NO HAY TIEMPO PARA EL KARMA
Cómo abandonar la rueda del dolor y del esfuerzo
PAXTON ROBEY© Y LA COLABORACIÓN DE LONE JENSEN

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CAPÍTULO 6
KARMA

El hechizo del tiempo

¿Vieron la película El hechizo del tiempo? En ella, Phil Conners, interpretado por Bill Murray, es un meteorólogo enviado por la estación de televisión para la que trabaja a cubrir el “Día de la marmota” en Punxsutawney, Pensilvania. Si bien es algo indigno de él hacer un reportaje de un roedor que observa su sombra, no tiene más remedio, si no quiere perder su empleo. Rezongando y quejándose, interpreta muy bien su papel de víctima. Después de todo, sólo será un día y podrá salir de ahí.

Pero a la mañana siguiente, se despierta en la misma cama, con el mismo reloj de alarma, el mismo día, para encarar otra vez su victimización. Y una y otra y otra vez. Miles de días vividos en el mismo escenario, exactamente con las mismas limitaciones y oportunidades. Cada día, la creencia de Phil de que “esto es el infierno” se le manifiesta tal cual. Sus muchos intentos de suicidio no sirven de nada. A la mañana siguiente, despierta en la misma cama, con el mismo reloj de alarma; aparentemente, es imposible morir, sin importar cuánto desee escapar. El mismo día, las mismas personas, el mismo drama. No importa cuánto lo intente, no hay escapatoria.
Esta historia de ficción es una representación casi perfecta de cómo funciona el karma (otra historia de ficción). Para aquellos que no han comenzado a abrirse al cuadro global de una realidad en la que no hay víctimas, la vida tiende a repetirse como el día de la marmota para Phil. Como lo decía Yogi Bera: “Es el dejà vu
una y otra vez”.

Poco a poco, Phil explora la posibilidad de desarrollar sus talentos. Después de todo, aparentemente, va a tener un número ilimitado de vidas para aprender a tocar el piano, esculpir y memorizar. Poesía francesa y las respuestas de Jeopardy. Así, se convierte en un genio, mejorando sus destrezas un día (una vida) a la vez.

Sin embargo, finalmente, es su amor por Rita (interpretada por Andie McDowell) la productora del programa, el que suaviza su enfoque de la vida. El placer de su compañía le ofrece un significado diferente, menos materialista, de la vida. Después de quizá decenas de miles de vidas del mismo día, cada uno con un minúsculo aumento en su capacidad de amar, amanece un nuevo día. Cuando eso sucede, Phil no está iluminado. No es el poseedor de la conciencia cósmica, pero, ciertamente, tiene una perspectiva diferente de la vida. Y, con toda seguridad, ya está preparado para explorar una aproximación a la vida completamente nueva.

Quienes se creen víctimas de las circunstancias no son víctimas en realidad. Lo que experimentan es el resultado de su sistema de creencias. Cuando se dan cuenta de lo tonto que es resistirse a su ambiente (su creación), entonces pueden empezar a concentrarse en desarrollar amor como una experiencia personal.

Nadie es víctima del karma. Nadie está destinado a recibir la retribución de sus malos actos. Quienes aún no han captado esto tienden a vivir sus vidas como el día de la marmota porque nuestro pensamiento crea nuestro futuro.

Si me defiendo cuando me atacan, cuando me torean, estoy jugando el juego llamado karma, que no tiene final. La defensa exige un ataque repetido: ésa es la ley del karma. Literalmente, el ataque y la defensa pueden jugarse hasta el final de los tiempos. No depende de mi atacante cuándo decretar la paz; salirme del juego es mi opción. Yo perdono no porque ellos se lo merezcan o porque sea lo que debo hacer, sino porque me merezco la paz. Merezco experimentar el amor propio y no estar a la defensiva.

Al tiempo que exploramos el significado de la iluminación y el amor, comenzamos a entender el concepto del perdón. El perdón pone fin a las repeticiones kármicas casi inmediatamente.

