NO HAY TIEMPO PARA EL KARMA
Cómo abandonar la rueda del dolor y del esfuerzo
PAXTON ROBEY© Y LA COLABORACIÓN DE LONE JENSEN

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CAPÍTULO 4
EL PLAN DE SALVACIÓN

La iluminación es una cosa que intriga mucho a los amigos que están en el sendero. Algunas veces, pensamos en ella como si fuera algo que un Buda o un Krishna nos pudiera ofrecer en una bandeja de plata. Queremos creer que despertaríamos si Cristo viniera y nos besara la frente. En realidad, la iluminación nada tiene que ver con maestros ni con dios, dios, altísimo dios. Simplemente, es cuestión de cambiar nuestra perspectiva. Para sentir lo que es la verdadera iluminación, tenemos que sentir lo que verdaderamente somos. Lo que somos en verdad y lo que llegamos a ver mientras estamos en esta realidad tridimensional son dos cosas completamente diferentes. Lo que somos es lo que siempre hemos sido: aspectos de Dios. Como individualizaciones de dios, cada uno de nosotros posee todas las características individuales que le atribuimos a Dios. Declaramos nuestra verdadera naturaleza recordando todas las palabras que usaríamos para describir al ilimitado, omnipotente, omnisciente, amoroso creador del universo.

Pero nosotros no nos vemos de este modo. Mientras tratamos de mirar a través de la neblina de nuestros limitados sistemas de creencias, nos asignamos las características de lo que creemos ver como la naturaleza verdadera del mundo que nos rodea. Y lo que percibimos como la naturaleza del mundo, lo percibimos errado, pues hemos mirado el mundo con los ojos de las figuras de autoridad que nos criaron y no con visión cósmica.

Al parecer, hay dos realidades. Una, teórica para la mayoría de nosotros, es la eminente realidad de la conciencia de Dios, el estado de apreciación en el que moran los seres iluminados. La otra, que es el mundo básico o “real” en el que vivimos, es el foco de nuestra atención el noventa y nueve por ciento del tiempo. Muchos buscadores espirituales, ortodoxos y no ortodoxos, creen que los seres iluminados tienen el poder de transportarnos de un estado de conciencia al otro, pero no es así.

Los graduados de la escuela tierra regresan

El plan de salvación es, sencillamente, un esquema por medio del cual los individuos que han resuelto una parte del rompecabezas comparten su información con todos aquellos interesados. Así, los que se gradúan de esta escuela retornan ocasionalmente a experimentar los viejos días de escuela, y nos cuentan algunas buenas historias sobre quiénes somos y cuál es nuestra verdadera naturaleza. Lo que hacemos con esa información depende enteramente de nosotros.

Los graduados que vuelven nos dicen que el estado natural del ser en todos los universos es de alegría, éxtasis, cero estrés, cero presión, abundancia, aventura, emoción, paz y amor. Si ésta no fuera la condición natural, entonces, ninguna entidad podría lograr tales características permanentemente. Si estos estados fueran anormales, tendríamos que estar remando contra la corriente para estar en paz, lo cual, de por sí, es una contradicción.

Además, nos dicen que las anormalidades del universo son el dolor, el esfuerzo, la presión, el estrés, la tragedia y el conflicto, y que para mantener el estado de incomodidad debemos remar corriente arriba. Esto lo hacemos cuando defendemos nuestras creencias aunque no nos hayan hecho felices. Nos dicen que si dejáramos de remar en contra, sería un placer para la corriente incluirnos en el flujo natural del universo.

Uno de los errores que usualmente defendemos es que somos individuos separados. Los graduados nos recomiendan abandonar esta creencia si no queremos más de “yo solo contra el universo”. Cada uno de nosotros es parte del universo o, mejor, cada uno es el universo. Ninguna entidad puede alcanzar la iluminación en solitario porque “solo” es una inverosimilitud en lo que respecta a la verdadera realidad.

Evolución instantánea contra evolutiva

Aunque cualquier cosa es posible en este universo, las iluminaciones instantáneas que ocurren cuando vamos de camino a Damasco y se hace la luz y la verdad nos es revelada, por lo general, sólo se dan cuando hemos estado trabajando en nosotros durante más o menos quince millones de años. Despertar no es algo instantáneo porque éste es un sistema evolutivo.

Si visitáramos a un gurú de Oriente, nos diría que nos sentáramos y nos calláramos y observáramos nuestra respiración durante veinte años y que, entonces, tal vez, aprenderíamos algo. En Occidente somos demasiado impacientes para gurús, y preferiríamos gastar quinientos dólares en un seminario intensivo de fin de semana que nos prometiera la iluminación instantánea. Nos gusta creer que llenamos los requisitos para el despertar instantáneo.

