NO HAY TIEMPO PARA EL KARMA
Cómo abandonar la rueda del dolor y del esfuerzo
PAXTON ROBEY© Y LA COLABORACIÓN DE LONE JENSEN

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CAPÍTULO 3
LA DIRECTRIZ PRIMARIA
y otros conceptos cósmicos

La transformación y el despertar que observamos cuando vemos caer dictaduras, la popularidad en aumento del día de la tierra y los comentarios abiertos sobre las relaciones no es una cuestión de azar. Todo ello no sucede sólo porque el calendario avisa que está llegando la era de Acuario, sino porque entidades como ustedes se han encarnado y sumergido en el pozo telepático de la energía que rodea este planeta. Permítanme explicarles.

Aislacionismo cósmico

El nuestro es un sistema escolar cerrado. En lo concerniente a la conciencia grupal, se encuentra aislado del resto de la galaxia. Así como cualquier escuela privada tiene sus propios objetivos educativos y su propia junta de directores y busca un tipo específico de estudiantes, lo mismo sucede en la escuela Tierra. En las escuelas que conocemos, el público en general puede elegir la junta escolar, pero no usurpar las funciones de los profesores, del rector ni de los miembros de la junta. Si una persona desea enseñar a los estudiantes, debe presentar su solicitud y enviar su hoja de vida. Lo mismo sucede con la escuela tierra.

Para poder asistir a esta escuela, debemos respetar la directriz primaria. Tal vez la recuerden por la serie “Viaje a las estrellas”. Esta directriz declara que, de acuerdo con la ley cósmica, ninguna civilización ni grupo de entidades puede llegar de fuera de un sistema a imponer cambios, sin importar su grado de iluminación. Simplemente, es imposible alterar la conciencia de un sistema cerrado sin unirse y participar.

La directriz primaria evita que los foráneos interfieran en un proceso con el que no están familiarizados. Si quieren ayudar, deben participar. ¿Por qué otra cosa escogería un maestro encarnar en este plano de realidad? Si un Buda o un Sai Baba pudiera sentarse en un trono cósmico y dictar la felicidad y el bien para la humanidad, ciertamente lo haría. La razón por la que no se les permite esto es porque, en primer lugar, se violaría el libre albedrío de los estudiantes cuya conciencia colectiva ha creado el sistema. Por consiguiente, encarnan y se aparecen en visitas ocasionales. Como participantes de la energía terrestre, pueden ayudar a alterar la realidad en beneficio de toda su familia.

Los maestros entienden que todas las mentes son una y todos los corazones uno, y que habitamos el mismo pozo telepático de energía. Cualquier persona encarnada, sea o no un maestro, que posea paz mental y emocional, impregnará la conciencia grupal con su paz. Por lo tanto, cuando, como seres encarnados, aprendemos a ser pacíficos, amorosos y felices, ponemos todo ello a disponibilidad de todas las demás almas encarnadas en el planeta. Eso es todo lo que cualquier maestro ha podido hacer: poner su conciencia a disposición de los demás y, por los laditos, practicar algo de magia caminando sobre las aguas y resucitando a los muertos. Con un buen espectáculo es posible atraer la atención para que la gente diga: “Yo también quiero aprender a hacer eso”. Si el cambio en la tierra no puede provenir de fuera del sistema, entonces, ¿quién va a sanar este planeta? El cambio debe ser iniciado por seres humanos que actualmente vivan aquí. Pero no provendrá de aquellos que obedecen los viejos patrones. Quienes viven dentro del marco de las limitaciones aceptadas por la sociedad no pueden traer paz ni felicidad ni infinitud a la tercera dimensión. ¡Ni siquiera saben que esas cosas existen! Desconocen que hay seres invisibles y universos paralelos. Para convertirse en maestro hay que estar dispuesto a renunciar a la programación del mundo en favor de una comprensión mayor. Los únicos individuos que pueden llevar la realidad hacia la paz interior y exterior son los que tienen conciencia de ello. Por eso es que las personas iluminadas vuelven a encarnar. Por eso, Mozart, Miguel Ángel y Einstein vinieron hasta acá, y por eso nosotros también estamos aquí.

Los visitantes de la escuela terrestre

No todo el mundo usa la escuela terrestre como su sendero principal de crecimiento. Algunos sólo se aparecen cuando este planeta llega a una etapa crucial de la historia y necesita ayuda. Estos amigos no califican como alumnos de duodécimo grado; más bien, son una especie de “visitantes”. Cuando las cosas se ponen francamente difíciles, este grupo dice. “¡Caramba! ¡Se atascaron otra vez! Encarnemos de nuevo para infundir el pozo telepático con nuestra energía”. En los últimos años, un buen número de almas ha respondido al llamado. Y muchos de nosotros ni siquiera se puede relacionar con vidas pasadas en esta tierra porque no hemos venido las veces suficientes para haber aprendido a caminar por la calle y mascar goma al mismo tiempo. Algunos no tienen ni la menor idea de cómo ser “exitosos” o cómo pertenecer al “grupo in”. Siempre se nos olvida que los individuos de mayor éxito en el mundo son aquellos que han estado aquí todo el tiempo; a los que su karma los hace regresar una y otra vez, ésos son los que saben cómo vivir bien, porque conocen todas las reglas mundanas. Ése es el grupo in, los individuos más envidiados del planeta. Pero aunque son muy adeptos a ser terrestres, aún no están listos para ser del cielo. En cambio, los que encarnaron para ser maestros espirituales (los de duodécimo y los visitantes), están preparados para dar un paso adelante y caminar de la mano con todos los maestros ascendidos que alguna vez han pisado esta tierra.