 

Deudas kármicas

El karma es similar a la reencarnación en que ha sido un concepto muy útil, a pesar del hecho de que la sabiduría popular referente a la ley kármica se asemeja muy poco a la verdad. Las enseñanzas esotéricas han hablado del karma durante decenas de miles de años, y nos ofrecen algunas claves respecto al sistema escolar y un medio de evolución. Aunque los maestros hablaron de la vida sin principio ni fin, nunca dijeron que fuera necesario pagar una deuda kármica. Pagar una deuda de éstas significa, simplemente, reparar daños que pueden haber ocurrido en esta vida u otras. Las enseñanzas esotéricas nos ofrecen un concepto al que podemos recurrir cuando vemos a un niño pequeño sufrir de leucemia. Si somos producto de la crianza y la educación occidentales, no hay manera de que aceptemos una situación como la leucemia. La única conclusión a la que podríamos llegar es que Dios es vengativo y castigador. Por consiguiente, acudimos a historias útiles, como la reencarnación y el karma, que nos permiten creer en la continuidad de la vida y la benevolente naturaleza del universo.

Vivir kármicamente es una opción que tomamos antes de darnos cuenta de que hay una mejor manera de evolucionar. Esta decisión la tomamos (usualmente antes de nacer) porque creemos que no hemos evolucionado lo suficiente como para decidir sabiamente, a un nivel consciente, todos los sucesos y circunstancias de nuestra vida. Así, a los ojos del mundo, parece que el universo es nuestro victimario.

La vida kármica es una de las formas más bajas de desarrollo, la forma más básica de la educación del alma. En la analogía bíblica de la senda humana, el karma aparece en los primeros libros, donde vemos individuos que vivían bajo el régimen del ojo por ojo. Estas personas creían que lo que los rodeaba era real. Creían en el dolor y los tiempos difíciles. Su idea de Dios, si es que la tenían, era la de un dictador controlador y celoso, al que nuestra conducta le podía desagradar. Este Dios exigía el uso constante de los altares de sacrificio. No había entonces conceptos de la realidad distintos a los respaldados por las imágenes producidas por los cinco sentidos. La ley kármica es la única opción disponible como sendero de crecimiento para aquellos que tienen totalmente cerrados sus sentidos internos.

Cuando llegamos a los últimos libros de la Biblia, los seres evolucionados ya han trocado su aprendizaje kármico por la gracia y las revelaciones internas. Tratan de comprender que se ofrecieron como voluntarios para experiencias que los despertaran rápidamente. Ahora, el objetivo es cambiar el camino de la victimización por otro de comprensión.

Con cada lección desagradable que se nos presenta, tenemos dos opciones: vivir la experiencia (lo que se conoce como pagar la deuda kármica) u obtener comprensión sin necesidad de pasar a través de la experiencia. A esto, San Pablo lo llamó gracia.

El karma es para la gente dormida, que no tiene ni la más remota idea del cuadro global. Pero, principalmente, el karma es para los que creen que no están conectados con los demás. La única manera de que estos amigos aprendan que sólo se dañan a sí mismos cuando matan es que vuelvan a la escena del crimen, otro día o en otra vida, para que los maten a ellos. Los maestros enseñaron la regla de oro. Si todos aprendemos a “no hacer a los demás…”, el karma no contiene tragedias.

El propósito de toda lección kármica, sea drogadicción, pobreza, enfermedad o relaciones abusivas, en últimas, es enseñarnos a ser impecablemente felices. El sistema es tan perfecto que ha organizado estas lecciones para que nosotros podamos entender.

El crecimiento del alma es necesario si vamos a evolucionar de esta escuela tridimensional a los dominios más hermosos de seis, diez o cien dimensiones. Por eso, todavía no queremos llegar al final del crecimiento, pero definitivamente no queremos más sorpresas dolorosas. Deseamos pasar de la motivación externa (dolor, karma) a la interna (visión, conciencia cósmica).

¿Qué creen que sucede si obtenemos el entendimiento a través de la iluminación y no del dolor? ¿Acaso el universo dirá: “Lo siento, pero ya firmaste un contrato para otros cuatrocientos años de drama y no puedes irte ahora por el camino fácil”?. ¡Por supuesto que no! El universo contesta: “Listo. Ya te graduaste”. Cuando estamos dispuestos a ver el propósito de la lección y lo que nos está enseñando, ponemos punto final al dolor y el esfuerzo.

