento de cómo funciona la “escuela Tierra” o de las leyes que gobiernan la creación. Por lo general, intentábamos cambiar a la gente o las situaciones “allá afuera”. Ahora sabemos que ese tipo de enfoque está destinado, tarde o temprano, a generar incomodidad. A medida que aprendemos que la única forma de cambiar nuestro “afuera” es reconocer lo que ha estado sucediendo en nuestras mentes y corazones, comenzamos a experimentar con el poder de la creación. Sabemos que absolutamente ninguna situación es inmutable. Nada en este universo está tallado en piedra. “Cambia tu mente y cambiarás el mundo” es ley cósmica. Este sistema es perfecto. Está gobernado por el amor y se nos permite un número infinito de revisiones diarias de nuestras vidas. La fuente de los milagros es una menta cambiada. Bernie Siegel sostiene que no existe enfermedad alguna, sea sida o el peor cáncer, de la que la gente no se haya podido recuperar.

 

Técnicas de creación

¿Cómo descubrimos qué es lo que queremos en nuestras vidas? No es algo fácil. La mayoría de nosotros hemos estado bastante seguros de saber lo que queríamos, sólo para encontrarnos conque lo que hacemos es repetir un patrón que tampoco nos funcionó la última vez. ¿Cuántos han debido tener a cierta persona en su vida sólo para iniciar inmediatamente el arduo y duro proceso de deshacerse de ella?

Le recomiendo a todo el mundo que se comprometa a hacer el “ejercicio del bloc amarillo”. Consigan un bloc rayado y un bolígrafo de punta gruesa. Asegúrense de que escriba grueso. No queremos que la timidez se infiltre en nuestra creación. Escriban todo lo que aman, admiran, disfrutan o todo aquello que les produce sentimientos cálidos y amorosos. No dejen nada fuera. Si no llenan por lo menos veinticinco páginas, no han hecho bien la tarea. No es fácil crear una lista fidedigna y con integridad. Todos hemos sido programados por la sociedad para no desear mucho. Existe la tendencia a “desyerbar” los puntos menos “válidos” en algún lugr del camino entre el pensamiento y el papel. Recuerden: ¡prohibido desyerbar!

Otra dificultad al crear una lista sincera es la tendencia a incluir las cosas que “deben” estar. Los debo y debería son la contribución de la madre o el padre al banco de datos de nuestra mente, no la nuestra. Recuerden: ¡nada de debo o debería!

Evalúen cada punto a medida que lo escriben. ¿Es éste mi deseo? Si pudiera tener cualquier cosa, ¿estaría en mi lista? ¿Es esto algo que nos enseñaron a desear a todas las personas de mi género o es realmente mi deseo?

¿Qué tipos de cosas son apropiadas para esta lista? Ustedes ponen sus propias reglas. Ustedes deciden. Las cosas que pertenecen a su ambiente personal, dónde quieren vivir, qué les agrada hacer, cómo les gusta usar su tiempo de ocio, cómo desean que los traten, etc., etc., etc. ¿Recuerdan una canción popular hace algunos años, que cantaba Tom T. Hall, titulada I Love? Voy a compartir con ustedes una diminuta porción de mi lista. Amo las ventanas para mirar hacia fuera, la hierba entre los dedos de mis pies, la cerveza en una jarra helada y las mariposas. Me encanta hablar con otros de cosas remotas, la película “Campo de sueños”, conducir por el desierto, la torta de ángel. Me fascina escuchar charlas sobre la “nueva física”, vivir la vida sencilla, las chicas y la comida mexicana. Amo la libertad que el dinero representa, la meditación, el silencio y a mi esposa. Me muero por volar aviones, las flores, el respeto a los demás, la visión ilimitada y la vida. Amo la armonía, la risa, las cenas elegantes y ver cómo se sana mi planeta. Me encanta mirar a los ojos de alguien cuando, al fin, capta algo. Amo los abrazos, vivir la vida lentamente, los ríos y las montañas. Amo la paz mental, tocar el terciopelo, hacer el amor, los computadores y te amo a ti.