La densidad no niega nuestro valor

Estar encarnados puede parecernos algo muy pesado y confuso. Ello no significa que no seamos la luz. Con frecuencia, nos disminuimos cuando preguntamos: “¿Quién? ¿Yo? ¡Si ni siquiera puedo hacer bien mi trabajo vital! ¿Cómo podría mostrarle el camino a alguien más?”. Esa tendencia a empequeñecernos es parte de la opresión y la confusión que han dominado la conciencia grupal por eras y eras. Pero ya estamos listos para abandonar esa actitud.

Llegamos aquí con una misión. Antes de que encarnáramos, éramos seres radiantes, y nuestros chakras estaban equilibrados y abiertos. Pensábamos que el propósito de un centro abierto en el corazón era el de prodigar amor. Decíamos: “Iremos allá y los inundaremos de amor, compasión, paz y buena voluntad. El planeta estará transformado cuando lo abandonemos”. Entonces, inmediatamente, apenas entramos en el cuerpo físico, fuimos bombardeados por la ira, el miedo, la culpa, la duda y la ansiedad que han tornado el pozo telepático de este planeta en un conglomerado de basura pegajosa, verdosa y nauseabunda. Esto aquí abajo es un pozo negro, y cuando llegamos con nuestros chakras bien abiertos, se nos entra toda esa basura. Sin entender todavía cómo funciona el sistema, muchos la reclamamos como nuestra, y decimos: “No soy lo suficientemente espiritual para mantener el equilibrio. Todavía me queda algo de culpa y, por lo tanto, debo ser una mala persona”.

Pero esa basura no nos pertenece; nosotros no la creamos. Simplemente, nos olvidamos de cerrar la puerta (nuestros chakras) al llegar. Cuando nos metemos en una piscina, nos mojamos; cuando entramos en un pozo telepático, nos conectamos con la conciencia promedio.

Cuando seres muy evolucionados entran a la tierra, casi siempre se estrellan y se queman. A la edad de 3, 4 o 5 años se dan cuenta de que este lugar duele demasiado, y entonces comienzan a retraerse y a cerrarse, y se preguntan: “¿Por qué demonios no me dieron un manual operativo para manejar el cuerpo cuando me enviaron acá? ¿Por qué no me dijeron que esto iba a ser así? ¡No sé qué hacer!”.

Pues bien, resulta que nosotros también optamos por aprender un poco mientras estuviéramos aquí. La tierra es la escuela con los cursos más acelerados del universo. Hasta Jesús tomó un par de clases extra antes de pasarse al modo de enseñanza. Para tomar esos cursos adicionales, no sería justo que tuviéramos un manual de operaciones por adelantado. Si fuera así, sabríamos que todo es una ilusión porque en la primera página del manual dice que “siempre recordemos que nada de lo que vemos es real”. Todos los que han venido a la tierra habían olvidado la primera página cuando se estrellaron y se quemaron. Pero ese periodo de nuestras vidas ya está superado. Es tiempo de que recordemos cómo controlar nuestras propias realidades.

La conciencia promedio

Los de duodécimo grado y los visitantes ya están preparados para limpiar el pozo negro de la conciencia. Si les inquieta pensar que no están haciendo el bien suficiente sencillamente con estar aquí, les sugiero que le den una nueva mirada a la conciencia grupal promedio. Para eso, les basta con encender el televisor. Los ratings obligan a que la programación esté sintonizada con los pensamientos dominantes. La televisión es el barómetro perfecto de la conciencia promedio: telenovelas, drama, asesinatos y los noticieros de la noche. Quiero asegurarles que sólo por estar en el nivel de comprensión en el que se encuentran ahora, ustedes son salvadores de la tierra. Ya están mirando suficientes atardeceres y realizando un trabajo inspirador y edificante para saber que son personas útiles. Su cerebro transmite energía y patrones de pensamiento a una frecuencia accesible a las masas. Cada pensamiento positivo contribuye a la ascensión del planeta. Teniendo nuestra utilidad asegurada, podemos enfocarnos en conseguir un nivel decente de comodidad para llevar a cabo nuestra labor.

Nuestro nivel de confort nada tiene que ver con el tamaño de nuestra casa. Nuestro nivel de comodidad en esta encarnación es directamente proporcional a la capacidad de reconocer nuestro nivel de conciencia, comparado con la conciencia grupal promedio. Tal vez les parezca una forma separativa de pensar, pero tenemos que aceptar que nosotros somos los profesores de los estudiantes más jóvenes de esta escuela. Si hacemos un sondeo en las diversas aulas, veremos que hay una gran masa de seres humanos desesperados porque reconozcamos la verdad en nosotros y compartamos nuestra sabiduría intuitiva.

También están aquellos que se sienten amenazados por los conceptos espirituales, que tratarán de menospreciar nuestra visión de la realidad diciendo que somos ingenuos. Cuando oigamos esas críticas, siempre tendremos la opción de creerlas o no. Los detractores hablan desde su propio temor y de su incertidumbre. Sabemos que sus palabras provienen de la inseguridad porque si estuvieran despiertos y pensaran que alguien está equivocado, sencillamente, lo inundarían de luz. Los seres iluminados no atacan ni se defienden. El hecho de que la gente reaccione a cualquier situación expresando temor es un claro indicativo de que están aquí para ser estudiantes, y que aún no han recordado la experiencia del amor incondicional.

Por otro lado, tenemos a la mayoría de la humanidad, que no son nuestros alumnos directos. Aunque los maestros vinieron para todo el mundo y cada uno de ellos estuvo aquí para ayudarnos a todos, inclusive a aquellos que todavía creen en pérdidas, tragedia y esfuerzo, nosotros no hemos venido para hablar con todo el mundo personalmente. Hay un efecto de filtración asociado a cualquier forma de enseñanza. Nosotros enseñamos a algunos, que a su vez enseñarán a otros, y así sucesivamente. Con el tiempo, el mensaje llegará a todos los que estén encarnados en este planeta. No podemos hablarles directamente porque, en su nivel actual de entendimiento, son incapaces de comprender la simpleza de la verdad espiritual. A veces, pensamos en Jesús como falto de compasión porque cuando la mujer se le acercó y le pidió: “Maestro, dame tus enseñanzas”, él replicó: “Mujer, yo no he venido aquí para ti, que apenas estás cursando séptimo grado. Yo vine para los hijos de Israel, los buscadores más iluminados, que reverencian la ley cósmica”. Bueno, sí, estoy parafraseando, pero lo importante es entender que ningún maestro vino al mundo para fundar una religión ni un movimiento de masas ni para evangelizar. Nosotros también debemos escoger con quiénes podemos comunicarnos y quienes no tienen puntos de referencia para escuchar palabras libres de temor.