Pues bien, el viaje de vuelta no es más que mirarse en el espejo y ver que Yo Soy lo que Yo Soy. Cada uno de nosotros es dios, dios, altísimo dios, y eso es lo que siempre hemos sido desde el principio de la creación, solamente que debemos adelantar un proceso evolutivo para volver al lugar donde podamos recordar esa verdad.

Si somos francos, debemos admitir que nuestra búsqueda espiritual no está motivada por el hecho de que amemos a Dios o queramos ir hacia la luz. En verdad, nada de eso nos importa; ¡lo único que queremos es sacarnos la presión de encima! Queremos que se acaben el dolor y la lucha y sólo por eso es que estamos en la búsqueda. Nadie tiene que sentirse culpable por su motivación. No tenemos que decir: “¡Dios! No estoy siendo muy espiritual en esto…”. Así fue creado el sistema y así funciona.

El universo siempre ha entendido las motivaciones humanas y, en lugar de juzgarnos, aprovecha nuestra naturaleza para conducirnos de regreso a Dios. El universo sabía que no íbamos a hacer nada demasiado altruista. El plan de salvación no sólo es perfecto, sino que es categóricamente práctico. El que quiera aprender la verdad con el propósito de acabar con su pobreza o de curar su enfermedad, terminará encontrando a Dios. El universo sólo espera de nosotros que le pongamos punto final a nuestro sufrimiento. Entonces, nos despertaremos un día para encontrar que hemos recordado nuestro ilimitado estado natural de ser.

La caída del hombre

Alcanzamos la iluminación y la perdemos mediante el mismo proceso. Todos comenzamos como pedazos perfectamente individualizados de Dios. Luego, como exploradores, empezamos a experimentar con estados de ser menos que “perfectos”. Probamos con la limitación del tamaño; la limitación es divertida e intrigante. A muchos les encanta buscar la salida de los laberintos. Lo que debemos recordar acá es que, en algún punto del camino, voluntariamente permitimos que nuestros sistemas de creencias, nuestras percepciones, se volvieran limitadas. No es algo que nos hicieron: nosotros mismos nos lo hicimos. Nuestro libre albedrío jamás ha sido violado. Nadie nos llevó pateando y gritando de un estado de conciencia infinita a uno de limitación. Puesto que nuestro libre albedrío nunca puede ser violado, debemos usar esa misma capacidad de tomar decisiones acerca de lo que vamos a creer y con qué ojos vamos a ver para recuperar nuestra iluminación. No existe una cosa como la redención delegada.

Esta tierra fue creada por entidades exploradoras del universo. Todos somos aventureros. Toda la historia de la humanidad es una exploración de nuevas tierras, nuevos continentes, la luna en los cielos y las profundidades del mar. Lo mismo se cumple para quienes habitan el resto del universo. Los fundadores de esta escuela escogieron explorar todos los dominios que pudieron pensar en crear, y los crearon en el instante en que los visualizaron. Cuando se comienza desde la totalidad, sólo hay un camino que seguir. Ése fue el inicio de nuestro proceso de descenso, vagamente llamado “la caída” en la Biblia. Seres ilimitados, acostumbrados a vivir en un número infinito de dimensiones, declararon: “Esto es muy aburridor. Tratemos de vivir en una realidad de cien millones de dimensiones. ¡Ah, esto es divertido y emocionante! Pero ya me estoy cansando. Mejor, volvamos a la luz. Ahora, regresemos abajo y ensayemos en una realidad de mil dimensiones… eso sí que debe ser algo muy confinado. Ahí sí nos tocará figurarnos cómo salir. ¡Todo un reto! Es tan denso que hasta hay color. Bien, esto es mágico pero ya estoy listo para volver a la luz. OK, probemos la realidad tridimensional en nuestro próximo viaje. Tres dimensiones es algo tan limitado que es casi como no ser. ¡Apenas si existimos! ¡Dios, esto es tan confinado que las cosas son sólidas! Nunca habíamos experimentado la solidez. ¡Juguemos! Quiero ser una cabra. Quiero ser un árbol. Quiero ser un arcángel. Grandioso, pero volvamos a… ¿qué? ¿adónde? Se me olvidó. ¿Dónde está esa ventana? ¿Dónde está la puerta? ¡Oh, oh! Creo que estoy atrapado”.