Sus listas tienen dos funciones. La primera es ayudarlos a tomar decisiones en la vida. Repasen cuidadosamente sus listas y aprenderán mucho sobre su propio ser. ¿Tiene su trabajo actual mucho o poco de esa lista? ¿Su relación actual refuerza y abarca los puntos y características personales de su lista? ¿Qué tipo de trabajo o relación se imaginan que pudiera incluir la mayoría de los puntos?

La segunda función del bloc amarillo es ayudarlos a invocar la ley cósmica a su favor. Lo que mantienen en la mente se manifiesta. Peguen la lista al espejo del baño o en el refrigerador (o fotocópienla y péguenla en varios lugares). Mientras más se recuerden a ustedes mismos lo que aman, más rápido lo experimentarán.

En ocasiones, cuando la gente descubre que el uso positivo del pensamiento realmente funciona, creen que tienen que crear todo lo bueno de sus vidas. “Bien, Dios, hoy debo crearme un buen hígado” y, entonces, se sientan y le envían luz al hígado. Y, claro, eso obrará, pero mañana será el día del estómago y pasado mañana, el del páncreas. Mentalmente, es agotador mantener el cuerpo en forma un órgano a la vez. Y, luego, tenemos el área de la prosperidad. “¡Por Dios! Tengo que conseguir dinero suficiente para la casa y el carro y la comida y no me puedo olvidar de pintar mi mapa del tesoro y visualizar que el dinero fluye hacia mí…”. ¡Sería tremendamente agotador!

¿Por qué mejor no darnos cuenta de que el universo está de nuestro lado? El Padre sabe qué cosas necesitamos antes de que las pidamos. Para Él es un gran placer concedernos el reino. No está en nosotros ganarlo o crearlo. Sólo tenemos que hacer las cosas como nos lo sugirió Jesús. “Que tu ojo esté fijo en Dios” y el universo se encargará del resto. En esta oración, la palabra “Dios” significa “Bien”, es decir, sus listas de “Yo amo”.

En algún punto, desearán realizar el proceso de crear una cosa, una situación o una curación específica para mostrarse a ustedes mismos que la conciencia sí crea realidad. Para muchos, este paso es esencial. En algún momento, querrán manifestar el nuevo automóvil, visualizándolo y sintiéndolo como propio. Luego, cuando aparezca, tendrán la prueba absoluta de que la ley de la creación funciona. Pero, ¿creen que van a querer hacer eso con cada cucharita, barra de chocolate o mueble que deseen? Serían demasiadas cosas para crear y se haría demasiado aburrido. Lo mejor es soltarse e ir con la corriente de la vida.

 

Cómo retirar los bloqueos personales

Por estos días, el automejoramiento es un gran negocio. Muchos en el mundo están conscientes de que tienen algún control sobre su propia imagen y su calidad de vida. Eso es magnífico porque, hace unos cuantos siglos, antes de que la era acuariana comenzara a tener efecto, estos individuos eran prácticamente inexistentes.. La evolución de la conciencia grupal parece haberse acelerado al tiempo que entramos en la era de Acuario.

Esos “hacedores de patrones” para el desarrollo de conciencia que está experimentando la raza humana deben mantenerse adelante del grupo planetario, que apenas comienza a asimilar la idea de que tiene algún control sobre su vida. Han sido entrenados para pensar que el control de sus vidas pertenece a la economía, los políticos, el empleo, los miembros de la familia y el ambiente. Para ayudar al grupo a ser consciente de que sus bloqueos son internos, la psicología popular los enseña a localizar los bloqueos y trabajar a través de los mismos. Esto es muy efectivo para los alumnos de décimo y undécimo grados, los más evolucionados del grupo. Por su parte, los de duodécimo y los visitantes, ésos que “se dejaron caer” por estos lados, no quieren saber nada de trabajar los bloqueos de esta manera, que se asemeja mucho a pagar deudas kármicas, una forma efectiva pero dolorosamente lenta de alcanzar la iluminación. Abrirnos paso a través de nuestros bloqueos no fue una técnica defendida por ninguno de los maestros. Un curso de milagros afirma que todo análisis es del ego, es decir, un intento de corrección por esa parte de nosotros que se cree separada de Dios. El pensamiento separado no puede encontrar la unicidad.