Importancia de los grupos de apoyo

Hay muchas personas en el planeta clamando por profesores. Los profesores de hoy tienen muchas oportunidades de compartir sus conocimientos y su entendimiento con los buscadores, tal como lo hizo Jesús. Pero nuestros tiempos son más fáciles porque hay mucha más gente despierta. Por eso, podemos rodearnos de un gran grupo de apoyo. Todos los maestros que han venido a la tierra han tenido su propio grupo de apoyo, pues eran conscientes de lo que la densidad del pozo telepático puede hacernos cuando llegamos aquí completamente abiertos. Estando solo, nadie puede llegar aquí y resucitar muertos o caminar sobre las aguas. Simplemente, es imposible hacer esas cosas sin contar con mucho apoyo. Antes de que Jesús encarnara, tuvo una corta charla con la jerarquía. Ellos le dijeron: “Ey, Jesús, tienes que volver allá. Estamos en la era de Piscis, y cada vez que llega este periodo, un graduado de la escuela terrestre se ofrece como voluntario para encarnar y reestablecer las enseñanzas espirituales. Así, todos los estudiantes de décimo, undécimo y duodécimo grados pueden aprender lo que se requiere para graduarse cuando llegue la era de Acuario”. Finalmente, Jesús accedió a nacer en Belén, por dos razones. Primero, porque él necesitaba entrar a la tierra para poder continuar con su entrenamiento para la maestría (es decir, adelantar estudios de posgrado) y, en segundo lugar, porque la humanidad lo necesitaba aquí para poder mantener en la mente la imagen de lo que el planeta llegaría a ser. No le fue fácil formar un grupo de apoyo. Bastante trabajo le costó reunir a los doce que formarían para él un espacio sagrado para poder realizar su tarea. Al fin, llegaron a un acuerdo y Jesús dijo: “Esta bien; yo voy si ustedes crean para mí un microambiente de luz color de rosa, donde pueda refugiarme cuando la densidad empiece a enfermarme”. Doce discípulos y doscientos o trescientos miembros de la comunidad esenia se ofrecieron como voluntarios.

Debemos permanecer tan cerca de la luz como sea posible porque cuando estamos inmersos en la conciencia grupal es muy posible que en un momento dado nos volvamos tan tiranos y nos confundamos tanto como cualquier otra entidad. Cuando venimos aquí, somos muy vulnerables. Hasta Jesús, que estaba cubierto de energía crística, (lo que equivale a tener la mayor protección posible), sólo podía pasar unos cuantos días entre la multitud. Una y otra vez, la Biblia dice que debía retirarse a la montaña para recargar sus baterías. Si alguien tan evolucionado como él era incapaz de permanecer inmerso en este pozo telepático sin tomarse un descanso, entonces, nosotros tendremos que hacer lo mismo.

“Donde dos o más se reúnan en mi nombre, habrá allí buenas vibraciones”. Creo que también es una paráfrasis, pero el punto es que todos los trabajadores de la luz deben reunir grupos y jugar en compañía, apoyarse entre sí y vivir dentro de los campos áuricos compartidos.

Reparar o no reparar, ésa es la cuestión

Algunos de nosotros nos confundimos con respecto a nuestro rol como los que muestran el camino a los demás. A veces, nos atascamos con la sensación de ser los responsables de la salvación de todos, creyendo que tenemos que estar con ellos y repararlos y escuchar todos sus dramas. Si verdaderamente amamos a nuestra familia y a nuestros padres, no intentaremos recomponerlos, ni siquiera “por su propio bien”. La necesidad de arreglar a la gente cercana a nosotros es un viaje del ego del tipo más doloroso. Creer que podemos arreglar a alguien es un error de juicio. Si fuera posible para una entidad reparar a otra, entonces Dios o uno de sus representantes ya lo habrían hecho con nosotros desde hace rato. Pero las cosas no pueden suceder de esa forma.

Sentimos la necesidad de controlar el comportamiento de la gente porque nos hace sentir incómodos a nosotros, no porque les haga daño a ellos. Necesitamos controlar la conducta de los demás porque no entendemos el propósito de la escuela tierra. No comprendemos, ni creemos, que alterar la conciencia de otras personas es un trabajo que le compete al universo y no a nosotros. No creemos que Dios sea tan poderoso y tan amante que todo, incluyendo nuestra familia, está bien como está.

Intentar modificar la conducta de individuos o grupos nunca ha funcionado en este planeta, por una sencilla razón: la ley del cosmos declara que la conciencia crea realidad en el espacio-tiempo tridimensional. Uno no puede crear paz en una familia a menos que tenga una conciencia de paz. Ésa no es la conciencia que cada uno de nosotros experimenta en el momento de corregir el proceder no pacífico de su familia. Señalar los defectos no los arregla. No existen defectos, sólo percepciones. Ningún maestro pidió jamás a sus discípulos que corrigieran los defectos ajenos. Lo que nos dijeron fue que oráramos los unos por los otros y la oración no es un deporte de contacto. Un curso de milagros afirma que toda corrección pertenece al Espíritu Santo. También dice que cuando percibimos un error, es nuestra percepción la que necesita reparación, no la situación percibida. Así que cuando creemos que alguien está cometiendo un error, le enviamos luz. Con suerte, ya hemos aprendido a nunca jamás corregir ni conmiserarse con esa persona.