Llega un momento en que hemos corrido tantas persianas que no entra luz suficiente para encontrar el camino a casa. Entonces, decimos: “Sé que hay una puerta en alguna parte; mejor, empecemos a buscarla. ¡Eso es! ¡Seamos buscadores!”. Antes éramos sabedores, ahora somos buscadores. Y nuestros amigos que aún vivían en la luz dijeron: “Ey, muchachos, no se preocupen. Crearemos un plan de salvación para traerlos a casa”, a lo que nosotros replicamos: “No nos digan lo que tenemos que hacer. ¡Tenemos libre albedrío!”. Exasperados, nos contestaron: “Está bien, no violaremos su libre voluntad. Los dejaremos sufrir tanto como quieran y, cuando estén listos, les enviaremos a alguien para que lo sigan a casa. Pero él no los va a arrastrar; ustedes tendrán que seguirlo voluntariamente”.

Cada vez que alguien ha venido acá a mostrarnos la puerta, lo hemos convertido en un salvador. Los llamamos mesías. En realidad, sólo era Enrique o Susana que vino a ayudarnos a encontrar la salida. El plan de salvación no es “divino”: sólo es sentido común. No es más que gente ayudando a otra gente que corrió demasiadas persianas y dejó de ver la luz.

Sacerdotes y profetas

En cumplimiento del plan, al iniciarse cada era astrológica, ha aparecido un maestro en la tierra para tomar la verdad simple (y la verdad siempre es simple) y expresarla en el lenguaje del día, reemplazando el lenguaje antiguo. Los maestros establecieron los lineamientos para la nueva era. Cuando las enseñanzas se dictaron por primera vez, eran puro sentido común, e indiferentemente de si era Buda, Abraham o Mahoma el que las pronunciaba, su propósito era aclarar y simplificar el dogma en uso. Con el tiempo, deificamos a los maestros y las enseñanzas se alteran, pues incluyen las interpretaciones y opiniones de los “sacerdotes”. El dogma toma las riendas.

Siempre ha habido dos tipos de maestros en el planeta: los sacerdotes y los profetas. Los profetas aportan una buena percepción, gracias a su sintonización intuitiva con el espíritu. Los sacerdotes toman las palabras de los profetas, las convierten en sagradas y, luego, le dicen a todo el mundo cómo se debe vivir. Nos exhortan a reverenciar al maestro y a adorar a todos los profesores. Hacen una divinidad de un Jesús y un dios de un Buda, lo que los hace parecer algo que nunca podremos ser. Los verdaderos maestros nunca quisieron estar en el pedestal de nadie. Jesús mismo repetía: “¡Yo no soy su rey! ¡Soy su hermano!”, pero los sacerdotes lo rodearon y lo hicieron un Dios. Como estudiantes espirituales, todos hemos oído que debemos reverenciar a la jerarquía, el logos y los reinos angelicales, y los ponemos en los santuarios o en nuestros altares para adorarlos. Pero nuestra orientación no viene de los altares, sino de nosotros mismos.

Para el estudiante espiritual consagrado, el tiempo del sacerdocio ha terminado. Pronto, también terminará el tiempo de la voz profética separada de nuestra voz interior. Esas voces externas funcionaron en las eras en que los individuos no tenían conexiones concretas con su propia guía interior. Cuando no había una visión interna clara, se requería un profesor que dijera: “Si no quieren otros diez mil viajes en este ciclo, he aquí el sendero que deberían seguir”.

Senderos, gurús y servicio

Los senderos son extremadamente útiles para estudiantes cuyos seres intuitivos no se han desarrollado completamente. No obstante, puesto que un sendero es la idea de alguien más respecto a lo que se requiere para volver a casa, llega un momento en que debemos destetarnos. En última instancia, el único camino para cada uno será el que le dicte su voz interior.

En esto, hemos de ser muy discretos. Evitemos hacer juicios (errores de percepción) acerca de si alguien más va por el camino correcto. Esto se trata de acelerar nuestro propio camino a la felicidad y no de lo que necesitan los demás. Cada uno escoge por sí mismo.

Nosotros, como maestros en proceso, pasamos por una fase experimental, de ensayo y error si se quiere, de ganar confianza en nuestra guía interior. Probamos nuestra voz interior. A veces, creemos que es la voz interior de Dios pero, en realidad, es la voz interior del ego y echamos todo a perder. Pero, tranquilos, no hay problema, podemos volver a ensayar y retornar a nuestro gurú interior en busca de consejo.

Aunque nos libremos de nuestra dependencia en gurús, maestros y hasta padres, podemos seguir conectados con ellos si así lo deseamos. Lo que sucede es que cambiamos nuestra forma de verlos; los bajamos de sus pedestales y ya no los seguimos ciegamente. Los sentamos en nuestra mesa de conferencias, como asesores.