Una vez reconocemos que existe un bloqueo, podemos aplicar todas las maravillosas enseñanzas orientales del desapego y la rendición. Esto le dice al universo que estamos aceptando su ayuda para eliminarlo.

No tratemos de “componernos” a nosotros mismos. Ésa es la vieja manera, y lo único que conseguiremos es crear un dolor considerable, además de que es muy lenta. Nuestra sola responsabilidad es identificar nuestros problemas lo más específicamente que podamos. “Le tengo miedo a este cobrador. No estoy seguro de por qué o cómo surgió el temor, pero el caso es que le tengo miedo”. Inmediatamente, le pedimos ayuda al universo. Oren por una respuesta y estén atentos. Sentirnos responsables de encontrar nuestras propias respuestas genera demora e incomodidad. El universo es amigable. No estamos solos ni separados del espíritu. No es nuestro trabajo resolver nuestros problemas. Un curso de milagros dice que toda corrección pertenece al Espíritu Santo. Esto no sólo quiere decir que la responsabilidad de arreglar el problema de alcoholismo del tío Enrique le compete al Espíritu Santo, sino que la corrección de nuestros bloqueos y fobias también es su trabajo. Nuestra labor consiste en permanecer vigilantes, estar atentos a las señales, escuchar la voz de Dios.

Yo sé que aquellos de ustedes que han tenido que ver con la consejería se estarán diciendo que esto es ingenuo y simplista. En cierto sentido, lo es. Después de que alguien haya reconocido un bloqueo o un temor, eso no significa necesariamente que todo de allí en adelante vaya a ser color de rosa; todavía habrá que “procesar” el bloqueo. Sin embargo, hay una manera fácil y otra difícil de realizar el proceso.

Cuando creemos que podemos abrirnos paso a través de un bloqueo dependiendo de nuestros intelectos o de nuestro adiestramiento terrestre, con toda seguridad estamos en un “viaje del ego”. Los consejeros más efectivos trabajan de un modo muy intuitivo y no se guían únicamente por los libros. No tenemos ni idea de dónde viene un bloqueo o qué crea el temor (excepto en un sentido absoluto, sabemos que todo miedo proviene de la creencia de que estamos separados de Dios). Podemos buscar en esta vida figuras de autoridad “equivocadas” o abusos “injustos”, pero esos representantes de lo injusto y lo erróneo no son más que símbolos de pasados dramas, todo lo cual es inaccesible para nosotros en nuestro estado normal de conciencia (sin mencionar que los dramas fueron ilusiones).

Obviamente, no le vamos a decir a alguien que está sufriendo que todo es una ilusión. No obstante, nuestro enfoque como generación orientada a la psicología ha sido permitir que nos convencieran de que poseíamos el “conocimiento verdadero”. Y, por consiguiente, fuimos autorizados, y hasta nos concedieron credenciales para sanarnos (repararnos) unos a otros. En un sentido absoluto, la verdad es que nada se daña y, por lo tanto, no tiene que ser reparado; tiene que ser aceptado. Necesitamos aceptarnos los unos a los otros y a nosotros mismos como los hijos de Dios, como el Cristo. Como ejemplo, hay muchos libros, y hasta un par de programas de televisión, que tratan de personas que sufren enfermedades o dolores inexplicables. Cuando estas personas se sometieron a regresiones hipnóticas a una situación en la que se descubrió la fuente del dolor, el problema se esfumó. El hipnotista no juzgó al paciente ni le hizo sugerencias de cómo abordar el problema médicamente o de otra manera; se limitó a escuchar y ocurrió una curación. Cuando encontramos la forma de traer el temor a la luz, indiferentemente de cuántas vidas hayamos cargado con él, se desvanece. El miedo no es una realidad tangible en el universo de Dios. El temor es una falsa creencia. No estamos negando que a la persona involucrada le parezca real, pero recordemos que nuestro propio miedo se nos antojaba real cuando pensábamos que Arnold Schwarzenegger iba a morir en la película.

