NO HAY TIEMPO PARA EL KARMA
Cómo abandonar la rueda del dolor y del esfuerzo
PAXTON ROBEY© Y LA COLABORACIÓN DE LONE JENSEN

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CAPÍTULO 7

SANACIÓN

En la civilización occidental persiste un gran estigma ligado a admitir que quizás hemos hecho algo “malo” o creado una situación que es menos que deseable. Esto dificulta la discusión del tema relacionado con la creación de nuestras realidades. Se siente como si la culpa fuera algo impuesto.

No obstante, si bien es cierto que toda experiencia en nuestras vidas ha sido creada por nosotros mismos, la perspectiva cósmica nos muestra que no sólo no hemos cometido error alguno sino que, de hecho, hemos estado experimentando un viaje emocionante y gratificante de comprensión siempre creciente. Es porque ahora tenemos un mayor entendimiento que hace mil o un millón de años que deseamos alterar de alguna manera nuestra senda.

Cuando una persona se halla en medio de una crisis de salud o de cualquier otro tipo, por lo general, la perspectiva cósmica es lo último que le pasa por la mente. No quieren saber cómo apareció el problema ni en qué vida se equivocaron; sólo quieren que el problema se vaya. En realidad, ése es un punto de vista saludable y que permite que se corrija la situación.

Los maestros nunca promovieron el análisis de los problemas propios, sino que prefirieron ir directamente a la solución. Esto implica sostener la verdad del ser en la mente, en oposición a mantener el problema o su causa. Recuerden que crear y mantener una situación que es contraria al estado natural del ser exige un constante esfuerzo de nuestra parte porque tenemos que reafirmar permanentemente nuestro disgusto. Cuando nos desprendemos del problema o de su causa (todas las causas están en nuestra mente, no “allá afuera”), el resultado es la curación. Ése es el modo de la naturaleza.

Nada hay irreparable en este planeta cuando gobernamos el poder de la mente. Ni las corporaciones ni las organizaciones ni las relaciones ni los cuerpos físicos se hallan por fuera del dominio de la ley cósmica, y pueden sanar rápidamente si se aplican los principios cósmicos revelados por los maestros. Sólo cuando pretendemos hacer las cosas según las leyes de nuestra sociedad es que nos damos golpes contra los muros. Y seguiremos estrellándonos con cualquier problema hasta que decidamos resolverlos invocando la ley cósmica.

Si tenemos un problema de salud es que no nos estamos permitiendo experimentar el estado natural del ser. Cada parte de nuestro cuerpo fue diseñada para funcionar perfectamente sin necesidad de prestarle atención. Lo único que puede alterar eso es concentrarnos en la vida en una forma restrictiva. Eso interrumpe el flujo natural. En nuestra sociedad, tenemos muchas maneras de constreñirnos. Cuando nos permitimos sentirnos tensos y estresados, todo en nuestra realidad experimenta restricción, desde el flujo sanguíneo y las relaciones, hasta el dinero y nuestra libertad personal.

La causa de la enfermedad

La enfermedad tiene diversas causas aparentes. Sea cual fuere, puede asumirse como una oportunidad para el crecimiento del alma. Permítanme simplificar una vez más diciendo que sólo existen dos razones por las que podemos tener enfermedades en nuestros cuerpos, mentes o asuntos: los errores conscientes o subconscientes de nuestro sistema de creencias. En primer lugar, quizá tengamos un compromiso kármico. En esta vida, las decisiones kármicas parecen características para las que “no hay otra opción”. Los cuerpos que escogimos, el color de la piel, los impedimentos físicos y mentales, todas son opciones kármicas. Esto significa que antes de que tomáramos nuestra forma física, nosotros y nuestros consejeros tal vez decidimos que el crecimiento de nuestra alma se aceleraría si teníamos que concentrarnos en superar algún impedimento a través de la vida. Para asegurarse de que permanecerían buscando medios de sobreponerse a la limitación, algunos eligieron cuerpos deformes o defectos genéticos que actuarían como recordatorios constantes. Este tipo de problemas rara vez se puede “curar”, por lo menos desde la perspectiva de nuestros cinco sentidos. Sin embargo, yo he investigado a algunas de estas personas luego de que abandonaron la dimensión física y encontré que habían progresado mucho más en relación con su alma que sus compañeros sin desventajas. Es un medio muy rápido. Las limitaciones no son una tragedia. Por lo general, son una decisión sabia, hecha por un alma impaciente por completar su enseñanza.

El retardo mental y el autismo también son kármicos. Es decir, fueron escogidos como buenas herramientas de aprendizaje antes del nacimiento. Estas desventajas encajan en una de dos categorías generales. Si la última vida experimentada por el alma fue demasiado traumática, la persona podría estar en mega-negación, con la apariencia de ser autista: “las luces están encendidas pero no hay nadie en casa”. Supe de un caso en el que se investigaron psíquicamente las vidas pasadas de un niño autista, lo que sacó a flote un trauma insoportable. Cuando se expuso al niño a una representación en la que se recreaba su trauma con la mayor exactitud posible, comenzó a responder emocionalmente al amor y las terapias, recuperando con el tiempo una vida normal.

El retardo mental también puede ser una manera maravillosamente fácil de sacar del camino las distracciones del intelecto. En términos kármicos, muchos individuos retardados han sentido, en el ámbito del alma, que se estaban enganchando en demasía con el intelecto. El retardo mental puede romper un patrón de énfasis excesivo en la inteligencia y retornar rápidamente al enfoque de la nutrición y el amor. Otro medio acelerado.

Algunos de los seres más iluminados del planeta hoy en día son los que llamamos retardados. ¡Qué maravillosa manera de evadir las trampas del intelecto! Es una experiencia magnífica, que permite a un individuo enfocarse exclusivamente en el amor y la compasión. Nunca se distraen con el sistema educativo ni con la economía. El retardo mental permite a las entidades lograr rápidamente un equilibrio. Si usted piensa que se extralimitó en el lado intelectual en las últimas vidas, sólo tiene que correr varios velos para ser considerado mentalmente deficiente en la próxima ocasión.

Tanto como el retardo mental, la esquizofrenia es un estado muy iluminado del ser, pese al hecho de que hayamos analizado estas aflicciones con los cinco sentidos y las hayamos calificado como infortunadas.