Mucho de lo que discutimos aquí es cuestión de semántica. Creíamos que había profesores y conocimiento fuera de nosotros, y por eso estábamos habituados a buscar la sabiduría por fuera de nosotros mismos. Para el universo, eso no es problema, pues él nos enseña dentro del marco de nuestro sistema de creencias. Pero también sabemos que lo único que podemos ver afuera hace parte de nosotros mismos. Lo que vemos como realidad es un espejo. Aquí sólo estamos ensayando algunos trucos para ayudarnos a recordar que Yo soy la sabiduría que Yo busco. Iluminarse es recordar.

Hay muchas formas de gurús. El gurú puede ser una persona (viva o muerta), un libro, una filosofía o una tradición. Sea lo que fuere, siempre tendrá dos lados; contiene algunos elementos de verdad y otros de distorsión humana. Así que sin importar si nuestro gurú ha sido Jesús, la Biblia, Un curso de milagros, el Bagavad Gita, la tradición indígena americana, la naturaleza, las escuelas de misterio o alguno de los nuevos “canalizadores” de la antigua sabiduría, no se lo tomen muy en serio. Si les conceden más valor a las palabras literales o los rituales del gurú que a sus propias corazonadas y percepciones, se están preparando para un viaje largo, lento y quizás estresante. Nada de lo que hay afuera es “sagrado”; es lo que es y nada más.

Si en este punto del desarrollo humano no se hubiesen inventado los senderos, los gurús y las enseñanzas, no tendría importancia alguna. Inmediatamente, el universo echaría mano de un nuevo truco para llevarnos a descubrir nuestra verdadera naturaleza, y lo haría sin violar nuestro libre albedrío.

Bien sea que nos veamos como caminantes antiguos o actuales del sendero o como observadores de los peregrinos, en nuestro entrenamiento como profesores espirituales es útil explorar las sendas que han evolucionado de la condición humana. Una de las primeras cosas que los buscadores aprenden en sus senderos es que estamos relacionados con toda la humanidad. Esto altera drásticamente la imagen que cada uno tiene de la realidad. Gracias a este conocimiento, tarde o temprano, los estudiantes espirituales desarrollan un sentido de propósito. Poco a poco, se hace evidente que nuestra misión, nuestro sendero, parece ser el servicio a los demás.

El gurú principal de casi cualquier sendero sugiere o implica en algún momento cuál sería el método de servicio más apropiado. Pero, a medida que continuamos desarrollándonos y experimentando con nuestra conexión interna con lo cósmico, se nos revela nuestra propia forma de servicio a la humanidad. Mientras más evolucionamos, más reconocemos que, en general, todos tenemos los mismos objetivos. Nuestra singularidad radica en cómo ayudamos a implementar la paz y la comprensión en la tierra. Una persona puede hacerlo como programador de computadores, mientras que otra lo hace como encargado del correo. Literalmente, no hay dos senderos iguales, aunque el objetivo común sea manifestar la unicidad con Dios.

En algún punto próximo al final de nuestra travesía en el tiempo y el espacio, la humanidad que despierta descubre que no estamos relacionados con los demás, sino que somos los demás. Cada persona, indiferentemente de su estado de conciencia, es un aspecto de Dios; cada una tiene los atributos y características de Dios. El objetivo del estudiante que despierta pasa de reparar personas y situaciones que parecen estar erradas a convertirse en ejemplo vivo del poder amoroso y sanador del principio divino. Cuando los individuos funcionan desde el sentido de estar separados de los demás, equiparan con vanidad o egoísmo el hacer algo para sí mismos. Pero cuando funcionan con conciencia entienden que sólo hay una mente, un corazón y un alma en todos los universos. Entonces, servir al propio ser es servir a todo lo que es. No sólo nos merecemos muchas cosas maravillosas en nuestras vidas, sino que debemos aprender que la prosperidad y la salud perfecta y la paz interior son el estado natural del ser. No podemos dar un regalo que no poseemos. Todos los senderos terminan donde empezaron. Todos los senderos terminan cuando el discípulo tiene la audacia de decir: “Yo hablo con Dios; Yo soy Dios”.

La Biblia como sendero

La Biblia puede tomarse como un sendero que cada uno de nosotros ha transitado durante eras y eras. Comienza con el modo puramente kármico del ojo por ojo. Luego, Moisés (que representa a alguien que ha entendido la ley cósmica) trata de sacar a los niños de Israel (los buscadores) de la selva (la vida estresada). Después de muchas generaciones de guerras (dirigidas por los intelectuales), aparece un gran maestro, que enseña la verdad en parábolas (cada cual debe interpretar dentro del contexto de su propia realidad subjetiva). Más adelante, vienen muchos años de interpretación de las palabras del maestro en las cartas a las diversas iglesias (lo que representa nuestro proceso interno de tratar de reconciliar nuestra recién recordada “verdad” con nuestras viejas y estancadas instituciones internas). Ni la Biblia ni los demás libros de guía espiritual tienen que ver con sucesos ni filosofías externas; sólo es una metáfora de nuestro proceso personal interior. Nada existe externo a nosotros mismos.