El aprendizaje kármico sólo es posible para quienes reaccionan de acuerdo con la vieja programación. El karma sólo funciona para la gente que reacciona. Si tan sólo decidiéramos elegir la paz ante cualquier confrontación, evitaríamos el dolor inherente a toda lección kármica. La mayor parte de nuestra sociedad gasta el tiempo negando los problemas de su vida. Esto se debe a la crianza. La creencia general es que la gente que tiene grandes problemas, como el alcoholismo, la quiebra, la cleptomanía o una pobre imagen propia, es menos que respetable. No obstante, los estudiantes espirituales saben que todos tenemos problemas. O, en palabras de Patricia Sun: “Tu basura es tu boleto de entrada”.

Los estudiantes espirituales buscan retos. Estos retos (lecciones) son también nuestro tiquete de salida del dolor. Son nuestro único boleto para liberarnos del dolor. No queremos evitar las lecciones ni el crecimiento, pero tampoco queremos evitar el dolor. Ése es el problema. El dolor no es indispensable; el crecimiento, sí. Ningún maestro habló de evitar las lecciones o el crecimiento, y tampoco pueden hacer la tarea por nosotros. No existe la iluminación sustituta. Lo que nos quisieron decir es que aprendiéramos a disfrutar el viaje. La iluminación es una aventura muy personal, muy placentera, a través del tiempo y el espacio.

 

Karma es igual a temor, es igual a culpa, es igual a karma

La mayoría de la gente en este planeta no es consciente de que la vida es una serie de lecciones o que tienen la opción de no aceptar el sistema de creencias del mundo. Si venimos acá completamente dormidos, a los líderes de nuestra tribu o aldea les resulta muy apropiado decirnos que nuestro cuerpo es valioso y que no debemos permitir su destrucción. “¡No vayan a jugar con los leones porque los matarán! ¡No salten del risco porque se morirán!”.

En ese punto de nuestra evolución, el temor era un ingrediente necesario o, si no, no habríamos permanecido en la escuela el tiempo necesario para aprender nada. Los alumnos de segundo, tercero y cuarto no pueden existir sin el temor. Todos experimentamos miles de vidas en las que el miedo era bueno y su presencia nos mantenía vivos. Pero, luego, un día, alguien nos dijo: “Eres un estudiante de grado 12, así que haz el favor de olvidar todo lo que te hemos enseñado hasta ahora”. “¿Cómo así? ¡Mi miedo está tan profundamente programado en mi subconsciente que no tengo ni la menor idea de cómo soltarlo!”.

La era de Acuario nos enseña a liberarnos del temor. Es el tiempo en el que vemos la verdadera naturaleza del karma como una motivación de la culpa y el temor. Ahora, estamos aprendiendo que el karma es una herramienta válida de enseñanza en once cursos, pero no en la era de Acuario. Los que van a ser los hacedores de patrones para una nueva forma de vivir deben liberar el karma antes de que puedan enseñar cómo hacerlo. Debemos “caminar lo hablado”.

 

Mi causa es mi sendero kármico

¿Cuál ha sido en su vida la mayor dificultad en el tema de la compasión? ¿Por qué algunos son anti-cáncer, mientras otros están contra la destrucción de la selva tropical? ¿Por qué no todos están contra lo mismo? ¿Realmente son peores los hoyos en la capa de ozono que la lluvia ácida? ¿Hemos considerado alguna vez por qué algunos individuos tienen el impulso de acabar con la guerra o alimentar a los hambrientos o dar techo a los que no tienen hogar? Rara vez nos detenemos a reflexionar en que lo que hicimos hace mil o diez mil años podría ser la causa de nuestra necesidad actual de arreglar las cosas. Si tenemos un deseo punzante de reparar alguna tragedia, ésa es la clave de que en una encarnación previa fuimos los perpetradores de ese mal. En un nivel subconsciente, estamos aplacando nuestra culpa por las atrocidades que cometimos la última vez.

Si sentimos la necesidad de proteger a la madre tierra, puede ser porque mil años atrás fuimos uno de los que la violaron. En realidad, el karma es así de sencillo. Si una vez fuimos los industriales que arrojaron toneladas de hollín por las chimeneas, ahora venimos como los ambientalistas cuya mayor preocupación es el calentamiento global. Si una mujer es una feminista activa, en otra oportunidad fue el macho chauvinista que reprimió o abusó de las mujeres. Nuestra causa presente siempre estará directamente relacionada con nuestro abuso pasado.