La segunda causa general de enfermedad se relaciona con los errores que hemos acumulado en esta vida en nuestro sistema de creencias. Cuando creemos que estamos separados y que somos víctimas de otras personas y de condiciones externas, dirigimos tanta energía al problema que termina tomando forma. A veces creemos que alguien es tan fastidioso que es como una patada en el trasero y acabamos por desarrollar hemorroides. La ley cósmica declara que los pensamientos mantenidos en la mente se manifiestan. Cuando empezamos a asimilar el concepto, entendemos que el perdón jamás ha tenido que ver con darle a otro nuestra aprobación ni con admitir que alguien más tenía razón y nosotros estábamos equivocados. Sencillamente, el perdón consiste en liberar la ira y el resentimiento por lo que alguien nos hizo (lo cual, en todo caso, es una imposibilidad cósmica) y declarar que preferimos conservar nuestra salud que sentir ira. Libros como el de Louise Hay titulado “Sana tu cuerpo” son muy útiles porque nos ayudan a ver la conexión entre los pensamientos y la condición del cuerpo.

Miremos por un minuto los asuntos de la herencia y el condicionamiento social. Son numerosos los casos de personas que no adquieren las enfermedades de sus padres. Entonces, desde una perspectiva científica, los genes de los padres no garantizan el estado de salud de los hijos. Sin embargo, sabemos cómo las creencias reforzadas pueden afectar nuestra realidad física. Las proyecciones parentales o familiares y la expectativa o el temor de que el niño desarrolle la enfermedad de los padres pueden tener un efecto devastador en la mente y el cuerpo de una persona que no es consciente de que no es obligatorio aceptar tal pronóstico. Los pensamientos sostenidos en la mente y acompañados de emoción crean la realidad física.

La enfermedad también puede proveer un método de satisfacer nuestras necesidades emocionales u obtener una gratificación. Cuando mi abuelo murió, mi abuela empezó a enfermarse cuando se quedaba sola. Cada vez que la abuela se sentía mal, uno de sus nietos debía pasar la noche con ella. Nuestra sociedad empieza a enseñarnos las recompensas de la enfermedad desde muy temprano. Los niños enfermos no tienen que ir a la escuela, ¡qué regalazo! Podemos evitar que los adultos mayores recurran a este sistema de premios para conseguir amor. Está demostrado que los residentes de ancianatos que cuidan a los hijos de madres trabajadoras son mucho más saludables que los que sólo ven televisión o juegan damas chinas.

Por otro lado, el temor de una enfermedad y sus efectos sobre nosotros hacen que concentremos la atención en el problema en lugar de la solución. Una forma de manejar el temor es usar nuestra mente para crear una fantasía de lo peor. La muerte es el gran Coco de la humanidad. Podemos cargar en nuestras mentes el drama de la enfermedad hasta el final, es decir, hasta la muerte. En nuestra meditación, podemos observar nuestra propia experiencia de morir hasta el momento en que nos reunimos con los que se fueron antes y nuestro placentero viaje de vuelta a la luz. Entonces, podemos decir: “¡Ah, pero morir no está tan mal!”. Las experiencias a las que no oponemos resistencia pierden el poder de hacernos sentir miedo. Si actualmente experimentamos una enfermedad crónica, deberíamos preguntarnos qué sucedería si no pudiésemos superarla. ¿Qué haríamos si tuviéramos que vivir con artritis el resto de la vida? En lugar de ser una estrella del atletismo, tal vez podríamos dedicarnos al canto. Siempre encontraremos alternativas. Es sólo el miedo el que permite que la enfermedad permanezca. Cuando logramos sacar el miedo de la enfermedad, de la relación o de cualquier cosa, la causa aparente desaparece y ocurre una curación milagrosa. En verdad, no es milagrosa; sencillamente, cambiamos nuestra forma de pensar. Al alterar nuestra perspectiva, nuestra vida cambia. Si les preocupa una enfermedad crónica o una condición amenazadora, lean algunos de los libros para transformar la mente y el cuerpo de autores como O. Carl Simonton, Larry

Dossey, Bernie Siegel, Deepak Chopra y Norman Sheally (todo ellos médicos), que les podrían cambiar la vida para siempre.

 

Unas palabras sobre la muerte

La muerte es inevitable. Tarde o temprano, todos abandonamos este plano de realidad. No hay otra área en la que nuestra sociedad se halle en tal estado de negación. En todos los demás aspectos de la vida, nuestra sociedad nos educa para ayudarnos a manejar los desafíos. En el campo de la muerte, no sólo es socialmente aceptable estar en negación; es lo que se espera. Si no estamos en negación con respecto a la muerte, nos consideran terribles o “que no estamos del todo presentes”. Como trabajadores de la luz en el planeta, una de nuestras tareas es levantar el velo del temor a la transición conocida como la muerte.

Los científicos modernos han venido haciendo un trabajo magnífico en el campo de la muerte y del morir. Doctores como Elizabeth Kubler-Ross, Raymond Moody,

Kenneth Ring y docenas más han recopilado información de miles de personas que tuvieron experiencias cercanas a la muerte (ECM). Las experiencias de personas que han sido declaradas clínicamente muertas y antes de su resucitación presentan semejanzas en el sentido de que todas las vivencias de los seres encarnados son iguales. Cada uno de nosotros tiene sus experiencias separadas y únicas, pero muchas cosas en común: los cuerpos, no poder volar, las relaciones, etc., son experiencias compartidas por los seres encarnados. En el trance de la muerte, al parecer, una abrumadora sensación de amor, aceptación, luz, paz y felicidad es tan común como que aquí tengamos manos y pies. Y la experiencia de la muerte parece tener poco que ver con la religión profesada. Quienes recuerdan haber experimentado la luz llamada muerte nunca vuelven a tener miedo, sino que la esperan serenamente. Si los demás comprendiéramos el mensaje que nos traen estas personas, desaparecería el noventa por ciento de la resistencia a la enfermedad. Retenemos aquello a lo que nos resistimos.

Cuando mi madre estaba en su lecho de muerte, me sintonicé con una realidad mayor. Le di permiso de partir sin culpa —algo muy útil que podemos hacer cuando se aproxima el desenlace. Le dije que papá estaría bien y que no se iba a enojar con ella por abandonarlo. Le conté quiénes estaban al otro lado para recibirla: su padre y otros amigos. Yo me sentía genuinamente emocionado por ella. Y se fue sin temor. La noche siguiente, cuando la familia se preparaba para cenar, se me ocurrió decir: “Meditemos primero”. En mi sano juicio, nunca habría propuesto eso con mi padre al frente. Por decir lo menos, papá era un agnóstico recalcitrante. Pero en su estado del momento, accedió. Cuando comencé a contar de diez a uno en un ejercicio sencillo de relajación, súbitamente, soltó su taco preferido: “¡Santos sapos rosados!”. Al terminar la meditación, dio un salto, gritando: “¡Me habló! ¡Ella me habló! Me dijo: ‘Estoy tan feliz aquí, querido’”. Nunca más mi padre volvió a sentir miedo de la muerte.