Parábolas

La de mesías puede llegar a ser una labor miserable. Cuando los maestros o sus aprendices llegan al mundo para enseñar y sanar, por lo general encuentran que la gente que tiene problemas no está interesada en alterar el sistema de creencias que, en primer lugar, creó los problemas. Quieren un milagro en su vida o que al que haya que reparar sea alguien diferente.

Nunca hubo más de un puñado de personas en la tierra preparado para aprender la ley cósmica de los maestros. Éstos sabían que no había manera de compartir con la gente sus conocimientos sobre el universo. Como no había forma de decir la verdad, se inventaron cuentos. En la religión, los llamamos parábolas; el hecho de que sean parábolas quiere decir que no son literalmente ciertos.

¿No es interesante observar lo colgados que estamos en el aspecto de la sinceridad en nuestras propias vidas? A Jesús nunca le preocupó decir la verdad. ¿Cuántas veces dijo “… y el reino del cielo es como…”?. Él sabía que no era así, pero estaba tratando de decir algo útil. No podía llegar a la tierra y decir: “Miren, amigos, siete dimensiones por encima de este plano, en la realidad alterna Z del universo 927J, en este momento, ocurre un suceso fenomenológico…”. No es posible explicar conceptos espirituales en ningún lenguaje del planeta. No tenemos puntos de referencia que nos permitan abarcar el infinito número de realidades donde puede haber un espacio-tiempo tridimensional. No obstante, sí podemos decir algo útil.

¿Cómo podemos siquiera concebir niveles múltiples de existencia? Comencemos por imaginar una realidad bidimensional, que, por cierto, sí existe. Imaginemos que ahí también la gente va a la escuela, y todos entienden el concepto de alto y largo, pero no el de ancho. Toda su existencia transcurre en un plano más fino que el papel de cebolla. Ahora, imaginemos que usted salta en ese plano de la realidad desde nuestra dimensión (a la que ellos probablemente se referirán como el cielo). Usted, como su “salvador”, les va a explicar que existe una realidad tridimensional de la que ellos son un pequeño subconjunto. ¿Cómo lo va a hacer? Usted podría trazar líneas que formen cuadrados y rectángulos y triángulos y círculos, pero esta gente no tiene puntos de referencia para concebir un cubo, con profundidad y volumen. Es imposible que visualicen este concepto tridimensional. Quizá podrían tener una noción del cubo si usted trazara un cuadrado y luego moviera su plano de realidad un poco hacia arriba, y trazara otro cuadrado y luego otro y otro, etc. Si estos seres pueden imaginar el tiempo como simultáneo y que todos los cuadrados que usted dibujó existen en el mismo instante, usted habrá logrado darles un concepto del cubo.

Ahora, imaginen que un ser tetradimensional ha llegado a la tierra para explicarnos su plano de la realidad. Él nos pediría que recordáramos cuando estábamos en la casa esta mañana, y un poco más tarde, en nuestro carro, y luego en la oficina y, después de eso, almorzando, y en el cine y nuevamente en la casa, haciendo el amor y, por último, durmiendo. Como usted se lo dijo a los seres bidimensionales, el de cuatro dimensiones nos pediría: “Imaginen que todo el tiempo es simultáneo y que hicieron todas esas cosas en el mismo instante y así tendrán un atisbo de la cuarta dimensión”. Para los seres humanos es casi incomprensible tener una dimensión adicional en su realidad. Por eso, tendemos a asemejar a los seres tetradimensionales con Dios, puesto que pueden ver aquello para lo que nosotros no tenemos puntos de referencia. Eso tiene tanto sentido como que los seres bidimensionales lo llamen Dios sólo porque usted puede ver el cubo; simplemente, eso va con el territorio.

En la tercera dimensión, percibimos el tiempo como una línea recta. Para nosotros es lineal y nos parece que la página treinta y tres va después de la treinta y dos, y que mañana va después de hoy. Pues bien, en la cuarta dimensión, el tiempo parece ser un círculo, y los amigos tetradimensionales tienen la opción de recorrer ese círculo hacia cualquier lado. Tienen la oportunidad de subirse en él y bajarse a su antojo y, por lo tanto, no están limitados a encarnar la próxima semana o el próximo año. Podrían encarnar en este mismo momento en el año 1812, o podrían volver al inicio de los tiempos en este preciso instante, sencillamente porque su concepto del tiempo no es lineal. Si pudiéramos preguntarle a un ser pentadimensional, nos diría que el tiempo se ve como un punto y no como un círculo, y que todo es simultáneo. Pero, en verdad, desde la perspectiva de Dios, no hay tiempo ni espacio. Estos son conceptos creados por la escuela tierra. Todos los maestros han jugado con estos conceptos para ayudar a empujar hacia atrás los límites de la mente. Los maestros siempre han contado buenas historias sobre el tiempo y el no tiempo y otras dimensiones. Los libros esotéricos que disfrutamos (y reverenciamos) son historias que alguien se inventó para llevarnos una grada más arriba en la escalera. Si bien estos libros pueden ser muy útiles, sólo se relacionan vagamente con la realidad. Uno de los cuentos más absurdos jamás contados en la historia de la Nueva Era es el de la reencarnación; es una absoluta invención. Creemos que realmente hemos comprendido algo cuando entendemos el concepto de reencarnación. “¡Ah, claro! ¡Ya lo capté! Nacemos y morimos y volvemos a nacer”. Todo ello presupone un tiempo secuencial, pero en el momento en que morimos, quedamos por fuera del dominio del tiempo lineal. ¿Qué pasa entonces con el concepto de la reencarnación? ¿En qué punto volvemos a entrar en el círculo para iniciar otra vida? ¿Qué sucede si resbalamos e ingresamos en el mismo punto de la última vez y entonces hay dos formas de la misma alma existiendo al mismo tiempo en la tierra? Al parecer, mucho de eso ocurre actualmente. ¿Qué si alguien vive todas sus vidas futuras antes que las pasadas? Todo es posible cuando estamos fuera del tiempo lineal. No hay manera posible de concebir ni de cerca lo que quiere decir la reencarnación, pero el concepto de la continuidad de la vida es esencial, por lo que creamos un cuento de la vida sin principio ni fin. Es útil y funciona. Tenemos una forma de relacionarnos con la eternidad dentro de un sistema de referencias arraigado en el tiempo lineal. Eso ayuda. Nosotros no sabemos nada, pero si vamos de historia útil en historia útil y nos aferramos a los conceptos sólo hasta que encontramos algo mejor, entonces logramos hacer un enorme progreso.