Este sistema y sus enseñanzas son tan perfectos que jamás tenemos que trabajar en alguien más, salvo nosotros mismos. ¡Nadie necesita que lo arreglen! Pero si nos negamos a mirar adentro, parecerá como si la atrocidad se estuviera cometiendo afuera, y entonces nos sentimos compelidos a sanarla y, por consiguiente, nos curamos a nosotros mismos. Éste es uno de los trucos mágicos incorporados a la escuela terrestre. Jamás hemos percibido nada, bueno o malo, correcto o equivocado, que no fuera un espejo de nuestro propio ser.

Todo lo que percibimos mientras estamos encarnados cae en la categoría de lo paradójico. Si bien es cierto que tenemos un libre albedrío inviolable, la mayoría lo ha usado para escribir un contrato blindado con la escuela tierra. Por eso, nuestras experiencias parecen predestinadas y, de hecho, muchas veces lo están, pero fueron establecidas por nosotros y no impuestas por un amo y señor kármico. Si hemos vivido complicados asuntos kármicos en esta vida, se debe a que nos habíamos preparado para algo de drama con la esperanza de perdonarnos por las “malas acciones” cometidas en nuestra última encarnación. Cuando perdonamos a nuestros enemigos actuales, perdonamos lo que fuimos en vidas pasadas.

Muchos no están listos para aceptar la responsabilidad de toda la tragedia que ven en la tierra porque creen que la tragedia es real y que el daño es posible. Pues, no es así. Dios es amor. Dios no permite la tragedia. Pero necesitamos ayuda con nuestra percepción para poder aprehender esa idea.

 

Cambiar nuestro pasado de "Soy culpable" a "Soy un sanador"

En uno de mis talleres, cuando inicié la charla sobre el funcionamiento de la escuela tierra, una mujer comenzó a llorar cuando llegué a la parte de la ilusión de la tragedia. Era incapaz de aceptar la idea. Al sintonizarme con ella, vi que había sido asesinada en un campo de concentración nazi, en Auschwitz. Había experimentado horrores inenarrables y permaneció con la creencia de que Dios permitía que ocurrieran errores y que, sencillamente, algunas cosas no se podían perdonar. Luego, capté una interesantísima historia sobre gente que había encarnado para volar en pedazos a causa de las bombas atómicas en Japón o terminar mutiladas en los campos de la muerte de la Alemania de Hitler.

Obedeciendo el sendero kármico, éstos fueron seres que, la última vez, asesinaron y mutilaron a sus congéneres. Sabemos que Dios es incapaz de juzgar, pero estas entidades que se juzgaban a sí mismas declararon: “Si volvemos como víctimas, quizá nos sintamos lo suficientemente castigados para perdonarnos conscientemente” Pues bien, estos seres encarnaron por montones, para ser borrados del planeta bajo los efectos del gas y las bombas. ¿En realidad murieron? Por supuesto que no.

Cuando tantas personas mueren al mismo tiempo, hay una gran reunión al otro lado. Este grupo alquiló un enorme salón en el plano astral y se congregaron para maquinar su venganza. Estas víctimas de la Segunda Guerra Mundial, que olvidaron que se habían ofrecido como voluntarias para lo que les sucedió, se juntaron y maldijeron, se lamentaron y se retorcieron. Cientos de miles de ellos se hallaban discutiendo cuando uno se levantó y dijo: “Ya sé lo que haremos. ¡Como siempre lo hemos hecho durante millones de años! Puesto que fuimos las víctimas, ahora volveremos como los victimarios. Encarnemos en los Estados Unidos de Norteamérica, pues tendrán el ejército más poderoso que el mundo haya visto jamás. Nos alistamos e invadimos, y eliminamos a todos los que no nos agraden. ¡Y así quedamos a mano!”.

Lo anterior le pareció razonable a la mayoría, ya que ése es el modo kármico normal. Así es como siempre hemos hecho las cosas. Finalmente, otro asistente se puso de pie y se acercó al micrófono: “Esperen un momento. ¿Qué tal si encarnamos en grupo, pero en lugar de militaristas entramos como pacifistas? ¡Podemos ser los niños de las flores, pintar caritas felices y arco iris en todas partes y poner flores en el cañón de los fusiles! De pronto, así, rompemos el patrón que ha perdurado miles y miles de años y nos damos la oportunidad de experimentar algo de paz”. El debate entre militaristas y pacifistas se extendió por un año. Al final, unos cuantos accedieron a probar la paz. “Está bien. Iremos allá y nos negaremos a combatir. Tratarán de intimidarnos y manipularnos porque ésa es la manera como funciona el planeta. Nos meterán a la cárcel si no peleamos, entonces, iremos a la cárcel o nos iremos para Canadá”.