Cuando llegó su propio tiempo, papá tuvo una serie de sueños que se rehusó a compartir con mis hermanos y conmigo. Lo único que nos dijo fue: “Es demasiado bueno para ser verdad”. La muerte es sanadora.

Aquí, me gustaría compartir un fragmento de un boletín que escribí en 1986, cuando era profesor de la Universidad Estatal de Oklahoma:

 

  • El pasado noviembre, una pareja de amigos de Tulsa, un grupo de Denton, Texas, y yo asistimos a un seminario en Greenwood Forest, Missouri. Para mí, fue una experiencia revitalizadora, en un momento en que de verdad necesitaba elevar mi perspectiva. Greenwood Forest es un proyecto de Ken Carey. Son 400 hectáreas de paz cósmica, salvadas de ser convertidas en pulpa de papel gracias a los persistentes esfuerzos de Ken, quien ha escrito varios libros, como Starseed Transmissions, Vision, y Terra Christa. Sherry y él dirigen seminarios como ése al que fuimos. La experiencia fue maravillosa para mí porque me mostró un paso más en la síntesis de la energía de la nueva era. Yo puedo ver la manifestación de la conciencia cósmica cada vez más, la “salida del clóset” de los que despiertan, y éste era un ejemplo fabuloso.
  • Existen dos razones por las cuales quería contarles de Greenwood Forest. La primera es que allá estaban Earl y Marge. Earl y Marge son dos hijos de la tierra muy iluminados. A Earl contrajo cáncer hace unos diez o doce años. El lapso transcurrido desde entonces ha sido uno de los periodos más asombrosos y magníficos de su vida. Tal parece que, en el planeta Tierra, antes de dominar la maestría, el único progreso que hacemos es con dolor, o por lo menos con la suficiente incomodidad. Así es como funciona la escuela y eso lo sabíamos desde antes de ingresar en este plano. Pero, precisamente porque así funcionan las cosas, ésta es la única escuela del universo donde el crecimiento del alma puede ser rápido. Claro está que nos parece infernalmente lento, pero eso no niega la perspectiva cósmica de un crecimiento acelerado.
  • Volviendo a Earl, él se había acercado a mí al terminar un taller de fin de semana que yo había dictado en su ciudad, para pedirme ayuda en forma de información canalizada respecto a su grave situación. Lo que capté para él, al menos así me lo pareció, era emocionante porque mostraba el propósito de la vida, no sólo la de Earl, y el enorme progreso que un alma humana podía lograr con sólo comprometerse. Resumiendo muy brevemente lo que me llevó una hora recibir: Earl estaba dispuesto a dilucidar el funcionamiento de la mente y ver si eran ciertas tales cosas como la mente sobre la materia y la autocuración. Había explorado el control mental por medio de libros e instructores. Su médico había contribuido, recetándole relajantes mentales (MDMA, una anfetamina). Earl logró poner en remisión su enfermedad, pero durante la remisión es muy poco lo que se progresa. Cada vez que el dolor regresaba, aumentaba su conocimiento de cómo controlar sus pensamientos y su cuerpo manifiesto para volver a poner en remisión al villano. A Earl se le informó que gracias a su determinación, su exploración, su búsqueda de la comprensión, había avanzado por lo menos tres vidas más en los últimos 10 años de ésta. Se le dijo que indiferentemente de si podía suprimir el cáncer “permanentemente” en esta experiencia particular, siempre conservaría su comprensión de que la mente es el amo de los dominios manifestados, y que nunca necesitaría la experiencia de la enfermedad en sus vidas futuras. Puesto que había tomado la decisión consciente de aprender y crecer a pesar de (o por causa de) su dilema, Earl había permanecido en este cuerpo varios años más que su plan original de vida, ahorrándose así unas tres o cuatro vidas de trabajo en su senda espiritual. Earl murió hace tres semanas. ¿De cáncer? No; su corazón se detuvo cuando él expresó su voluntad de irse. El domingo, rodeado de su familia, se aseguró de que todo estuviera bien, y el martes partió. El viernes y el sábado siguientes, Marge, su hijo, unos amigos y yo conversamos con Earl. Y aquí viene la segunda parte de esta hermosa historia: morir conscientemente. Es imposible expresar verbalmente la magnificencia del proceso de morir para aquellos que están iluminados. Earl nos urgió, una y otra vez, a decirles “que mueran conscientemente”, y eso es lo que intento hacer aquí. Earl nos dijo que hay mucha literatura sobre el proceso de transición, y que está muy bien que sepamos lo que viene con anticipación. Nos instó a estar conscientes y con nuestras mentes despiertas durante la transición. Earl dijo que las historias que hemos escuchado (y son ciertas) sobre tener que tomarnos un tiempo cuando llegamos al otro lado, de retraso, de inconciencia para algunos, no tendrían que ser. Si prevemos el ‘otro lado’ con nuestra conciencia psíquica, estaremos despiertos cuando llegue el momento y no nos perderemos ni un instante de la preciosa experiencia. En palabras de Earl: “En sentido figurado, claro, toqué tierra al otro lado corriendo a toda máquina”.
  • De gran importancia en la historia de Earl es Marge. Juntos, hacía mucho tiempo, se habían librado del miedo a morir. Para ser seres conscientes, debemos entender que ningún temor es justificable. Ellos ya habían hablado de cómo nos podemos ayudar los unos a los otros a cambiar de nivel con facilidad. Cuando llegó el martes, Earl dijo que quería ir al hospital, sospecho que por hacerle las cosas más llevaderas a Marge. Así, en su cama del hospital, Marge le habló durante la transición. Permitiendo que su mente traspasara el velo junto a la de él, se convirtió en sus ojos y le calmó cualquier posible ansiedad. Le habló de los amigos que estaban allí, de los colores que veía, de paz, mientras le sostenía la mano. Cuando la enfermera, estetoscopio al pecho, confirmó el deceso, Marge se volteó y gritó: “¡Lo hicimos, lo logramos!”. El capellán del hospital, que recién había entrado a la habitación, no alcanzaba a comprender por qué esta viuda actuaba más como una porrista de secundaria cuyo equipo acabara de ganar el partido. Pero así era; habían ganado.
  • Y hasta aquí llegamos con Earl. El resto de la raza humana y yo le decimos: “Gracias, Earl, por tu contribución a la conciencia de la humanidad”. Gracias a ti, vivir será un poquito más hermoso de ahora en adelante.
  • La perspectiva para nuestro Planeta Tierra es definitivamente magnífica, imponente, divertida, emocionante y, en general, grandiosa. Cuando ojeamos el nivel mental donde se guarda el molde de la manifestación futura, vemos la maravilla de la era de Acuario, la era del amor. Pero entre el momento en que ese molde se haga ‘realidad’ y ahora, hay mucho trabajo por hacer. Como yo lo veo, ustedes, que son el Equipo Voluntario de Transición, los custodios del paso, tiene dos trabajos que hacer. El primero era estar aquí; con eso, contribuyeron su conciencia y su energía áurica a la conciencia grupal del Planeta Tierra. Sólo con ser lo que son incrementaron el contenido de amor y paz del planeta hasta el punto de asegurar que ya no habrá aniquilación de la vida por guerras, por contaminación ni por manifestaciones de miedo u odio. Pero ahora que completaron satisfactoriamente su primera tarea, deben pasar a la segunda. Todavía resta mucho de lo que se interpreta como lucha o esfuerzo para los próximos veinte años. Ustedes son los sabios del planeta, y deben ser las personas estables y comprensivas a las que los demás puedan recurrir en busca de alivio y fortaleza. Y, por encima de todo, deben enseñar. Quienes eligieron estar aquí durante la transición y en los inicios de esta maravillosa nueva era no habrían venido sin la certeza de que habría suficientes maestros disponibles. Los nuevos estudiantes están llegando por montones, y ustedes tienen que ofrecerles el espectro completo de su entendimiento. Para ello no es necesario que cambien su manera de expresarse; sólo deben tener en cuenta que, cada vez más, la gente que se les acerca son estudiantes de la nueva era, aunque lo ignoren. Atrévanse a compartirse ustedes mismos con ellos, pues ustedes son los Fundadores del Nuevo Planeta Tierra.
  • Temer la muerte es temer a Dios. Es creer que el universo no es amistoso, que no está de nuestro lado. Si hemos de ser los trabajadores de la luz en esta escuela, es nuestro deber compartir con nuestros amigos lo que conocemos intuitivamente como la verdad sobre la infinita continuidad de la vida. El mayor temor de la humanidad en todos los tiempos debe revelarse como una mera sombra, antes de que la paz pueda establecerse firmemente en la tierra.