El último libro de la Biblia es la Revelación. Aquí es donde se le revelan directamente las cosas al buscador. No puede haber más libros después de la Revelación. Cuando alcanzamos ese punto de nuestro desarrollo, sabemos que no hay más respuestas “allá afuera”, sino que éstas se revelan en nuestro interior. Aquí termina el libro, no la evolución del alma.

La iniciación en la maestría significa que la persona se libera de sus muletas espirituales y hace su demostración dependiendo única y exclusivamente de su guía interior. Este paso puede ser muy atemorizante, y se lo conoce como “la noche oscura del alma”. Jesús reveló su lucha personal con este paso cuando exclamó: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”. Cuando una persona llega a ese nivel crucial de confianza, donde deja de tomar decisiones basadas en la información de las figuras de autoridad u otros gurús y entra a depender de su guía interna, por más confuso que parezca, está en camino del autoempoderamiento. Una paradoja más, porque cuando uno descubre que no está separado de nada ni de nadie es cuando se empodera como individuo.

Es tiempo de reconocer y honrar nuestro propio sendero de experiencia individual. En realidad, hay tantos planes de salvación como seres humanos porque la realidad es subjetiva y singular. Nadie jamás ha experimentado lo que otra persona. Nadie puede hacer lo que usted puede hacer y nadie puede ser lo que usted es. No podemos seguir un sendero que no esté en armonía con nosotros mismos. Cualquier cosa que hayamos escogido ser estará bien para el universo. Cualquiera sea nuestro objetivo, nos llevará a casa. Si queremos sanar el planeta, terminaremos sanándonos a nosotros mismos. Si queremos sanarnos a nosotros mismos, terminaremos sanando el planeta. El sistema es perfecto.

El sendero Occidental

Cuando empezamos a ver la vida como una serie de paradojas, ya estamos en camino de ver la gran panorámica. En el mundo occidental no necesitamos avatares porque nadie les creería. Si el mismísimo Sai Baba llegara a nuestra oficina y comenzara a hablar, el efecto en sus oyentes no sería positivo. Si queremos enseñar en el mundo occidental, debemos comprender la mente occidental, que exige que un maestro se oiga inteligente. Por consiguiente, es muy apropiado que leamos antes muchos libros y nos aprendamos todo el vocabulario para que parezca que lo tenemos todo bajo control. Pero la verdad es que no aprendemos de los libros; lo que hacen, simplemente, es desencadenar recuerdos de lo que siempre hemos tenido en nuestro interior. Si en realidad la información fuera nueva, nos habría tomado diez mil vidas entenderla.

No hay forma alguna de que aprendamos la verdad espiritual en un mes de lectura si los datos son nuevos para nosotros. La facilidad con la que absorbemos “nuevas” ideas es prueba absoluta de que todo lo que hacemos es reconectarnos con la información que perdimos temporalmente. Cualquier comprensión alcanzada por una persona es siempre intuitiva. Si las palabras nos hicieran comprender la verdad, entonces, todo el mundo entendería lo mismo de una charla espiritual, pero no hay dos personas en el mundo que escuchen y entiendan lo mismo. Despertar es el proceso de recordar lo que sabíamos hace un millón de años o antes de que comenzara el tiempo. Por eso, otra paradoja es que si bien la única comprensión que tendremos jamás proviene de nuestro ser interior, nunca la conseguiremos sin los libros, las cintas, los atardeceres y la música que todos necesitamos como recordatorios continuos mientras nos encontramos sumergidos en este pozo telepático.

El sendero llamado Un curso de milagros

Un curso de milagros es uno de los tantos millones de declaraciones de la verdad que existen en el mundo. Para los occidentales, con su programación occidental en la que el intelecto y la tecnología reinan, creo que el Curso es la mejor guía moderna que existe por escrito y que nos puede conducir de vuelta a casa. El Curso de milagros nos dice que adonde queremos ir es hacia la paz interior, y que todo lo demás que hemos estado persiguiendo retrasa nuestra sanación o nuestra felicidad. La mente humana ha sido programada para decir que desea paz, felicidad y alegría, pero decide comprar casas y carros, lo que sólo le supondrá pago de cuotas, deudas y estrés. Todos tenemos la tendencia a ir en pos de cosas que no queremos, pensando que traerán consigo lo que sí queremos. Estamos programados para buscar la felicidad y no encontrarla jamás.