Cuando tantas entidades encarnaron simultáneamente con la imagen mental de caritas felices, arco iris y flores, impregnaron irreversiblemente el pozo telepático de la conciencia con paz. Con eso, garantizaron absolutamente que la paz vencería y que no habría una guerra nuclear en el siguiente millón de años. Más que cualquier otro grupo en la historia, esas entidades garantizaron que pasaríamos de la era de Piscis a la de Acuario sin el hundimiento de Lemuria ni la destrucción de la Atlántida que suele ocurrir en esta transición. Cuando le relaté la historia a la mujer de mi taller, sus ojos se llenaron de lágrimas. Me confesó que durante meses había estado pensando en suicidarse, pero que ahora sentía que todo estaba bien. Al alterar su perspectiva, pasó de creer en la tragedia a entender que había encarnado para evitar la tercera guerra mundial. Había reconocido que era una salvadora. Todos somos salvadores.

 

La culpa equivale a una visión limitada

Echemos un vistazo al origen de esta culpa de la que estamos intentando deshacernos. Todo rasgo o hábito personal que odiamos en nosotros mismos ahora, nos salvó la vida en algún momento de nuestra historia kármica. En retrospectiva, podremos ver que cualquier cosa de la que nos sintamos culpables fue una de nuestras mayores experiencias de crecimiento que hayamos tenido jamás, puesto que logró alterar nuestra conciencia. Queremos seguir buscando formas de entender que ninguna conducta ha sido inapropiada. Dios no lo permitiría. Un Dios cuya principal definición es amor no permitiría un sistema que justificara la culpa. Así que, en verdad, ustedes nunca han cometido un error. Nada existe fuera del amor, entonces, ¿cómo podríamos hacer algo bueno o malo? O escogemos amor o escogemos amor, aunque no nos haya parecido así cuando vimos la situación con nuestros cinco sentidos.

Teóricamente, sabemos que esto es verdad, pero todavía volvemos a eso de “¡Sí, pero yo no fui el único implicado! ¡Mi conducta hirió a esa persona y eso no está bien!”. Bueno, así sería si esa persona no hubiese pagado su matrícula ni se hubiese inscrito en un programa que incluía ser lastimado por usted con el fin de recordar sus lecciones para este ciclo de vida. Si ustedes no hubieran experimentado los conflictos, los desacuerdos y los alegatos en la forma como ocurrieron, le habrían negado a otro y a ustedes mismos el crecimiento más expedito del que disponían. Al final, ambos se graduarán, es cierto, pero mientras tanto tendrían que buscar a alguien más con quién pelear.

¿Saben lo que sucede cuando todos nos hemos mutilado y asesinado los unos a los otros? ¡Cuando nos morimos, hacemos una fiesta con todo el reparto! “¡Qué obra magnífica, compañeros! [literalmente]”. “Qué buena matada la que te di, ¿no crees?”. “¿Otra cerveza?”. Sería muy fácil para nosotros entrar en una escuela elemental y encontrar a un niño llorando porque la profesora lo está obligando a hacer su tarea de ortografía. Aunque nos compadeceríamos de ese niño, no le quitaríamos la lección porque entendemos de qué se trata todo. Ésa es la forma de aprendizaje que los individuos escogen. Lo mismo ocurre en el juego de la vida. Todas esas personas con las que hemos intercambiado palabras agrias o con los que nos hemos enojado o tenido conflictos eran nuestros profesores de ortografía.

Si tuviéramos el poder —que no lo tenemos— de apropiarnos del karma de otro, no lo haríamos. Si arbitrariamente pudiésemos eliminar su dolor y sus esfuerzos, ¿saben lo que nos dirían cuando nos volviéramos a encontrar después de morir? “¡Tú, hijo de p…!” ¡Estaba a punto de graduarme! ¡Pagué toda esa plata y fui a la universidad todos estos años, y justo cuando estaba listo para presentar mis exámenes finales, los destruiste!”. La tierra tiene todo que ver con crecimiento y educación y aprendizaje, y el sistema es perfecto tal como es.