La sanación en un denso pozo telepático

Ningún tipo de sanación tiene que ver con conseguir que Dios nos haga un favor. Más bien, es que aprendemos a abrir las puertas. Siempre ha sido difícil, aunque no imposible, para cualquier individuo en la tierra desafiar las leyes físicas, levitar, manifestar objetos o disolver instantáneamente un tumor maligno. La dificultad surge porque nos encontramos inmersos en densidad. Densidad es otro nombre para el pozo telepático de energía del pensamiento, compuesta de temor, duda, ira, etc. Estar sumergidos en la densidad y, al mismo tiempo, estar lo bastante desapegados como para poder resucitar muertos es un truco casi equivalente a cruzar el Atlántico a nado sin mojarse. Muchos miles de almas han llegado a estar tan iluminadas que lograron graduarse de la escuela tierra y mudarse a entornos más placenteros sin haber dominado la densidad hasta el punto de haber sido “sanadores”.

Mientras más terreno gana la era de Acuario, más se eleva la conciencia terrestre. Esto quiere decir que hay un porcentaje mayor de gente encarnada que desea ser inofensiva que en cualquier otra era. Eso significa que el nivel promedio de pensamiento en el pozo telepático es menos temeroso, menos defensivo; esto es, la densidad es menor. A menor densidad, más fácil es para el individuo hacer contacto con la conciencia normal del universo, que es el amor. Con cada día que pasa, cada uno de nosotros tiene una mejor oportunidad de hacer “milagros” que el mes o el año pasado. El velo es más fino.

A causa de la densidad, la curación que intentamos llevar a efecto hace diez o quince o veinte años quizá no tuvo éxito. No fue necesariamente nuestra culpa. Si tratamos de manifestar algo o sanar a alguien, probablemente nos culpamos cuando vimos que no funcionaba, ya que pensamos que no éramos lo suficientemente espirituales para hacerlo. En realidad, el problema era la densidad del sistema en el que estábamos trabajando. Hoy, si ponemos el mismo nivel de conciencia que entonces y lo intentamos de nuevo, seguramente tendremos éxito. Y eso sin siquiera tomar en cuenta el hecho de personalmente hemos evolucionado.

Es hora de poner en práctica nuestras habilidades curativas. Como grupo, estamos tan conectados a la fuente ahora que podemos realizar sanaciones dramáticas. Debemos desprendernos de la creencia que muchos de nosotros tenemos respecto a los niveles de dificultad en los milagros. El mundo nos ha programado para creer que algunas cosas son más difíciles de sanar que otras; eso no es más que un vestigio de los viejos juicios de valor. Puede haber algunas cosas que nuestro sistema de valores nos considera incapaces de hacer. Tal vez ustedes crean que pueden eliminar dolores de cabeza y llenar de armonía la oficina si llegan a meditar en la noche a sus casas, pero no que puedan hacer algo por curar el cáncer. Esto se debe a que su sistema de valores considera la enfermedad terminal más difícil de curar que otras. Esto nada tiene que ver con la verdad. Toda curación es un cambio de igual magnitud en el sistema de creencias. Si ahora vuelven a intentar algunas de las cosas que pensaban que no podrían hacer, se darán cuenta de que su propio poder ya no les es ajeno y encontrarán su forma particular de sanar.

 

La sanación y el ego

La mayoría de nosotros sabe que el área de la sanación está plagada de distracciones del ego. Por eso, vale la pena repasar esto. Existe una diferencia enorme entre arreglar y sanar. El ego dice: “Me sentiría más cómodo si no estuvieras en mi presencia con esa estúpida enfermedad porque verte enfermo me hace sentir impotente”. Por otro lado, la sanación manifiesta: “¡Eres el Cristo! ¿Qué haces con esa idea tan tonta? ¿Acaso no sabes que la enfermedad no es real y que no se necesita?”. Así es como Jesús sanaba. Nunca dijo: “¡Por Dios! Ésta va a estar difícil!”. En todos los seres humanos veía el Cristo, y eso es todo lo que se requiere para la transformación total de cualquier individuo dispuesto a aceptarlo. Jesús nunca dijo: “Déjame mirar primero lo que hiciste cuando tenías 5 años o cómo tratabas a tu madre” porque él sabía que esto era irrelevante. Todo lo que preguntaba era: “¿Crees que puedo hacer esto?”, y si la respuesta era “Sí, maestro, lo creo”, todo estaba hecho. Algunas recopilaciones muestran que más de la mitad de las curaciones que Jesús intentó nunca funcionaron. Si el individuo no quería recibir lo que se le ofrecía, ni siquiera Jesús podía violar su voluntad.

Si la necesidad de estar enferma de una persona es mayor que su necesidad de libertad, conservará la enfermedad. Debemos vivir conscientemente y conocer el sistema de recompensas que existe en nuestra sociedad. La verdad es que no existen enfermedades incurables. Todos los maestros nos enseñaron el paso más expedito a la salud perfecta. Por unanimidad, concordaron en que nada existe en la tierra que no pueda alterarse por medio de nuestra conexión telepática.