El Curso nos advierte que los pasos intermedios jamás nos satisfarán. El mensaje de los tres libros del Curso pueden resumirse en una sola afirmación: en cada momento de cada día, usemos el poder de nuestra voluntad para escoger la paz. Si podemos hacerlo, llegaremos a casa y seremos libres. Los maestros también nos dijeron que siempre fuéramos directamente a Dios. No nos dijeron que hiciéramos escalas ni que recogiéramos doscientos dólares, sino que fuéramos directamente a Dios. No obstante, nos encanta inflar nuestras apuestas. Todavía no queremos alejarnos de los maestros más sabios de la tierra. Pensamos que ir directamente a Dios es un paso demasiado largo, por lo que nos contentamos con sólo un poco de conciencia cósmica.

Un curso de milagros no es un libro teológico. Los teólogos discuten la semántica y el significado de Dios, y crean universidades para enseñar la espiritualidad desde el cerebro izquierdo. No entienden que la gente puede alegar para siempre sin encontrar una respuesta. En cualquier argumento o debate, una parte debe tener la razón y tratar de convencer a su oponente de que su punto de vista es correcto o intentar encontrar algo razonable para apoyar esa perspectiva. Los teólogos siempre tratan de estar en lo correcto. Mejor, busquemos un estado de conciencia cósmica y dejemos de usar las palabras para demostrarles a los demás nuestro valor. No podemos tener razón y ser felices al tiempo. Cada vez que decidamos jugar de acuerdo con las reglas del amor, experimentaremos crecimiento y comprensión.

El Curso busca prepararnos para un modo de pensamiento contrario al del mundo. Como decía Einstein: “Un problema no puede resolverse desde la misma conciencia que lo creó”. Debemos estar dispuestos a cambiar nuestros pensamientos y creencias por otros que funcionen. El Curso es contundente: va directo al meollo del asunto de la manera más rápida. Por eso, es rechazado por aquellos que no aún no se sienten tan frustrados por la aproximación analítica de la vida como para arriesgarse a un nuevo enfoque.

Algunos ni siquiera pueden pasar del índice sin que sus mentes analíticas se sientan ofendidas porque si lo que se dice ahí es verdad, entonces, su educación y su código personal de vida han sido una pérdida de tiempo. El índice del libro de ejercicios empieza así:

  • Nada de lo que veo significa nada.
  • Le he dado a todo lo que veo todo el significado que tiene para mí.
  • No entiendo nada de lo que veo.
  • Estos pensamientos no significan nada.
  • Nunca estoy disgustado por la razón que creo.

Otros encabezados son:

  • No percibo lo que más me conviene.
  • No sé cuál es el propósito de nada.
  • No soy víctima del mundo que veo.
  • He inventado el mundo que veo.
  • No hay nada que temer.
  • Tengo derecho a los milagros.
  • La voluntad de Dios para mí es la felicidad perfecta.
  • En mi indefensión radica mi seguridad.

En el mundo occidental hemos sido educados para creer que tenemos la responsabilidad de permanecer vigilantes con respecto al mundo, al que hay que reconocer como hostil. Se nos ha enseñado a analizar toda situación para encontrar el curso correcto de acción. Debemos ser cautelosos. Somos cautelosos en las relaciones y en la política, cautelosos con las demás naciones. Somos cautelosos en conceder poder a los hambrientos. Nuestro adiestramiento sería el apropiado si la premisa fundamental de la educación occidental fuera cierta: todos estamos separados.

Pensemos por un momento en lo que diría el profesor de historia o de economía sobre algunas de las declaraciones anteriores. Obviamente, que cualquier mente racional sabría que en el caso de las fuerzas militares extranjeras, la afirmación “en mi indefensión radica mi seguridad” no es cierta.

¿Qué tipo de educación recibiríamos si “nada de lo que veo significa nada” fuera verdad? ¿Ni siquiera los precios de las acciones? ¿Ni siquiera las grotescas imágenes del telenoticiero de la noche?

Para poder salirnos de la rueda del karma es necesario revertir nuestro proceso de pensamiento. El pensamiento del mundo es pensamiento kármico, que recrea viejos patrones una y otra vez. Para extraer algo del Curso es necesario dejar de juzgar la lectura (pienso que las figuras de autoridad nos dijeron que eso sería más o menos como que nos lavaran el cerebro). Si el modo del mundo no funciona, ¿por qué no arriesgarnos a confiar en que el universo está de nuestro lado y no va a permitir que nos extraviemos?

No puedo resistir las ganas de lanzarles unos cuantos cursismos más.

  • Qué prefieres: ¿tener la razón o ser feliz? Porque no puedes tener ambas cosas a la vez.
  • Todo análisis es del ego.
  • Todo es para mi mayor conveniencia.
  • La confianza resolvería cualquier problema ahora.