La verdad es que todas las deudas kármicas no son más que una oportunidad divina para una comprensión mejor. Tenemos un perspectiva tan clara del sistema escolar que cuando nuestro propio hijo trae una tarea a casa y quiere salir a jugar, nos transformamos en el gran padre estricto que dice “¡No! ¡Siéntate y haz tu trabajo primero!” porque sabemos que el conocimiento le conviene al niño. Cuando conocemos que al nivel del alma una persona ha dicho: “Debo experimentar el perdón a mí mismo por todo lo que hice”, ¿preferiríamos contestar. “No, prefiero verte sufrir con tu culpa por los próximos diez millones de años”?

Debemos soltar nuestra necesidad de evitarle a otro su karma, sobre todo si es nuestro cónyuge o nuestros padres o nuestros hijos. Ellos sabían en qué se estaban metiendo cuando se matricularon. No podemos reparar a nuestra familia ni a nuestros amigos señalándoles lo que podrían cambiar para mejorar.

Sanar en lugar de reparar

Es claro que surge un conflicto interno cada vez que vemos a alguien cercano experimentar los resultados de su karma. Sabemos bien que no podemos arreglarlos. Componer a alguien significa que deseamos que dejen de herir y herirse porque así nos sentiremos mejor. Como sanadores, debemos obrar de tal forma que obtengan el entendimiento sin tener que pasar por la experiencia. Sólo el universo puede impartir entendimiento. Sin embargo, podemos ayudar manteniendo al individuo en un espacio sagrado de amor y luz puros, sin juzgar las causas ni los resultados. Sí podemos ayudar a la gente a salir del karma.

Cuerpos, costumbres, gustos y disgustos: todo es kármico

Cuando era el ministro encargado de Unity Church en Tulsa, una mujer de la congregación me presentó a su hija y me pidió que le dijera que dejara de fumar. Después de sintonizarme, le dije que si dejaba de fumar en ese punto de su vida, probablemente moriría. Ella acababa de atravesar por un divorcio, había perdido a un niño y soportado otros sucesos traumáticos. Pude ver que su único escape era inhalar y exhalar sus cigarrillos. Para ella, eran una forma de meditación. Le dije que, para sobrevivir, mejor continuara practicando ese tipo de respiración profunda. Todos los juicios que el ego hace sobre los hábitos y la conducta de los demás están errados.

Cerca del treinta por ciento de los cuerpos con los que me sintonizo no tienen problemas con el tabaco. No les afecta. Todo es cuestión de cómo nuestro sistema de creencias ha condicionado nuestros cuerpos. Este condicionamiento es noventa por ciento kármico. Nunca sabemos cómo nuestro subconsciente asume nuestras costumbres hasta que vemos con nuestra visión psíquica. Si ustedes quieren que el acto de fumar sea santo, tomen el paquete de cigarrillos entre sus manos, respiren profundamente y digan: “Yo bendigo y energizo este tabaco sagrado para que nutra y sane mi cuerpo”. Ustedes tienen el poder de hacer eso con cualquier cosa, sea chocolate, vino o tabaco. No fumen un solo cigarrillo que no haya sido bendecido y consagrado primero a la salud y bienestar de todo el ser. Entonces, esos cigarrillos los vigorizarán y les permitirán estar vivos y dinámicos, o desaparecerán de sus vidas sin esfuerzo alguno de su parte.

Tenemos que ver la magnitud de nuestro propio poder. No somos las víctimas de un hábito, de una adicción ni de un karma. En un parpadeo, tenemos el poder de transformar cualquier cosa cuando dejamos de oponer resistencia y nos rehusamos a ver el mal en ella. Nunca ha existido un cigarrillo que no fuera una creación milagrosa. ¿Pueden ustedes convertir una semilla en una hoja de tabaco? Eso me suena a milagro. Todo se puede apreciar bajo esa luz con sólo cambiar nuestra perspectiva.

Para aprovechar nuestro poder personal, es necesario que nos responsabilicemos en esta vida de nosotros mismos y de lo que hemos creado. Esto se cumple igualmente para las cosas negativas y positivas que hayan sucedido en nuestras vidas. Si creemos que el universo ha creado esas experiencias por azar o circunstancia, entonces, estamos interpretando el papel de la víctima y los atrapados. En cambio, debemos percibir que todo lo que ha sido doloroso o bello en nuestras vidas fue algo que creamos inadvertidamente. Se nos considera no culpables. No basta con percibir que somos responsables de todos los sucesos de nuestra vida. Para ser libres, tenemos que soltar la culpa. Ya hemos asistido a conferencias y leído libros de automejoramiento y consultado terapeutas, y todos nos han dicho que nuestra culpa no era justificable. ¡Pero la mayoría no lo cree! Hemos olvidado que una cosa esencial para liberarnos de la culpa es que el tiempo no es lineal. Nuestro karma nunca sucedió.