La Biblia como metáfora

De la manera como yo lo percibo, Jesús pasó por tres etapas en su vida para demostrar la continuidad de la vida. La primera fue una fase de enseñanza en la que se dijo a sí mismo: “Les voy a contar cómo es todo en realidad”. A todos nos encantaría hacerlo así, pero a Jesús no le funcionó y a nosotros, tampoco. La evangelización nunca ha logrado convencer a una sola persona porque el despertar es una experiencia interna. Entonces, desistió de predicar. Su segunda fase fue: “¡Ey! Como no creen lo que digo, se los mostraré. Levantaré a los muertos, y cada vez que haga algo de magia, les diré ‘Lo que yo hago, ustedes también podrán, y mayores cosas que éstas’. Eso los tiene que atrapar; es lo más probable. Si voy por ahí, viviendo mi vida de una manera ejemplar, entonces, todos aquellos a quienes les demuestre el poder del amor también se volverán santos”. Pero eso tampoco funcionó. Entonces, Jesús llegó a la última fase y dijo: “Bien, si todavía no creen que la vida es para siempre, les haré una demostración física. Tráiganme una cruz, por favor. ¿Alguien tiene algunos clavos?”. Sin cruz ni clavos no puede haber resurrección. Sin resurrección, no hay prueba de la continuidad de la vida. En verdad, ese método también tuvo un éxito limitado, pues los únicos que aceptaron la eternidad de la vida fueron los que, en todo caso, ya creían en ella.

La Biblia es una historia intrigante puesto que contiene varios niveles. Esto también se cumple para la mayoría de los libros de instrucción espiritual. Un capítulo está dirigido a los de séptimo grado, mientras el siguiente es para estudiantes de undécimo. Las palabras tienen significados completamente distintos para diferentes personas. Cuando los leemos, debemos estar seguros de quiénes son sus destinatarios. Casi todo el Antiguo Testamento incluye relatos contados alrededor de una fogata, que pasaron de generación en generación hasta que alguien, finalmente, los puso por escrito. Si pretendemos buscar la verdad técnica de las parábolas, nos habremos metido en un berenjenal. En cambio, si vamos tras la intención de contar las historias, allí encontraremos significado. A quienes tienen dificultad para correlacionar la instrucción religiosa en la cristiandad con lo que hoy se considera espiritualidad, déjenme asegurarles que hay más de una forma de interpretar las palabras de la Biblia. Les recomiendo que lean los libros de Emmet Fox titulados “El sermón del monte” y “Los diez mandamientos”. Debemos tener presente que la principal función de los maestros es impregnar el pozo telepático con su conciencia. Ellos comprendieron la directriz primaria, así que vinieron a la tierra en cuerpos físicos para compartir un poquito de su sabiduría. Si alguien quería oír lo que tenían que decir, contaban de buen grado, una y otra vez, sus historias con infinita paciencia, hasta que alguien lograba extraer algo, pero entre ellos no había un solo evangelista. No iniciaron religiones ni iglesias; sencillamente, narraron cuentos para los que querían ser libres. Nunca ha habido una iglesia en el planeta que no se haya desarrollado como algo dogmático y motivado por la culpa. Si bien algunas iglesias como Unity, Ciencia Mental, Ciencia Divina y Ciencia Cristiana ofrecen a sus participantes más libertad para seguir a su guía interior y pasar de creer que Dios los va a ayudar a buscar a su maestro interior, todavía son sujeto de distorsiones introducidas por la naturaleza humana.

Mi consejo es que siempre vuelvan a los relatos originales de aquellos que aportaron la espiritualidad, pues son los únicos que no están deformados y allí reside el poder. Las enseñanzas originales sí tenían un contenido útil. No eran vengativas; ¡ni siquiera eran autoritarias! Los Fillmore, que fundaron la Unity Church, escribieron un diccionario metafísico de la Biblia para ayudarnos a entender un libro que casi escapaba a nuestra comprensión. En él, sugirieron interpretaciones alternativas. Cuando invocamos al Señor, según ellos, realmente estamos llamando la ley… pidiendo que la ley cósmica se manifieste en nuestras vidas.