La felicidad como sendero

Todas las sendas, todas las disciplinas espirituales de todas las culturas y todos los tiempos conducen a un mismo destino: ser felices. La felicidad cura todas las enfermedades, detiene las guerras, lo arregla todo. El Curso señala que la felicidad es una opción. Para aquellos que entienden el cuadro global, no hay víctimas. Sin embargo, las figuras de autoridad nos enseñan que las únicas cosas reales son las que percibimos con los cinco sentidos, que la victimización es real y que debemos dominarla para poder alcanzar la felicidad. Pero hay un tropiezo: debemos escoger si creerles a las mejores mentes del planeta o a los maestros. La situación es excluyente: uno no puede iluminarse parcialmente, del mismo modo que una mujer no puede estar ligeramente embarazada. O lo estamos o no lo estamos. ¿Cuántos miles de páginas van a tener que leer los seres humanos antes de darse cuenta de que la iluminación no puede aprenderse ni alcanzarse mediante una conducta racional?

¿Qué pasaría si todos dijéramos: “No voy a aprender una sola cosa más ni leeré un libro más para decidir que soy feliz”? Realmente, sólo tenemos una opción: creerles a las figuras de autoridad y permanecer en la rueda del karma o renunciar. Hagan esta prueba: vayan a algún lugar donde puedan estar solos, respiren profundo y griten: “¡Renuncio!”. Experimentarán un gran alivio, al menos mientras comienzan a analizar lo que sus amigos pensarán cuando vean que ustedes dejaron de luchar. La felicidad es una decisión interna.

¿Por qué no todo el mundo tiene lo que desea? ¿Por qué gastamos toda la vida pensando que después de luchar tendremos todo lo que queremos? Nadie lo ha hecho así jamás. La mayoría de la gente que está en el planeta hoy en día no se halla preparada para el proceso completo de despertar porque sus limitaciones son de toda la vida y no está dispuesta a abandonar sus viejos patrones y creencias. Por eso, cuando para el amoroso universo es obvio que se rehúsan al cambio, los exime y luego los vuelve a matricular para que empiecen todo de nuevo. Los que no entienden cómo funciona este sistema lo consideran una tragedia, pero en realidad esto nada tiene de trágico. Es amor y verdadera compasión retirar a una persona de una mala situación y darle otra oportunidad.

La verdadera enseñanza siempre es sencilla y tranquilizadora

A veces, tememos perdernos la gran enseñanza impartida por un gran gurú. Pero ahora que hemos dejado de buscar un significado intelectual en sus palabras y hemos decidido escuchar solamente el mensaje sencillo de sus corazones, entendemos que siempre han dicho lo mismo. Podemos ir a sentarnos los próximos seis meses a los pies de Sai Baba y sólo nos dirá una cosa: “Sean amor”. La gente llega de todas partes del mundo a la India y se sienta junto a otros miles, esperando que este avatar se asome a su balcón y les diga algo que ignoran, y todo lo que él les dice es: “Sean amor”. Por el camino también está Mer Baba, otro avatar. Y todo lo que él les ha dicho a las multitudes que lo visitan es “Sean felices”. Eso es todo. ¡Cuán sencilla es la espiritualidad! Cualquier enseñanza que sintamos compleja es del ego. El espíritu es el epítome de la simplicidad.

Con frecuencia, la gente pregunta: “¿Cómo podemos saber si la voz interior es ego o espíritu?”. Al ego le encantan la complejidad y lo intrincado. El espíritu, en cambio, funciona desde fuera del reino del espacio-tiempo tridimensional; su voz es suave, no tiene prisa, no presiona. Para el espíritu no hay tiempo, por lo tanto, nunca estamos retrasados. Para el espíritu no hay situaciones irreversibles y, entonces, nada es demasiado importante. El espíritu dice: “Paz; aquiétate y sabe que Yo Soy Dios”.

¡Felicitaciones! Eres candidato a la iluminación

Si pudieran ver lo que han estado haciendo en los últimos diez millones de años, entenderían que ya han hecho casi todo lo que se requiere en esta escuela para lograr la iluminación. Han vivido su vida en Egipto y Grecia, y han hecho brujería y magia. En esta vida, ya no tienen que repetir. Tomen todo lo aprendido y aplíquenlo esta vez para autoempoderarse, en lugar de volver a aprenderlo todo de nuevo. Ésta es la vida en la que Nike tiene razón cuando pregona Just do it! (“¡Sólo hazlo!”)

No esperen a leer un libro más ni a escuchar al próximo orador ni a sentarse a los pies de otro gurú antes de ser felices. En esta etapa de su evolución, eso sólo demoraría su felicidad. Adelante, lean libros esotéricos y vayan a la India si quieren. Pero no crean que eso les va a traer la paz interior. No será así. Primero escojan la paz, y luego hagan sus exploraciones como parte de la danza de sus vidas. No encontrarán la paz fuera de ustedes mismos.