 

Sanación y karma

Una pregunta que por lo general me hacen en los talleres es: “Si curo a alguien, ¿no interfiero con su karma?”. La respuesta se divide en varias partes. Primero, ni siquiera dios, dios, altísimo dios puede interferir en el karma de nadie. El karma es elección. El karma es uno de los usos del libre albedrío. No puede violarse el karma. No hay injusticia y no hay víctimas. Ni siquiera es posible ser la víctima de las intenciones amorosas de alguien.

Segundo, nadie está separado de los demás. No hay sanador y sanado. Todas las mentes son una. Todos los corazones son uno. La unicidad sana, la separatividad estresa. La apariencia de la separatividad es enfermedad. El espacio-tiempo tridimensional es un holograma. Nadie ha visto algo jamás en este plano de realidad, sea tragedia o hermosura pastoral, que no fuera simplemente un espejo. ¿Qué hay que sanar? Únicamente nuestra percepción.

Si ofrecemos una sanación que a su vez es aceptada, ésa es la clave de que alguien estaba preparado para superar su karma. Los que ayudan a otros a ahorrar tiempo son llamados salvadores.

Toda oferta de curación, amor o perdón es útil. El amor no puede dañar. Todo pensamiento o sentimiento positivo salido de la mente o corazón de alguien eleva el nivel vibratorio del pozo telepático. Sanar el pozo telepático cura todo lo que toca: la tierra, a los humanos y el universo.

¿Cómo sabemos que nos corresponde involucrarnos en una situación particular? Puesto que todo lo que podemos ver es un espejo, cualquier cosa que llame nuestra atención es un aspecto de nosotros mismos tratando de llamar nuestra atención. Cualquier cosa incómoda que nos seduzca está tratando de que soltemos una falsa creencia sobre ella y que la veamos desde el punto de vista de Dios. Allí reside la sanación. Cuando vemos el hambre de la India, a los niños maltratados o un accidente en la calle, eso llegó a nosotros por alguna razón. Entonces, nuestra responsabilidad es funcionar en la verdad. Definitivamente, creer en la tragedia no está alineado con la verdad. Sabemos que sostener en la mente la imagen de un niño abusado como algo malo crea a otro niño que recibe exactamente el mismo tratamiento. Los maestros nos enseñaron a corregir el error cuando lo percibimos. “Orad los unos por los otros”, recomendaron.

Todo individuo se matriculó voluntariamente en el planeta tierra. Toda entidad firmó para asumir cierta cantidad de dolor, esfuerzo, ansiedad, miedo, duda y culpa. No hay excepciones. Todo el que viene a la tierra es un niño abusado, bien sea emocional, psicológica o físicamente. A mí me gusta lo que afirma Patricia Sun: “Nadie en la tierra ha sido criado aún por un adulto”. Si están buscando injusticia, abran los ojos. La primera persona que vean será el ejemplo perfecto de un individuo maltratado. En su infinita sabiduría, mientras estuvieron desencarnados y conectados a su ser superior, supieron precisamente en qué debían matricularse. Sea que mueran de una paliza brutal a la edad de 2 años o de causas “naturales” a los 95, no tiene importancia. Eso nada tiene que ver con la verdad, pero si capta su atención en algún punto de su crecimiento personal, entonces, es una clave de que esas personas podrían aprovechar su ayuda o su percepción.

 

La sanación ahorra tiempo

Un Curso de Milagros nos dice que las tragedias no existen. Pero si las hubiera, sólo serían un “retraso en el tiempo”. Antes de que alcanzáramos estos densos dominios del universo, teníamos la mente de Dios y pensábamos como Dios. Sabemos perfectamente que el dolor jamás ha existido y no podría existir jamás. Asimismo, ingún pensamiento de dolor, pobreza o cualquier cosa distinta a Dios existe. La única oportunidad posible que tienen las almas de creer en la tragedia es durante su viaje por el tiempo. El único dolor que alguien haya creído experimentar ha sido mientras están atrapados en un retraso temporal.

Ayudar a alguien en una crisis de la vida es compartir parte de nuestro recuerdo de Dios en un momento en que no pueden ver más allá. Ofrecer sanación no impide tomar la lección, sólo la acorta. La percepción o entendimiento transferido telepáticamente a otra persona y que resulta en una curación es exactamente la misma apreciación o comprensión qua habría obtenido si hubiese pasado a través de toda la experiencia sin ayuda. La sanación ahorra tiempo.

 

El dolor es crecimiento

El dolor es el pedido de sanación del alma

No nos interesa quitarle a alguien la oportunidad de crecimiento (lo que en todo caso no es posible); nuestro deseo es acelerar su aprendizaje. Por lo tanto, nuestra función cambia de tratar de salvarlos a ser de utilidad. La ayuda siempre llega al nivel de la conciencia. Esto no quiere decir que cuando veamos a un individuo con el brazo roto no podamos ayudarlo poniendo el hueso en su lugar. Y si sabemos que hemos alcanzado la conciencia suficiente para sanar el brazo sin necesidad de tablilla, pues, ¡adelante! Probablemente, Jesús nunca tuvo que usar tablillas ni yesos, pero él conocía bien desde qué nivel podía funcionar.

Si no comprendemos suficientemente el proceso de sanación para eliminar nuestro dolor de cabeza, al menos tenemos la conciencia suficiente de tomar una aspirina. Ambas cosas nos permiten deshacernos de la incomodidad, y ése es el objetivo. Por eso, cuando vemos lo que ocurre en la vida de alguien más, nuestra primera reacción podría ser la de llevarlos con el doctor, aunque sabemos que éste trabaja en el nivel físico y que no tiene la más remota idea de curar nada. La medicina convencional puede comprarle a la gente un poco más de tiempo en la presente encarnación y, por ahí mismo, reducir posiblemente el número de encarnaciones requeridas para graduarse. Ése es un gran regalo.

Si lo único que se nos ocurre hacer en una situación de crisis es intervenir, entonces, adelante, porque sabemos que no podemos cometer error alguno. Si al final descubrimos que nuestras acciones fueron motivadas por el ego (temor, indefensión, etc.), tal vez experimentemos alguna reacción kármica, pero no se habrá hecho daño. Si creemos que nuestras acciones ahorrarán algo de dolor y sufrimiento, procedamos, pero no cedamos a la tentación de juzgar el dolor como malo o equivocado o injusto. Nuestra utilidad es proporcional a lo positivo de nuestros pensamientos. No podemos enviar luz al niño o al abusador cuando estamos juzgando. Lo que se necesita aquí es amor y paz, no juicio. No estamos interesados en castigar al abusador. Nuestro interés es sanar. Si no olvidamos sumergirnos en la meditación u otro ritual semejante, otra vez podremos ser objetivos. Podemos visualizar energía amorosa en torno al niño, sus padres y la trabajadora social. Cuando obramos de esta manera, es imposible que el muro de Berlín no caiga. Algo mágico ocurre. El sendero del niño se allanará porque intervenimos en concordancia con la ley cósmica. Si revisamos en una semana, tal vez nos encontremos conque el padre decidió recibir tratamiento y que la cariñosa tía de Ohio vino para cuidar al niño, o cualquier otro “milagro”.