La verdad es que no sabemos nada; no hay una realidad objetiva. Estas afirmaciones son difíciles de tragar para quienes han adquirido su sentido de valor propio por darles reconocimiento a sus intelectos; el problema es que el intelecto nos provee de astucia y no de sabiduría.

La sabiduría despierta en nosotros cuando reconocemos la verdad en las enseñanzas de los maestros. Para entrar al reino debemos convertirnos en niños. No resistamos el mal. “En el reino de mi Padre hay muchas mansiones que desconocéis”. Pidamos continuamente que la verdad nos sea mostrada, en lugar de justificar nuestras posiciones o defender nuestro “conocimiento”.

Cuando un individuo reconoce honestamente un bloqueo o un temor y se lo entrega al universo, se da el mismo proceso que ocurrió cuando esa persona oró por prosperidad. El universo sabe de dónde viene el bloqueo. El universo conoce la forma más expedita de eliminar el error del sistema de creencias que, en primer lugar, lo creó. Si hacemos a un lado nuestros intelectos y racionalizaciones, el universo usará todas las herramientas a su disposición para iluminarnos, para devolvernos a un estado de paz interior. Sólo “por accidente”, alguien, puede ser un completo extraño, dirá algo que nos hará comprender muchas cosas. Por alguna extraña “coincidencia”, terminaremos comprando un libro que traerá mucha luz a nuestra vida. “Accidente” y “coincidencia” son herramientas poderosas del universo, mucho más rápidas que los métodos humanos. “Accidente” y “coincidencia” son sólo otro par de nombres del Espíritu Santo.

 

¿Qué debo crear?

La demora en formarse un pensamiento y la manifestación de lo que ese pensamiento representa se ha reducido drásticamente hoy en día, cuando nos acercamos a la era de Acuario. Sin embargo, el tiempo transcurrido es lo suficientemente largo para que podamos observar detenidamente la conexión que hay entre causa y efecto. Algunas personas pasan la mitad del día pensando amarillo, amarillo, amarillo, y la otra mitad pensando en azul, azul, quiero azul. Cuando la vida les trae verde, exclaman: “¡Yo no pedí esto! ¡No pedí verde para mi vida!”. Pero si retroceden un poco y hacen un breve repaso, recordarán que pidieron amarillo y azul. Tenemos que entender cómo se acomodan las cosas en este plano de la realidad.

Tal vez seríamos más sabios si le diéramos poder a esa energía capaz de ver el futuro y nuestro propio contrato con la tierra. Es inteligente de nuestra parte pedirle a esa energía que cree para nosotros, pero ella no puede entrar en nuestra vida a menos que se lo pidamos porque “Pedid y se os dará” es una declaración de la ley cósmica. Esta escrita en la Biblia casi como una oración incidental, pero, en realidad, así es como funciona el universo. Cada uno de nosotros es omnipotente y, por lo tanto, ninguno puede recibir lo que no ha pedido.

A veces, nos encontramos en una situación difícil porque no sabemos qué pedir. Cómo sabríamos, si no somos conscientes de en qué condición estará el mundo mañana. No podemos hacer nada mejor que caminar y estrellarnos contra las paredes cuando estamos ciegos a lo que nos depara el mañana. En algún punto de su desarrollo, a la humanidad se le enseña a dejar todo en manos del Espíritu, diciendo: “Hágase tu voluntad”. El propósito de esa afirmación es deshacernos del ego.

Cuando estamos intentando liberarnos de nuestros bloqueos, no deseamos funcionar desde el ego. El ego es ese aspecto de nuestra conciencia que se cree separado de Dios y que nos despista. El asunto no es de tener la razón o estar equivocados, ni de hacer bien o mal, sino que, sencillamente, el ego funciona con información incompleta; él sólo puede tomar la información a través de los cinco sentidos e intenta tomar decisiones basado en el conocimiento que tiene a la mano. Extrae lo que sabe de lo que se publica en los periódicos y libros y de nuestras experiencias pasadas, lo que no alcanza a ser un décimo de la información existente. Ésta es una manera verdaderamente tonta de tomar decisiones: pensar que estamos separados y que, por consiguiente, debemos recopilar información y actuar en consecuencia. Así, una herramienta de enseñanza para que la gente ascendiera un nivel desde la toma de decisiones basadas en datos sensoriales fue decir “Hágase tu voluntad”. Con eso, se reconocía una inteligencia o energía universal, con acceso a un banco de datos mucho más grande que nuestros egos.

