NO HAY TIEMPO PARA EL KARMA
Cómo abandonar la rueda del dolor y del esfuerzo
PAXTON ROBEY© Y LA COLABORACIÓN DE LONE JENSEN

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CAPÍTULO 8

RELACIONES

Las relaciones son la quintaesencia de las lecciones para los seres humanos. Si entendemos nuestra relación con la vida, comprenderemos todo lo que implica este curso. Todo lo que la tierra siempre ha tratado de enseñar es la diferencia entre funcionar desde el ego (la creencia de que estoy separado) y la unicidad. Las relaciones son la última lección que los seres humanos aprenden en este planeta antes de graduarse.

Al tiempo que la era de Piscis llega a su fin, vemos que las relaciones cobran una gran importancia. Sólo hay que mirar la cantidad de libros escritos al respecto. Esto se debe a que tenemos que terminar con las relaciones difíciles y dolorosas antes de que la era de Acuario se establezca plenamente. Comunicar y reconocer la igualdad de los sexos son lecciones preliminares de la era de Acuario. Si queremos estar presentes en el gran espectáculo, el universo tiene que asumir que ya todos resolvimos esos problemas. Entonces, ¿qué podemos hacer para asegurar esa resolución?

En un sentido cósmico, la única relación que existe es que “todo es uno”. Aprender a soltar la creencia de la separatividad se manifiesta como diversos tipos de lecciones. Un botánico podría estudiar durante años las células vegetales hasta que por fin capta que cada célula no sólo está viva, sino que es la vida. A través de esta experiencia, alcanza un estado transformador de conciencia cósmica. Un astrónomo estudia nuestra visión del universo físico durante varias vidas, hasta que llega a la única conclusión posible: todas las partes del universo están ordenadas, interconectadas, vivas, y todas están hechas del mismo material. Ese material es inteligente. Es Dios. Desde el espacio exterior, los astronautas miran a la Madre Tierra y la ven, no como países, fronteras y gobiernos, sino como Gaia, un ser viviente, inextricablemente conectado con sus almas y corazones. Cualquiera sea el área de la vida a la que una persona le dedique su tiempo y esfuerzo, la lección final es la unidad con algún aspecto de nuestro mundo o universo.

Todas las relaciones son igualmente divinas y desafiantes, y ofrecen todas las respuestas a todo lo que necesitamos saber, siempre y cuando estemos dispuestos a aceptar lo que tienen que enseñarnos. La respuesta a todo interrogante nuestro reside en darnos cuenta de que somos uno con la creación. Por consiguiente, las relaciones se convierten en las más grandes maestras de la unicidad en este planeta. Y, como dice el Curso, cuando nos sintonizamos con la enseñanza, “toda relación se transforma en una lección de amor”.

Alcanzar la unicidad en su verdadero sentido es algo superior a lo que podemos lograr en el plano físico. Como exploradores, lo que nos atrajo a esta dimensión, en primer lugar, fue su aparente singularidad, su separación del resto de la realidad. Por consiguiente, la unicidad es, realmente, una comprensión que sólo podemos adquirir cuando nos graduamos y pasamos a otros sistemas escolares. Rara vez evolucionamos hasta el punto en el que podemos decir que todas las personas de la tierra son yo, pero sí alcanzamos a captar el concepto intelectual de que la unidad es posible y empezar a sentirla como cierta.

Asimismo, el despertar es un proceso singular. Cada uno de nosotros hace caso a su propia dicha, lo cual nos conduce a la reunificación con Dios. No hubo nadie que hubiera podido ir con Jesús a la cruz porque su proceso de lograr la unicidad con Dios era para él mismo y, así también, para la humanidad entera. De nuevo, estamos ante una paradoja porque al realizar solos nuestro trabajo interior nos volvemos uno con los demás individuos del planeta. Experimentaremos con ellos una conexión que no habíamos reconocido antes.