Para que haya culpa, debe haber errores de percepción

El tiempo no es lineal

La culpa no puede existir sin el concepto del tiempo lineal. Puede parecer la gran motivadora y maestra de la tierra pero, en realidad, no es más que un uso indebido del tiempo. La culpa afirma que lo que se hizo, hecho está. Si eso fuera cierto, ningún maestro habría podido enseñar el perdón. Sería engañoso decir que podríamos ser perdonados, a menos que el tiempo fuera simultáneo. Lo que creemos que hicimos mal nunca sucedió. La mayoría de los terapeutas no llega tan lejos. Pueden ser muy útiles para ayudar a alguien a manejar sus culpas, pero lo que hacen no siempre está alineado con la verdad. Muchos de ellos están enseñándoles a los pacientes a envolver su culpa, a mantenerla bajo control y confinarla en una zona particular, de tal manera que puedan volver a llevar una vida útil y productiva.

La mayoría de los terapeutas cree que realmente hicimos las cosas que hicimos, y eso no eliminará el problema. Si el pasado fuera realmente pasado, Lázaro no habría podido salir de su tumba. Si el tiempo fuera lineal, no podríamos curar a nadie del pasado. Estaríamos condenados a la culpa eternamente y el perdón carecería de significado.

Sólo existe el momento presente. Si proyectamos amor sobre viejas situaciones en el aquí y el ahora, se borrarán todas las culpas que hayamos tenido. Eso re-creará, literalmente, el pasado y el futuro instantáneamente.

Si miramos con nuestra visión psíquica las muchas encarnaciones de Jesús, encontraremos que este tipo fue perfecto. Nunca hizo nada malo, nunca lastimó a nadie, nunca cometió un error. Sin embargo, él mismo me contó que, cuando vivió esas vidas, sintió ira, abusó y aun asesinó a otros. ¿Cómo puede eso ser posible? Cuando finalmente fue consciente, después de muchas vidas, re-creó toda su realidad viendo únicamente amor en el momento presente. Sanó así todos sus “errores” pasados y su culpa, hasta el punto de que ya no aparecen en ningún registro universal.

Nuestra conciencia supera las limitaciones del tiempo y el espacio y, por consiguiente, podemos alterar todas esas experiencias pasadas de la manera que queramos. Por eso, en nuestras historias pueden existir seres literalmente “perfectos” como Buda y Jesús. Ustedes y yo y todos nuestros compañeros de clase terminaremos siendo “perfectos” también. Al tiempo que nuestra visión abarque más y más del cuadro global, llegaremos a ver que nunca cometimos un error.

La vida no kármica requiere práctica

Ningún individuo que hayamos conocido o que vayamos a conocer en el futuro tiene la habilidad de entender y aplicar la verdad en su vida sin trabajar antes en ello. Si se encuentran con alguien en la calle y le dicen: “Mira, así es como funciona el sistema”, seguramente no responderá: “¡Qué bien! Ahora soy libre y soy un maestro. Puedo caminar sobre el agua, levantar a los muertos, levitar y flotar en el espacio”. Así no funciona, debido a la programación subconsciente tan profundamente arraigada.

No hay nada que comprenda mejor la alteración de la conciencia que la industria publicitaria. Ellos se rigen por resultados. Si no consiguen las reacciones esperadas de usted y de mí, saldrán pronto del negocio. Ellos entienden que no es posible pasar el comercial de la cerveza una sola vez, sacarlo del aire y esperar que la gente siga comprando esa cerveza particular. Esta industria domina el proceso de la repetición espaciada, un concepto que altera efectivamente las creencias subconscientes, incluso las espirituales, de los seres humanos.