Cada maestro que ha venido a la tierra nos ha dicho que debemos darle poder a algo mayor que nuestra visión, hasta que hayamos alcanzado el estado en el que nosotros mismos podamos hacerlo y tomar el control consciente de nuestras vidas. No estamos actuando solos; somos parte de un equipo que trabaja con todos los reinos y dominios invisibles que existen en este universo. A ese equipo algunas veces lo llamamos el Espíritu Santo o el espíritu como un todo.

¿Cuántas veces hemos demostrado que no teníamos la respuesta a nuestras preguntas? Lo único que teníamos que decir era. “Espíritu, quiero esto. Estoy preparado para ese cambio”. Y cuando lo que queríamos apareció en nuestra vida, supimos que estábamos trabajando con la ley cósmica y no con la manipulación del ego. Con frecuencia, desconocemos lo que deseamos en un sentido específico, pero sí sabemos que queremos paz, felicidad, prosperidad y emoción. ¡Pidamos estas cosas en un sentido general y dejémosle a Dios los detalles!

 

Cómo comunicarse con el “Espíritu”

Comunicarse por medio de la “canalización” o de los sentidos psíquicos es posible y hasta normal. Si un ser amado ha fallecido y deseamos hablar con él, lo mejor que podemos hacer es sentarnos, relajarnos y usar los sentidos internos para tener una comunicación significativa. Una confirmación personal de la vida después de la muerte es una experiencia muy valiosa. Pero permítanme hacer una advertencia: existe una diferencia entre comunicarse con el Espíritu Santo y “hablar con los espíritus”. Algunas veces, cuando la gente descubre técnicas que le permiten comunicarse con los dominios invisibles en forma verbal o escrita, les gusta creer que están en contacto con “Dios”, la gran “D”. Por favor, no pierdan de vista que no todos los que se mueren son sabios. Si alguien fue torpe de carne y hueso, con toda seguridad seguirá siéndolo cuando esté al otro lado. Nuestro nivel de comprensión, espiritualidad o sabiduría no cambia sólo porque crucemos al otro lado.

La gente invisible que ronda este planeta es exactamente la misma que era al desencarnar, sólo que ahora funcionan desde una realidad de cuatro dimensiones y, por lo tanto, pueden ver algo del pasado y del futuro. Con un poco de suerte, si buscamos comunicación verbal con los espíritus, y ciertamente la comunicación verbal no es una exigencia, nos toparemos con alguien que funciona desde la realidad dimensional quinta, sexta o séptima, donde el ego es menos concreto y el estado natural del ser es el de percibir el pasado, el presente y el futuro en el mismo instante. Estos amigos en dimensiones superiores no son “divinos”; simplemente, el tiempo allá no es lineal y eso va con el territorio.

Muchas veces nos sorprendemos porque nos llegan palabras a nuestras cabezas o a través del bolígrafo o de las tablas ouija, que nos dicen cosas del futuro y entonces pensamos: “¡Ah! ¡Éste debe ser Dios!”. Pues no es Dios, sino alguien que ya no tiene un cuerpo. Cuando muramos, nosotros también podremos hacer eso. La persona sabia que sienta y se comunique telepáticamente con cualquier energía invisible sabrá si es alguien al que debe escuchar. Si alguien de carne y hueso trata de darnos algún consejo, lo podemos medir muy rápidamente. Basta con hablar con una persona por cinco minutos para saber si queremos que se vaya o que nos cuente más. Ése es exactamente el mismo proceso cuando nos comunicamos con entidades del otro lado. Si nos parecen sabios y se expresan como nosotros lo hacemos, entonces, tal vez queramos prestarles atención y aceptar algunos consejos.