Si alguien que conocemos tiene un reto en su vida, podemos acelerar su sanación sólo con ir a casa y dirigir hacia ella nuestra linterna mental y bañarlo con su brillante luz. Veamos la verdad por ellos. No tenemos que decirles: “¡Si tan sólo cambiaras tu manera de pensar!”, ni siquiera si es obvio. No serviría de nada decirle a quien acaban de estrellarle su auto que “tú lo creaste”. Lo más sabio es comunicarse como nos enseñaron los maestros, telepáticamente, superando las barreras defensivas del ego.

Recuerden el cuadro global

Nada se manifiesta en esta dimensión, a menos que haya habido una invitación doble. A nivel del alma, el individuo con el problema quería la lección, y a nivel de la conciencia tenía pensamientos y emociones que precipitaron el suceso. Pero no es nuestra responsabilidad explicarle el proceso; sólo lo amamos y lo abrazamos y lo sostenemos, tal como lo haríamos con un niño de tres años que se cae y se raspa la rodilla. ¿Acaso tenemos que explicarle que la acera es más dura que su rodilla o si Dios es bueno o malo porque se lesionó? El niño preferiría un vaso de leche con galletas y, con unos cuantos mimos, lo próximo que veríamos es que salió a jugar otra vez.

Nuestra única responsabilidad es ofrecer la curación dirigiendo el poder de nuestra mente y luego, quitarnos del camino. Cuando vemos un problema, tenemos la oportunidad de juzgar de dónde pudo provenir y qué lo solucionaría, pero toda esa información estaría errada. Tendríamos que conocer la historia kármica completa del individuo y también su futuro kármico para hacer una evaluación correcta. Y mientras estemos en un cuerpo no tendremos esa perspectiva. Lo que sí podemos hacer es visualizar a la persona y decirle que es nuestro deseo ayudarla. Entonces, nuestra guía interior nos dará claves sobre lo que tenemos que hacer. Quizá nos venga a la mente una palabra como armonía o fortaleza para enviársela. Cuando nos falte claridad, enviemos luz pura y blanca; la luz es una energía que fomenta el estado natural del ser.

No deberíamos tener expectativas con la sanación que ofrecemos: su tiempo no depende de nosotros. Con frecuencia, ofrecemos nuestras plegarias y preguntamos inmediatamente: “¿Funcionó? Mejor los llamo otra vez. ¿Ya te sientes mejor?”. Ésa es una magnífica manera de desilusionarnos porque la curación depende de la receptividad de la otra persona. No obstante, nuestro deseo de ser útiles nunca se desperdicia; no es posible ofrecer en este universo una sanación que finalmente no sea aceptada. Si desde nuestra perspectiva declaramos que no obró, ése es un indicativo de que dependemos de nuestro propio poder y no de la benevolente fuerza de Dios, que siempre prevé la respuesta a toda oración. A veces, no ayuda obtener retroalimentación positiva sobre un intento de curación. Nuestra mente podría enloquecer si funcionara, pues probablemente aún no creamos que merecemos ser sanadores y, si ése es el caso, el universo no va a violar nuestro compromiso con la falta de mérito. Sin embargo, más frecuentemente, la retroalimentación positiva parece fortalecer nuestra decisión de ser sanadores. Podemos pedirla entonces al universo, para seguir alimentando nuestra confianza en nosotros mismos.

La sanación y la capacidad psíquica

Bien sea que hayamos llegado aquí como visitantes (los que se aparecen sólo en épocas de necesidad) o que seamos estudiantes muy evolucionados de la escuela terrestre, estudiantes de duodécimo grado, tenemos una habilidad psíquica muy desarrollada. Podemos llamar a nuestra habilidad psíquica funcionamiento intuitivo, meditación u oración, eso no es importante. No usar nuestras herramientas psíquicas para recoger información y propagar la sanación sería como decidir que todo lo que necesitamos para avanzar en la vida es un ojo, una oreja y una pierna; sería una manera muy tonta de funcionar para un ser ilimitado.

Cada uno de nosotros siente la información intuitiva en forma diferente; no hay reglas. Algunas personas tienen visualizaciones, mientras que otras experimentan un conocimiento directo. Otros son empáticos y sienten todo, literalmente, en sus cuerpos. No hay nadie en el planeta sin un medio de penetrar el infinito. Ya tenemos nuestro propio medio particular de sintonizarnos. Los libros que dicen que debemos sentarnos en posición de loto durante setenta y dos horas semanales para encontrar el espíritu no fueron escritos para estudiantes de duodécimo grado. Comoquiera que nos conectemos, para el universo estará bien. No importa. Muchos tienen percepciones instantáneas mientras conducen su automóvil o caminan. Soñar despiertos, si no estamos repasando las cintas de viejos patrones de pensamiento, es una excelente meditación. A muchos nos dijeron, cuando niños, que dejáramos de soñar despiertos, pero esto no es una pérdida de tiempo, sino un medio para recibir inspiración. Por eso, podemos convertirlo en un juego muy útil. Soñando despiertos podemos pedir nueva música, arte o inventos. O, de camino a la oficina, podemos pedir que se nos muestren otros planos de realidad.

Podemos activar nuestros ojos y oídos psíquicos en cualquier momento y en cualquier lugar. Para ello, no se requiere que nos sentemos en nuestra silla de meditar. Podemos decidir sintonizarnos con alguien mientras hacemos fila en la caja del supermercado (donde podemos toparnos con alguien que necesita ayuda). Cualquier cosa que sintamos, sobre todo si es de una naturaleza espontánea, es buena información y puede ser un llamado de auxilio. Nunca se nos muestra una necesidad, a menos que el universo tenga la certeza de que podemos ser útiles. A través de la historia, quienes actúan intuitivamente han sido llamados profetas. En todas las civilizaciones ha habido conflicto entre sacerdotes y profetas. Los sacerdotes sólo hacen eco de las palabras aportadas por los profetas. Los sacerdotes trabajaban con el apoyo de los reyes. Por otro lado, los profetas tenían visiones y soñaban con el futuro. Hablaban de sucesos por venir sobre los que los reyes no tenían control alguno. Como a los reyes no les gusta que les digan que no ejercen poder, tenían el hábito de exiliar o mandar ejecutar a los profetas.