Responsabilidad personal

Nuestra función es transformar nuestras relaciones, no repararlas. Trabajamos en nosotros mismos, no en el otro. Cuando estemos dispuestos a jugar los juegos de las relaciones obedeciendo nuevas reglas, entonces, todos se transformarán. La primera de las nuevas reglas es: “Lo que sucedió ayer no tiene importancia”. Si insistimos en que sabemos cómo una persona se comportará mañana porque vimos cómo lo hizo ayer, estamos insistiendo en que la realidad no cambia. La razón por la que la gente tiene que morir y volver a nacer es porque se rehúsa a cambiar su manera de ver a las otras personas. Cuando miramos a nuestro compañero, no estamos viendo a otra persona, sino que nos miramos al espejo. Cuando cambiamos nuestra mente, cambiamos nuestras relaciones. No hay víctimas ni abusadores, sólo espejos.

Cuando nosotros nos negamos a repetir viejos patrones; cuando nosotros nos rehusamos a atacar o defender; cuando nosotros preferimos ser felices que tener la razón, entonces, los demás cambian. Nuestras relaciones se transforman. Si hemos entendido a cabalidad estos principios de autocreación, no tendremos que tomar una decisión basada en el ego para continuar o disolver una relación. Ese asunto se manejará solo, pues la relación se transformará o desaparecerá. El universo siempre nos lleva a la siguiente experiencia cuando ya aprendimos la última.

Algunos se sienten temerosos de intentar sanar su relación fundamental porque creen que si la curan no tendrán una excusa para salirse de ella. Ellos necesitan a alguien a quién culpar del rompimiento.

De hecho, antes de encarnar, hicimos pactos con muchos individuos para resolver viejos pendientes kármicos o, sencillamente, para aprender más sobre el autoempoderamiento a través de nuestra relación con ellos. Tal vez tengamos la fuerte percepción intuitiva de que ésta no es la persona con la que firmamos el contrato para una relación de toda la vida, pero tampoco necesitamos la excusa de una mala relación para poder pasar a nuestra siguiente asignatura.

Tenemos el imperativo de sanar cualquier relación. ¡Recuerden la ilusión! No estoy sanando a alguien más. No estoy sanando una relación. ¡Me estoy sanando a mí mismo! Si alguna de mis relaciones no ha sanado cuando abandone este plano, probablemente decidiré volver y me relacionaré nuevamente con las mismas personas. ¡Auch! Sano a otros y mis relaciones, no porque ellos lo merezcan, sino porque yo lo merezco.

Quizá no sea posible sanar pasadas relaciones frente a frente, pero no importa si nuestro compañero de una vieja relación ya murió o se fue a vivir a un lugar distante. Aunque sería mejor poder charlar con el otro personalmente, ésa no es la única manera, ya que, en todo caso, la sanación es para uno mismo. La curación de una relación puede hacerse rápidamente, en la silla de meditar. Utilicen imágenes mentales para “hablar” con la otra persona. Pidan perdón. Ofrezcan comprensión. Recuerden que toda la ira de días pasados fue solamente un pedido de amor.

Autocuración

Una de las ilusiones de las que queremos deshacernos es la creencia de que podríamos perder a alguien que amamos. Si todos somos aspectos de la misma alma, ¿cómo podríamos perder a alguien? Aferrarse a una relación que no funciona es la excusa del ego para mantener un sentido de separación. No hay una sola razón para insistir en una relación en la que no podemos permanecer centrados y equilibrados. Algunas enseñanzas pretenden convencernos del valor del estoicismo o la “fuerza espiritual” . Por eso, nos inclinamos a decir: “Pues, yo podría hacer esto. Voy a ponerme en la peor situación que me pueda imaginar y luego me saldré de ella, para probar que soy un maestro”. Ningún maestro nos dijo que lo hiciéramos así; tampoco nos dijeron que teníamos que hacernos la vida difícil. Superar la dificultad es un sendero kármico. Liberarse es el sendero de la transformación y la relajación.