Más aún, el significado original del pecado nada tiene que ver con un Dios enojado. Originalmente, era un término usado en el tiro con arco que significaba “errar el blanco”. “¡Ah, bueno! Entonces, tendré que volver a intentarlo”. Pecar significaba que íbamos por donde no queríamos ir. Asimismo, el arrepentimiento implicaba que una persona debía dar la vuelta y dirigirse en sentido contrario, lo que significaba que lo que estaba haciendo en ese momento probablemente no lo haría muy feliz y, de pronto, querría elegir una ruta diferente. Esas palabras no tenían otro significado; ciertamente, nada tenían que ver con el cielo ni con dioses ofendidos. A Dios no le importa lo que hacemos. Tal vez fue a nuestros padres a los que les importó, por lo que quizá nosotros hemos estado arrepintiéndonos en su nombre. El universo sólo puede vernos como perfectos; nunca nos ha impuesto castigo alguno porque es totalmente imparcial y ni siquiera es capaz de juzgar. El universo sabe que jamás hemos cometido un error. Uno de los primeros mensajes que recibí cuando empecé a hacer trabajo psíquico fue que sólo hasta que me sintiera perfectamente cómodo arrojando mi Biblia o mi Curso de milagros a la chimenea, nunca comprendería su contenido. Si sacralizamos algo o lo ponemos en un pedestal, habremos declarado que no somos sus iguales. No existe un solo maestro ascendido o avatar o arcángel que quiera estar en nuestro pedestal. Con toda seguridad, preferirían beber cerveza y comer pizza con nosotros, acogiendo así la oportunidad de comunicarse de verdad. Tenemos que evaluar nuestro sentido del valor propio y determinar si estamos dispuestos a declararnos iguales a Sai Baba o Krishnamurti. Recuerden que ellos nunca se han sentido diferentes a nosotros. Tal vez estén jugando en una cancha mientras nosotros lo hacemos en otra, pero eso nada tiene que ver con un orden jerárquico.

Los diez mandamientos

Cuando los estudiantes se creen entidades separadas y desconectadas del infinito, cuando todos sus dioses se hallan en pedestales y no entienden que todas las mentes, corazones y almas son uno, entonces, lo apropiado es ofrecerles un reglamento. Con frecuencia, los cristianos y judíos consideraban que los diez mandamientos eran lo último en reglas, pero eso es sólo porque aún no habían entendido la ley cósmica. ¿Quién era, después de todo, este tipo Moisés, que nos entregó los diez mandamientos? ¿Acaso era un ignorante de noveno o décimo grado que trataba de manipular el sistema, o una entidad con una conexión interna con lo absoluto? Yo no creo que haya sido el tipo de hombre que necesitaba que se le dijera que no anduviera por ahí, acostándose con las mujeres de otros y matando gente. Tal vez se lo haya conocido por haber eliminado a unos cuantos en algunas de sus encarnaciones, pero ya no estaba dispuesto a seguir la misma rutina. Entonces, ¿qué eran esas reglas que recibió?

Moisés recibió la verdad adaptada a su nivel de entendimiento. El universo siempre nos revela la verdad en un contexto apropiado para nuestro nivel presente de comprensión. Esto le dificulta a una persona aplicar de manera literal las percepciones recibidas por otra.

Moisés se fue a la cima de la montaña, lo que en la Biblia significa que se fue a meditar. En eso, oyó: “¡Moisés, Moisés, mi amigo, Moisés, mi igual! Voy a contarte cómo es la cosa en realidad. Tú no puedes matar. Es algo imposible en este universo porque la vida es eterna y nadie se muere jamás. No puedes robar porque has creado todo y eres todo. El robo es una ilusión del plano terrestre que dice que tú y tus riquezas no son una sola cosa. ¿Cómo podrías robar lo que eres? Es imposible robar. No puedes cometer adulterio. El adulterio es un intento de recibir amor de aquello que está separado de nosotros. Nada está separado de ti y el amor no existe fuera de ti”. Lo que Moisés oyó es que no hay bien ni mal y, por consiguiente, no puede haber una conducta inapropiada. Dios es amor y el amor no juzga. Los diez mandamientos fueron una decena de declaraciones de la ley cósmica para liberar a los hombres y eliminar la culpa, no para esclavizarnos con ella. Dios dijo que nunca hemos cometido un error y que somos incapaces de cometer uno solo.

Al volver con sus estudiantes, Moisés les dijo: “Escuchen, muchachos, acabo de recibir un material muy interesante del mismísimo Dios, que nos explica cómo son las cosas en realidad”. Pero la gente no pudo captar la verdad de sus palabras, pues estaba hablándoles a personas incapaces de entender que el universo es amigable y que Dios es amor y todos estamos libres de culpa. Esos fueron los que le pasaron el cuento a la siguiente generación como un reglamento. Cuando nos dirigimos a estudiantes de segundo, tercer y cuarto grados, que aún no comprenden la ley cósmica, nos vemos tentados a decirles: “Si desean tener la vida más placentera y agradable mientras están aquí, pues lo mejor es que no anden por ahí matando gente. A largo plazo, probablemente, así podrán ser más felices”. Es claro que no les diremos que es un pecado matar gente ni que Dios se enojará si matamos a alguien porque no estamos tratando de imponer la culpa y tampoco se juzga su comportamiento. Somos nosotros los que nos juzgamos a nosotros mismos y a los demás. Durante un tiempo, las verdaderas enseñanzas espirituales son malinterpretadas por la iglesia, que quiere mantener el control de su congregación y los cofres llenos. Invariablemente, las congregaciones progresan hasta el punto en que ya no pueden ofrecer entendimiento espiritual. Las enseñanzas, hoy humanizadas, nos dicen que el poder y sabiduría del universo residen fuera y no dentro de nosotros mismos. Los maestros, ahora deificados, se vuelven esencialmente inútiles. Entonces, tenemos que escarbar en el dogma y empezar de nuevo.

Perspectiva ampliada

Para el comienzo de la era de Acuario no contamos con la encarnación de un Buda o un Krishna o un Cristo que nos interprete la ley cósmica. En las eras astrológicas en las que hubo pocas entidades que pudieran entender las enseñanzas de un maestro, uno solo o un par de seres ascendidos fueron suficientes para enseñar a todos los buscadores del planeta. Nunca ha habido una época en que la tierra haya sido abandonada. En todos los períodos ha habido al menos un avatar en este planeta. Por más improbable que parezca que un individuo entre los grados primero a undécimo pueda ir directamente hacia la luz, cada uno siempre ha tenido alguien con quien sintonizarse y regresar a casa a voluntad. En la era acuariana, toda entidad encarnada en este planeta debe tener a su disposición, no en la India sino en la casa vecina, una entidad de tipo avatar que lo conduzca hacia la luz.