Ahora, como todos hemos sido el profeta en otras encarnaciones, no queremos involucrarnos; sentimos el temor subconsciente de ser quemados en la hoguera. Estamos más seguros hoy que en nuestras últimas encarnaciones. Podemos decidir dónde y cuándo es seguro realizar nuestro trabajo psíquico: lo peor que podría ocurrir es que nos ridiculizaran, pero no nos van a volver carbón en la hoguera.

Lugares sagrados

Algunos pensamos que seríamos mejores sanadores si tuviéramos un lugar sagrado. Por lo tanto, tal vez nos ocupemos buscando los vórtices energéticos del planeta. En realidad, sería más fácil, e igualmente benéfico, crear un mapa de los puntos sagrados de nuestra sala de estar. Cuando un niño se ha portado “mal” y se lo castiga mandándolo a sentarse en una silla en el rincón, éste se convierte en un vórtice de energía negativa para él. Por otra parte, cuando nos sentimos muy creativos tal vez nos sentamos al piano, lo que se convierte en un vórtice de energía positiva. Las pirámides de Egipto no son más sagradas que el sofá de la sala de estar o la bañera. Los seres humanos poseen los atributos necesarios para alterar la energía donde lo quieran hacer. Cuando combinamos el poder de la mente con nuestros cuerpos emocionales, podemos crear un estado determinado. Podemos encontrar estados únicos a través de la tierra; todo depende de quién y qué energía estuvo en el sitio la última vez.

Anne y yo vivimos en Nuevo México, en un lugar que sentimos muy sagrado. Es un área considerada como tal por los indígenas norteamericanos. Cuando me sintonizo con la tierra, capto que es un lugar donde la gente se ha divertido durante siglos. Aquí no han sucedido muchos asesinatos, y eso es todo lo que se requiere para que un sitio se sienta especial. Si hubiera ahora una guerra en Nuevo México, se perdería la sensación sagrada porque ésa sería la última energía que permanecería. Nuestro hogar también se halla relativamente cerca de la Región de las Cuatro Esquinas, de la que se dice que es un vórtice al centro de la tierra que atrae naves espaciales. Es un área donde estas naves no han sido objeto de persecución. Nuestras fuerzas militares no los han descubierto y por eso pueden volar por ahí, en paz. No es complicado: el que algo nos parezca sagrado o no depende enteramente de la energía que transmitimos.

Nuestros limitados conceptos del tiempo y el espacio no se aplican a lo relacionado con la energía. Podemos alterar la energía de (o curar) cualquier cosa. Si poseemos una joya con la que no nos sentimos cómodos, quizá tenga una historia que desconocemos; tomémosla en nuestras manos mientras meditamos y le enviamos nuestra luz mental. Con esto, se reorganizará, literalmente, la estructura molecular y cambiará la energía del objeto. Cuando éste haya absorbido sus vibraciones, se sentirá muy bien.

Tampoco hay diferencia entre alterar la energía de una pequeña joya o el estado completo de Missouri. El universo no responderá: “¡Espera un minuto! ¡El límite es de tres kilómetros cuadrados!”. El universo no conoce la diferencia ni le importa. Podemos alterar la energía de un edificio de oficinas, la tienda de abarrotes, el centro comercial o la oficina postal: no hay límites para el poder de nuestra mente.

Consejería psíquica

La curación requiere discreción y la voluntad de ser humildes. Los cinco sentidos físicos jamás nos revelarán los contratos de las almas con la tierra. Para comprender el malestar de alguien, debemos usar nuestros sentidos psíquicos y dejar los juicios a un lado.

Los consejeros psíquicos aumentan su comprensión de la naturaleza amorosa del universo cada vez que se sintonizan con una persona al nivel del alma. La gente sólo busca consejo cuando sus cinco sentidos han tomado ventaja y los han convencido de que hay errores. Como ayudantes de la humanidad, nuestra labor es localizar su contrato con la tierra, examinar para qué cursos se matricularon y señalar la mejor manera de terminar la lección. Puesto que todos practicamos la consejería psíquica, nos convencemos de que cuando podamos ver el cuadro global, tendremos a la mano abundantes y rápidas soluciones. Como muchos comprimimos la conciencia psíquica porque era inaceptable para la sociedad o nuestra familia, cuando sale a la superficie literalmente nos sentimos embriagados. Puede ser algo muy liberador, aunque no viene mal un poco de humildad. Ocasionalmente, entre los que despiertan a sus capacidades intuitivas, se observa la tendencia a darse cuenta de que los juicios que solían hacer sobre lo que la gente necesitaba estaban basados en el ego. Y puesto que ahora tienen una “conexión”, por primera vez saben lo que realmente ayudaría a repararlos. Todas las correcciones le pertenecen al Espíritu Santo, según Un curso de milagros.

 

Algunas apreciaciones psíquicas

Una mujer se me acercó durante uno de mis talleres. Tenía el aspecto de alguien sometido a tratamiento de drogas y hospitalizado. Me dijo: “Soy esquizofrénica y he pasado los últimos tres años en un hospital, etc., etc.”. Cada vez que alguien comienza a relatarme sus problemas, me salgo de sintonía porque sus falsas creencias sobre sí mismo no son de utilidad. Yo busco la verdad sintonizándome con el contrato de sus almas. Mientras hacía esto, pude ver que ella hablaba con esa actitud de “sé que no usted no puede hacer nada y que no tiene respuestas para mí, pero me costó tanto trabajo venir hasta acá y contarle lo que está sucediendo en mi vida”.

Luego, recibí una imagen increíble de ella. Muchos de nosotros estamos viviendo dos o tres o diez encarnaciones simultáneamente. Vi a esta mujer viviendo en ocho cuerpos diferentes, y como era mucho más psíquica que el promedio, podía sintonizarse con cualquiera de los individuos en cualquier momento. Le expliqué que todos somos esquizofrénicos, pero no todos somos lo bastante psíquicos para saberlo. Le conté que ella estaba demasiado impaciente para hacer una vida a la vez porque buscaba el mayor crecimiento posible, y que su situación, al final, le produciría una enorme sabiduría. Me contestó que su falta de claridad en el momento presente era muy perturbadora. Le respondí que en unos tres años todo se resolvería, y que tendría una perspectiva del cuadro global que otros son incapaces de ver; que el mundo la necesitaría para que enseñara compasión. Alegre y orgullosa, declaró que podría esperar esos tres años.