Recuerden que el universo está de su lado y que en cada instante conspira para despertarnos, para conducirnos a la felicidad. Eso quiere decir que en este mismo momento cada uno está en la situación ideal para aprender a despertar. No podría haber un lugar más perfecto en este instante que aquel en el que estamos. Ésa es la ley cósmica. Pero ahora no entiendan con esto que deben quedarse donde están. El sitio perfecto para cada cual dentro de un par de momentos depende de nosotros mismos y de nuestra guía interior.

Sai Baba no necesita que vayamos a sentarnos a sus pies. Ya su agenda está demasiado apretada. Lo que él pide es que seamos sinceros con nosotros mismos y vivamos basados en los dictados de nuestro corazón, para que seamos maestros iguales a él.

¡Lo único que nos queda es despertar! Declaren en este instante que pueden salir por la puerta y ser felices para siempre jamás. Ninguna persona, ninguna iglesia, ningún libro nos puede cambiar. El universo los ama tanto que cada vez que buscan una respuesta afuera, lo único que encuentran es frustración. De repente, están en la tierra de nadie. Ya no pueden volver atrás porque ningún gurú del planeta los aceptará como estudiantes, sino como a sus amigos.

El plan de salvación consiste en enseñar y aprender de aquellos que se hallan a un pelo de distancia de nosotros en comprensión. Sólo podemos escuchar a los que se encuentran más próximos a nosotros en la escalera, y sólo ellos pueden escucharnos. Esto se cumple igual para encarnados y desencarnados. Cada uno sólo puede atraer hacia sí aquello que puede comprender. No sería útil para un ser iluminado aparecerse en la sala de estar de un tipo promedio y soltarle un discurso. ¡Fulanito Normal no sabría de qué rayos le estarían hablando!

La mayoría de nosotros necesita un profesor avispado, con el que nos podamos relacionar, es decir, alguna entidad que también tenga cuentas por pagar y problemas en la oficina y gente con la que alegar. En el mundo práctico de ayudarnos el uno al otro con nuestros retos, finalmente hemos descubierto que los mejores consejeros de los drogadictos también fueron drogadictos. Los líderes de Alcohólicos Anónimos son ex alcohólicos. Así es como funciona todo aquí. El entrenamiento que reciben todos aquellos que trasiegan su propia basura los convierte en los mejores escuchas y sanadores (si es que se requiere sanación). La consejería espiritual también funciona así. Los estudiantes espirituales tienden a acreditar a los maestros que vienen a este planeta con su carga de basura y que se las arreglan para liberarse y ejecutar su propia transformación.

Ahora depende de cada individuo que el universo se transforme. Algunos de ustedes se estarán preguntando: “¿Qué tengo que hacer? ¿Cuál es el plan? ¡Denme mi agenda!”. La verdad del asunto es tan simple que ofenderá sus intelectos: todo lo que tienen que hacer es sanarse a sí mismos, elegir la paz en todo momento. Estamos en esta tierra para ser ejemplo de entidades iluminadas, y ya no hay misterio respecto de lo que significa estar iluminados. Antes era un gran enigma, y leíamos libros sobre gente que irradiaba luz desde la coronilla y podía hacer trucos fantásticos. Pero toda la magia del mundo carece de importancia si no nos hemos sanado a nosotros mismos.

¿Qué sucederá con la tierra cuando todos aprendamos a ser impecablemente felices en esta vida? ¿Saben ustedes que su felicidad irradiará a través de toda la conciencia grupal en el pozo telepático y tocará cada molécula del planeta? Penetrará cada neurona de cada ser humano encarnado porque todos somos parte del pozo telepático de este planeta. Cuando aprendan a divertirse, el juego habrá terminado. Cuando puedan reír y jugar en cada instante, se graduarán y mirarán atrás, asombrados, preguntándose qué significaban aquellas tonterías esotéricas de las que todos hablaban. Para ustedes, el resto de la eternidad será enormemente feliz.

Para que la divinidad y la luz habiten en nosotros sólo tenemos que ser felices. Reconozcamos en nuestro interior que aceptamos la dicha porque no podemos aprenderla y no podemos ganarla. Lo que tenemos que hacer es reclamarla.

La felicidad es una decisión interior. Cuando decidimos ser felices, nos adentramos en nuestro propio poder y comenzamos a transformar en grande la conciencia grupal. La salvación siempre ha sido lo más sencillo del mundo. Cuando reímos, jugamos, nos atontamos, les hablamos a los árboles, hacemos el amor, miramos atardeceres, tomamos baños de burbujas y bailamos, entonces, como al flautista de Hamelín, un millón de almas quiere seguirnos a casa.