Es hora de que algunos individuos den un paso adelante, dejen de seguir la programación del mundo y comiencen a funcionar desde la pureza. Por favor, retiren cualquier connotación religiosa que crean encontrar en esta palabra. Pureza es entender la sencillez y perfección del sistema. Nosotros vinimos al mundo buscando el crecimiento personal, pero también porque la directriz primaria nos prohibía asistir a nuestros seres amados, nuestros compañeros de clase, a menos que estuviéramos encarnados. Ahora, debemos vivir como si no tuviéramos limitaciones.

Me encanta una anécdota de Yogananda, gurú que vino a Occidente en calidad de embajador espiritual, para ayudar a crear aceptación de las enseñanzas orientales. En medio de su campaña, le hicieron varias invitaciones como orador. Una noche, asistió a un coctel diplomático con algunos de sus estudiantes, donde tuvo la oportunidad de alternar con ciertos miembros del gobierno. Yogananda había venido enseñando la pureza a sus estudiantes, quienes en su nivel de comprensión la entendían como la abstinencia y evitar comer o beber cualquier cosa considerada tradicionalmente como impura. Pero, entonces, helo aquí, en una fiesta, bebiendo martinis, comiendo entremeses y pasando un rato muy agradable. Sus alumnos, enfurecidos, al fin lo confrontan: “¡Hipócrita! Siempre nos dices que debemos hacer todo dentro de los términos de la pureza. No podemos beber alcohol ni comer comida chatarra ni tener sexo ni hacer nada divertido, mientras tú estás aquí…”. Yogananda caminó hacia la chimenea, puso una mano sobre las llamas y les contestó: “Cuando ustedes puedan hacer lo que yo puedo hacer, entonces, podrán hacer lo que yo hago”.

El objetivo de la vida espiritual siempre es obtener la libertad. Seguimos retirando limitaciones enfocándonos en lo más elevado que podemos comprender. Todo aquello que domine nuestros procesos de pensamiento, llámese trabajo, deporte, cónyuge o fenómeno psíquico está retrasando nuestra felicidad si no relacionamos constantemente nuestros pensamientos y experiencias con nuestro crecimiento espiritual. Cualquier ser humano puede aprender a reemplazar las leyes de la dimensión física funcionando desde un nivel superior de realidad.

Hay algunas maneras de ver el mundo que nos ayudan a percibir que el universo es ilimitado y que, por lo tanto, nuestro ser también lo es. Queremos llegar a entender el cuadro global y reconocer que somos parte de algo mucho más grande que la realidad espacio-tiempo tridimensional o de todo lo que hayamos visto con nuestros ojos y oído con nuestros oídos. Queremos usar todo lo que esté a la mano como herramienta de crecimiento.

Cada vez que pensamos que sabemos algo, nos desviamos de nuestra senda. Podemos mirar las estrellas y preguntarnos por esas civilizaciones y por qué están ahí en primer lugar. Eso nos volverá a poner en un lugar de humildad, de verdaderos aprendizaje y comprensión.

Imagínense al rector de la escuela tierra inspeccionando aula por aula para asegurarse de que todo anda bien. Tal vez se detenga a escuchar una clase y revisar los textos que se están usando, o salga al patio para ver si los niños juegan en una forma ordenada y constructiva. El rector nunca se involucra en la enseñanza de las lecciones individuales porque eso sería demasiado trabajo para él, por lo cual contrata a un grupo de profesores. También, a una enfermera, un profesor de gimnasia y un psicólogo. Ustedes, que son los portadores de la luz en la tierra, se parecen a ese rector. Así, pueden ver lo que ocurre en los ámbitos político, militar y humanitario, pero sería abrumador involucrarse directamente con todos y cada uno. Su función, únicamente, consiste en ver la imagen global, a la tierra como una escuela benevolente, y trabajar con su familia de los mundos invisibles dirigiendo la energía. En verdad, ésta es la única forma efectiva de acelerar la evolución del planeta. La conciencia es lo único que crea realidad; no tenemos ni el tiempo ni la energía para promover el cambio en formas poco eficientes. Las maneras de los maestros siempre son las más rápidas, lo crean o no.

El sendero del servicio

Existen muchas, muchas dimensiones de la realidad superiores a la nuestra. Hay realidades de cuatro, cinco, seis, siete, veinticinco y cien dimensiones, y muchas más. Aún no hemos encontrado al dios, dios, altísimo dios, pero sí hay realmente un querubín, un serafín, un logos solar, padre, hijo y espíritu santo de los que nos hablan las escuelas de misterios. Todos son amigos que están haciendo lo mejor posible para avanzar en la escuela. Y hay una comunidad de hermanos espaciales, una federación de cincuenta o sesenta civilizaciones que corren alrededor de la galaxia, divirtiéndose mucho. La mayoría se encuentra aquí en este momento porque su deseo es asistir a otros grupos de nuestro universo. No obstante, la directriz primaria les restringe su contacto con nosotros.

Existen miles de millones de entidades que andan por esta tierra en los reinos invisibles, esperando ser útiles. La senda de la iluminación en cada plano de la realidad es el servicio. En un sentido muy real, no hay un Dios allá afuera que pueda arreglar las cosas para nosotros. Ciertamente, no hay un anciano de barba blanca sentado en un trono, diciendo: “Suelten a ése y ahora ayuden al de más acá…”. Nunca ha habido un Dios así. Sólo hay capas y capas de gente prestando su servicio. Partes de los reinos angélicos y espirituales deciden por su propia voluntad prestarle un servicio a la humanidad mientras avanzan en su sendero. Una de las maneras en que pueden actuar es convirtiéndose en ángeles guardianes. Si no les pedimos que actúen, se ven obligados a marcharse a otra parte. Recuerden que tenemos una directriz primaria, según la cual ellos no pueden ayudarnos si no se los pedimos. Cada vez que les hacemos un llamado para que vengan en nuestro auxilio, su crecimiento se acelera. Ellos siempre están rogando por ser reconocidos. Están sentados allá arriba, pidiendo: “¡Por favor! ¡Pónganme a hacer algo! Si no, estaré atascado aquí por otro millón de años. Yo también necesito crecer porque quiero salir de aquí. ¡Éste es el sendero de servicio que escogí, por Dios! Pídannos ayuda todos los días, para poder tener su permiso de venir a sus vidas y crear para ustedes sincronía y magia”.