Dar poder no quiere decir que renunciemos a nuestro libre albedrío para concedérselo a voces o palabras. El Espíritu Santo nos habla a través de sentimientos, señales y coincidencias. El Espíritu Santo se percibe pacífico, como si nos hubieran quitado un peso de encima. Cualquier comunicación compleja que recibamos proviene del ego; tal vez un muy buen ego, pero ego al fin. Cualquier mensaje del espíritu que incluya una lista de cosas por hacer viene del ego, quizá de un antiguo compañero de juegos, pero, ciertamente, no de “Dios”. Dios no hace listas. Él es ser, no hacer. Cualquier mensaje que nos impulse a darnos prisa o que nos diga que “el tiempo se acaba” es de un ego. Dios funciona por fuera de los dominios del tiempo y el espacio. Dios reorganiza el tiempo y el espacio a su voluntad. Nunca es demasiado tarde para un buen milagro. La prisa no es pacífica. La voz de Dios es siempre serena.

Luego de que aprendemos a confiar en nuestros ayudantes del otro lado, nos escuchamos a nosotros mismos decir cosas como: “No tengo idea de cómo sucedió, pero la persona, el automóvil, el empleo o el suceso correcto apareció en el momento preciso”. Tenemos derecho a sentirnos dichosos sin tener que saber cómo funciona todo. Nuestro trabajo consiste en hacernos a un lado y dejarle los detalles a esa energía que posee una visión superior. Cada vez que tomamos control de los detalles lo que hacemos es crear el caos. Existe un número infinito de soluciones para cada dilema. Podemos seguir buscando la mejor solución sin pensar en cómo se manifestará, de dónde vendrá o, ni siquiera, si es posible. Nunca deja de sorprenderme que la gente crea que tiene que pedir ayuda de alguna manera. Algunos creen que deben estar en un lugar particular, con velas y una cruz u otra parafernalia. Se les olvida que el universo es ciento por ciento comunicación no verbal y que lo único que lee es nuestra intención: no puede escuchar nuestras palabras ni nuestras acciones; sencillamente, lee nuestra mente.

Si ya están listos para pedir ayuda y guía para sus vidas a los reinos invisibles, compartiré con ustedes la más poderosa oración del universo. He repasado a Mateo, Marcos, Lucas y Juan y cuento con su permiso, no sólo para compartir esta oración, sino para declarar que su poder supera hasta el de la oración de Nuestro Señor. Es la oración más efectiva que jamás se haya escuchado en el universo, y la única que no puede ser rechazada por ninguna energía del universo. Es la que invariablemente convoca a todos los reinos en nuestro auxilio, sin excepción. ¿Están preparados para esta oración? ¡¡¡AYUDA!!!

Cuando comprendan las sencillas reglas que controlan este plano de realidad, se volverán infinitamente poderosos. Entonces, podrán crear su realidad según sus propios términos. Todos debemos aprender a hacer eso porque firmamos un contrato, como grupo, con la tierra. Nuestro contrato declara que habrá diez millones de entidades autorrealizadas en la tierra en los próximos cincuenta años, de tal manera que su energía telepática combinada penetrará este plano de existencia y cada mente, para que todos los que escojan quedarse y esperar la era de Acuario, se gradúen antes de la llegada de la siguiente era. ¡No queremos rezagados!

Si ustedes deciden auto-empoderarse y reconocer el Cristo en su interior en esta vida, estarán asegurando que cientos de millones de individuos que eligieron la tierra para recibir su educación también se gradúen. Eso significa que tenemos mucho trabajo por hacer. Afortunadamente, poseemos el poder de todos los universos para crear lo que deseemos, como y cuando lo deseemos. Asimismo, tenemos a nuestra disposición una tremenda asistencia de los reinos invisibles. Imaginen siempre el jardín del Edén floreciendo y viniendo a nuestro encuentro para nunca más resistir el mal. Recuerden que creamos aquello a lo que nos oponemos. Amor, amor y más amor, y todo estará bien.