Puede haber muchas causas para la esquizofrenia y ninguna es incurable cuando la vemos como una enfermedad psíquica. El alma puede mostrar numerosas facetas. Ninguno de nosotros trae su ser completo cuando encarna, sino aspectos que necesitan trabajarse y que pueden ser el ser femenino o el masculino o el intelectual. Si traemos dos aspectos simultáneamente que no parecen estar en armonía para el promedio de la gente, nos llaman esquizofrénicos. Podemos sentarnos y conversar mentalmente con un esquizofrénico y preguntarle por qué encarnó en esa forma y cómo podemos ayudarlo. Si descubrimos que muestran facetas peculiarmente incómodas, tratemos de proyectar armonía a todas las partes de su ser durante diez minutos al día, y aquella comenzará a manifestarse.

Hoy disponemos de diversos enfoques de la curación emocional que pueden reducir drásticamente (o eliminar) la cantidad de tiempo que se requiere en la terapia convencional. Si ésta es un área que les preocupa, les sugiero que lean libros de Gerald Jampolsky, Chris Griscom o Sandra Ingerman.

Hace veinte años, hice el curso de Control Mental de Silva con un amigo cuya madre tenía 82 años y estaba senil. Naturalmente, los médicos le habían dicho que la senilidad era irreversible, pero que aunque no había esperanza, ella estaba cómoda y tenía gente que la cuidaba y vigilaba. No importaba que ella creyera tener 3 años de edad y mostrara un comportamiento infantil. Pues bien, su hijo recién había terminado el curso de control mental y, emocionado, quiso aplicar algunos principios. Se le ocurrió sentarse durante diez minutos diarios en su silla favorita de meditación y hablarle a su madre desde su nivel interior. Visualizaba a su madre y le decía: “Mamá, cada vez estás más fuerte, más saludable y más alerta. ¿Recuerdas cuánto te gustaba jugar bridge?”. En veintitrés días, ella había recuperado el control de sus facultades mentales y estaba jugando bridge otra vez. Personalmente, nunca he sabido que el proceso de los “diez minutos diarios” tome más de treinta días para alterar cualquier estado emocional o físico.

Conozco a una maravillosa sanadora cuyo método consiste en sacar sus tijeras mentales y cortar las partes del cuerpo que no funcionan apropiadamente. “Ah, veo que esto ya no sirve”, y corta. Luego, va hasta su cajón mental de repuestos del cuerpo y saca un órgano nuevo, que pega con cinta adhesiva o con un poco de goma para completar su cirugía mental. Con frecuencia, los cambios físicos que logra son asombrosos. El universo sólo puede leer nuestra intención de servir, así que cualquier método que se les ocurra funcionará. Diviértanse; no hay formas equivocadas de practicar la sanación psíquica cuando nuestra intención es ser canales de Dios.

Bernie Siegel cuenta historias sorprendentes en su libro “Amor, medicina y milagros” sobre el poder de la mente en la curación. Entre otras, habla de una mujer que permaneció en coma por años. Cuando le habló a esta mujer “inconsciente”, concediéndole la liberación que como madre requería, murió a los pocos minutos. Otras historias se refieren a pacientes anestesiados. La anestesia es muy similar a la hipnosis: las sugerencias hechas a personas “inconscientes pueden detener el sangrado, cambiar el pulso y la presión sanguínea, y aun traerlas de vuelta cuando su corazón ha dejado de latir. La mente de todas las personas siempre está atenta y, por eso, nunca deben hacerse comentarios negativos o desalentadores que el paciente pudiera oír. De hecho, el refuerzo positivo ofrecido a pacientes durante el sueño puede acelerar notablemente el proceso de curación.

Algunas veces, nos encontramos tratando con una situación que tradicionalmente sólo tiene soluciones de largo plazo, como una enfermedad terminal o alguna adicción. La conciencia grupal llena el pozo telepático con sentimientos de desesperanza respecto a estas situaciones, pero eso ha comenzado a cambiar. Hay instructores del método Silva que únicamente trabajan con drogadictos empedernidos y luego de cuarenta horas de entrenamiento en el aula, los pacientes se marchan como seres liberados, sin síndrome de abstinencia, rejuvenecidos y productivos. Si tenemos una adicción de cualquier tipo, probablemente sea un vestigio de algún viejo patrón kármico en nuestra vida. No se requiere trabajo duro para alterar los patrones kármicos; basta con cambiar el sistema de creencias (la conciencia).

 

La bendición de los alimentos

Desde pequeños nos han dicho que bendigamos nuestros alimentos antes de comerlos. La razón para ello es que la conciencia también crea realidad en nuestra dieta. Cuando dirigimos energía de nuestras manos a la comida, literalmente alteramos el aspecto químico. Si colocamos las manos a los lados de un plato de galletas y visualizamos la luz y energía que emanan de ellas y reconocemos esa energía como la esencia de Dios, podremos comer el alimento más saludable que sea posible consumir.

Muchos graduados del método Silva han hecho un experimento que nosotros también podemos realizar en casa. Compren un par de tomates muy parecidos. Pongan uno en un plato y déjenlo en un sitio donde no lo van a tocar durante varias semanas. Tomen el otro y llévenlo al lugar donde meditan. Practiquen su ritual de meditación y liberación. Luego, rodeen el tomate con sus manos durante diez minutos, visualizando cómo la luz y el amor pasan a través de él de una mano a otra. Coloquen este tomate en otro plato, márquenlo para no confundirlo y déjenlo aparte por varias semanas. Pasado este tiempo, hallarán que mientras uno se pudrió, el otro se deshidrató y seguía siendo comestible. ¿Ven? Los maestros también sabían de conservantes, sólo que los de ellos no son dañinos, sino que sanan nuestros cuerpos.

Quizá no encontremos en los libros de nutrición la alimentación que necesitamos como individuos. Cada uno de nosotros tiene un cuerpo condicionado por el karma. Hemos sido condicionados por vidas y vidas de memoria celular sobre las cosas a las que hemos sobrevivido y a las que nos hemos adaptado. Nuestros cuerpos son mucho más que un instrumento físico: son el recuerdo de existencias previas en el dominio físico.

Esto está clínicamente comprobado. Hay gente con personalidades múltiples que muestra intolerancia a determinados alimentos, pero cuando cambian a una personalidad diferente, resulta que son alérgicos a un grupo completamente diferente de alimentos. Esto se debe al sistema de creencias que controla el cuerpo. Es una memoria celular del ser histórico, que gobierna los hábitos alimenticios. Esto nada tiene que ver con lo que pregonan los nutricionistas o los Vigilantes del Peso. Las civilizaciones más longevas de la tierra tienen una vida promedio de más de cien años, a pesar de que comen las cosas más malsanas; algunos, por ejemplo, han sobrevivido principalmente a punta de caña de azúcar. Sin embargo, el ingrediente básico de su estilo de vida es la ausencia de estrés.