Aprovechen esta oportunidad para pensar en las diversas maneras de invocar a los reinos en su favor. “Quiero que el ángel del reino de los alimentos me diga cuánta sal debo ponerle a mis comidas”. Mientras más cosas los pongamos a hacer, más rápidamente crecerán. Hemos sentido tanto temor y por tan largo tiempo de pedirles ayuda… Por lo general, pedimos así: “Umm, Dios, no quisiera molestarte, pero… umm, si tienes un minuto, ¿podría yo…?” y, mientras tanto, todos estos ángeles están diciendo: “¡¿Qué hacemos perdiendo el tiempo acá arriba cuando nadie de abajo nos pide ayuda?!”

Nada es la gran cosa

Cuando comenzamos a percibir todos los sucesos de la vida como metáforas, parábolas que se parecen a la verdad, tendemos a eliminar el drama de todo. A medida que nos acercamos a la verdad, cada vez menos cosas nos parecen del otro mundo. La jerarquía nos parece algo común; algunos de nosotros pertenecimos a ella antes de nacer. Luego, cuando vinimos a la tierra y nos enteramos de la existencia de la jerarquía, erigimos un enorme pedestal y los pusimos a todos ahí. Si es cierto que “como es arriba es abajo”, ¿entienden lo que jerarquía significa? ¡Comités! Al espíritu le agradan tan poco como a ustedes. Cuando llega el momento de ser parte de la jerarquía y el director del departamento viene en busca de voluntarios, todos se encogen y dicen: “¡Es su turno! ¡Él tiene que ser el arcángel fulano esta vez porque a mí ya me tocó!”.

La jerarquía es algo corriente. Cuando lo entendemos así, podemos empezar a crear igualdad entre nosotros mismos y el resto del universo. Pensar que cualquier cosa pueda ser la gran cosa es una forma de pensar separativa. La jerarquía y los hermanos del espacio son compañeros haciendo lo mejor que saben hacer para avanzar en la escuela, como todo el mundo. Si pudiéramos comprender la verdadera naturaleza del universo, ni los ovnis nos causarían más intriga que un autobús urbano.

¿Dónde habitamos entre vidas? Si no estamos en un cuerpo, entonces, ¡debemos ser extraterrestres! Todo ser humano es un extraterrestre. Todos somos hijos de las estrellas. Cada uno de nosotros ha pasado por capas diversas de la realidad. Si logramos recordar sólo un poco de nuestra condición extraterrestre, previa al nacimiento, podremos ser muy útiles. Poseemos enormes recursos y el poder de nuestros amigos y familia invisibles para ayudarnos a realizar nuestro trabajo cósmico. Como se dice comúnmente: “Tenemos viejos amigos en altos puestos”.

Ahora sabemos que las leyes del universo prohíben violar el libre albedrío de cualquier entidad en evolución en cualquier sistema evolutivo. Sólo aquellos inmersos en la conciencia grupal tienen la autoridad de alterar la realidad en la que existen. Las entidades de otras dimensiones que nos rodean por miles de millones no tienen poder alguno, a menos que nosotros decidamos dirigir su energía. Nosotros tenemos el poder de dirigir naves espaciales y batallones enteros de trabajadores de la luz en los reinos invisibles, y autorizarlos a traer la luz a la tierra.

En este instante están ocurriendo muchas cosas emocionantes, pero no debemos olvidar que el hecho de que aquí haya entidades de otras galaxias y otros universos es irrelevante si no nos hemos sanado a nosotros mismos. Si nuestras vidas no funcionan, no disfrutaremos de esa emoción. Podemos pararnos en medio del campo y hacerles señas a nuestros hermanos del espacio por el tiempo que queramos, pero ellos van a esperar a que tengamos paz interior. Primero lo primero.

Ésta es la lección, el tema esencial: médico, ¡cúrate a ti mismo! Sean honestos consigo mismos. Sólo entonces podremos trabajar eficientemente con nuestros amigos invisibles y pasar su información a los demás y hacer toda suerte de cosas maravillosas. Los maestros siempre decían: “Buscad primero el reino de los cielos y todo lo demás se os dará por añadidura”. Pero tenemos esta idiosincrasia humana que nos exige saber primero qué es la añadidura. Cualquier maestro espiritual verdadero, por su parte, ha dicho que ignoremos la añadidura hasta que hayamos manifestado el reino de los cielos en nuestra propia vida. Si nos enredamos tratando de descubrir qué es todo lo demás, nos perderemos el reino y no seremos útiles.

La tierra necesita que aquellos individuos que están aquí para hacer su trabajo de enseñanza se enfoquen en despertarse completamente en este mismo momento, sin dejar pasar un minuto más. Cuando entendemos lo que los maestros querían decir, comprendemos que, probablemente, no habrá para nosotros una iluminación instantánea. No obstante, sí nos prometen que todos los días y en todos los aspectos, un aspecto de nuestra vida mejorará. Podemos ver la luz al final del túnel y vamos directamente hacia ella. Y a medida que progresamos, remolcamos la conciencia grupal. Sencillamente, estamos reconociendo que hay un plan de salvación, y que todos y cada uno de nosotros estamos en camino de ser infinitamente poderosos y eternamente libres.