Si al individuo promedio se le recuerda una y otra vez la verdad, sólo necesitará unas diez vidas para que exclame: “¡Al fin entendí! ¡No tengo que volver a caer en el drama!”. Cuando vemos el cuadro global, nos autoempoderamos y no hay forma de que nos volvamos a enredar en las trampas que la tierra nos pone. Entretanto, seamos bondadosos con nosotros mismos y, cuando caigamos en una trampa, reconozcámoslo. Admitamos que nuestra conducta estaba basada en un viejo patrón y aunque no nos agrade la sensación, reconozcamos que esta vez pudimos ver nuestro error mucho más rápido que en la última ocasión.

Estamos avanzando hacia nuestra iluminación. Cada vez que tropezamos, reconocemos más rápidamente el viejo patrón. Con el tiempo, lo veremos venir anticipadamente y, entonces, tendremos la opción de no volver a resbalar jamás. Cada vez que recordamos vivir conscientemente elevamos un punto la conciencia grupal del planeta. Eso permite que para todos sea infinitamente más fácil hacer lo correcto en la próxima oportunidad. En efecto, se trata del síndrome del centésimo mono: cuando suficientes de nosotros podamos ver con claridad las decisiones que tomamos, todos experimentaremos la iluminación espontánea.

¡Ojo! Aquí viene el karma instantáneo

El karma es amor porque responde a la solicitud de un individuo de iluminarse rápidamente. En tiempos ordinarios sobre el planeta tierra, es difícil convencer a alguien de que el karma existe. Ojo por ojo y diente por diente no es algo con lo que la gente puede relacionarse cuando el primer ojo fue en esta vida y el segundo en otra distinta. Podían matar a sus congéneres y pensar que se habían salido con la suya. No podían ver que retornarían a la tierra para que los mataran en otra ocasión. La energía que rodeaba al planeta era tan densa que tenían que pasar varias vidas antes de que nuestras acciones se nos devolvieran, y necesitábamos ese periodo de gracia para sobrevivir.

Si se hubiera dejado a sus anchas a la bárbara conciencia promedio en un sistema con karma instantáneo, la humanidad habría sido borrada en corto tiempo. Ahora que el velo se está corriendo y entramos en un espacio más amoroso, la demora en el tiempo es menor y el sistema enseña en una forma más concreta. El karma tiene que ver con los pensamientos, no con los actos; los pensamientos y sentimientos lanzados regresan a nosotros en cuestión de minutos, horas o días, en lugar de años o vidas enteras, por lo cual es más fácil ver la relación causa-efecto.

Las lecciones kármicas son buenas maestras, pero hay un modo más fácil

Sólo hay una forma de bajarse de la rueda del karma: escoger ser felices en todo momento. Con eso lo erradicamos. Si nos sentimos culpables por algo que supuestamente sucedió en el pasado, sostenemos un error en la mente. Eso generará un encuentro más con otro error, otra vuelta en la rueda y otra deuda kármica que pagar. Tendemos a buscar técnicas para saltar de la rueda basados en nuestras viejas costumbres de hacer las cosas. Continuamos mirando atrás y diciendo: “Tengo que pagar todas mis deudas (aprender todas mis lecciones) y entonces seré libre”, pero ése es un proceso interminable. Como lo expresó Einstein: “No se puede resolver un problema desde la misma conciencia que lo creó”. No se logra nada buscando formas de corregir el pasado o corregir el error. Jesús nos exhortó a no mirar el error, sino a “mantener la mirada puesta en Dios”.

Tal vez hayamos sentido la necesidad de entender qué hicimos en una vida pasada que nos hizo creer que debíamos experimentar todos nuestros dramas actuales para poder perdonarnos a nosotros mismos. Ése es un juego interesante y en ocasiones útil, pero es un juego kármico. ¡La forma de liberarnos de la rueda kármica es declarar que ya somos libres! Si seguimos culpando a los demás de nuestro predicamento o tratamos de arreglar a la gente o jugar otro juego kármico, separativo, las cosas se pondrán difíciles rápidamente. Todo empeorará minuto a minuto y tendremos que gritar: “¡Renuncio! ¡Renuncio!” Cuando nos negamos a jugar, el juego termina.

El karma instantáneo se aproxima; es lo normal en la era de Acuario. A quienes no se hayan librado de sus quejas se les dificultará sobrevivir en la nueva era. Aquellos que elijan solamente pensamientos amorosos encontrarán que la tierra es el cielo. Lo que ofrezcamos telepáticamente volverá a nosotros como la única realidad que exista para nosotros.