Todos iniciamos relaciones porque vemos que el otro tiene algún valor. Por consiguiente, tendemos a creer que si no toleramos la basura, perderemos la relación y el valor que tenía originalmente. Las relaciones no se tratan de la interacción de personas separadas, sino de descubrir la unicidad. Son un juego con espejos, y son para sanar al ser. Por eso, no querríamos enredarnos con la deshonestidad, pensamientos ni sentimientos ocultos ni cualquier otra forma de separación. Pretender que creemos en la separación cuando ya sabemos que no existe es una forma de negación: negar que soy yo el que necesita ser sanado.

Nosotros queremos sanar realmente o, si no, no nos hubiéramos matriculado en la escuela tierra. Pretender que somos víctimas de los estados de ánimo o de las conductas ajenas es una táctica del ego para retrasar nuestro retorno a la unicidad. El ego es un estado de separatividad, y su instinto de supervivencia exige que demoremos nuestra curación. Para lograrlo, tal vez nos diga que podemos herir a nuestro compañero si somos francos. La franqueza debe basarse en la bondad y en nuestro deseo de ser inofensivo. Pero cualquier expresión de pensamientos o sentimientos originados en el amor y la bondad conducirá a la sanación. Quienes se pasan la vida tratando de no herir los sentimientos de los demás, la desperdician. Y ya sabemos cómo funciona el karma: esa misma pareja volverá a encontrarse en la próxima vida y la siguiente, hasta que renuncien a la negación.

Aquí, una anotación: el ego es solapado. Ya se sabe que es dado a disfrazar sus ataques como “franqueza”. Decir algo que haga reaccionar a otro porque sí y no porque se esté buscando su curación no es sinceridad. Por ejemplo, ¿qué necesidad hay de hacer un recuento de las conquistas sexuales pasadas al compañero dizque por honestidad?

Un curso de milagros dice que la iluminación es la cosa más terrible a la que tendremos que enfrentarnos. La sinceridad en las relaciones es la muestra perfecta. Al principio, la franqueza no sólo es arriesgada, sino aterradora. El ego confunde la sinceridad con ataque. Pero no podemos permanecer en negación para siempre; en algún momento, tendremos que ser honestos con nosotros mismos y ¿por qué no en esta vida? ¿Por qué no ahora?

Hemos sido arrojados a este planeta con casi siete mil millones de almas, donde se nos obliga a trabajar en las relaciones, aunque la mayoría no lo hace conscientemente. Eso significa que estamos intentando permanecer conscientes de lo que es útil para nuestro crecimiento personal. Cuando vivimos conscientemente, nuestra responsabilidad con cada relación es que alcancemos el equilibrio, la paz y la felicidad en el tiempo más breve posible.

Todo lo que no nos agrada de nosotros mismos es, precisamente, de lo que nos quejamos en los demás. Así funcionan los espejos. Si la forma como alguien se viste, conduce o come o cría a sus hijos nos fastidia, es el reflejo perfecto y total de algo que no apreciamos de las partes no exploradas de nuestro propio ser.

Podemos leer libros de autoayuda y buscar respuestas en los patrones comunes de la humanidad y, seguramente, mejorará nuestra percepción. Pero el asunto va más allá, ya que nuestros patrones no se originaron en esta vida. No existe una sola relación en este mundo que no sea kármica. Eso quiere decir que casi el ciento por ciento de los problemas que tenemos con los demás se generaron en otra realidad. Ésta es esa próxima vida, la repetición de la última en la que no quisimos ser francos, pacíficos ni amorosos. Podemos intentar volver a nuestra infancia y a la relación con nuestros padres, pero puesto que estos problemas vienen de otra vida, no descubriremos todas las respuestas examinando únicamente las conductas y las emociones obvias.

Afortunadamente, al tiempo que la energía acuariana se infiltra en nuestro planeta, la sociedad en general ha empezado a conceder credibilidad a la consejería y a la revelación de problemas emocionales. Para muchos, encontrar a un oyente imparcial, que obviamente está ahí para ayudar, es un avance que produce resultados asombrosos. Muchos terapeutas experimentados han logrado combinar lo mejor de los tratamientos emocionales convencionales con percepciones intuitivas sobre la “vida emocional pasada” de un individuo, con el resultado de que basta un número reducido de sesiones, en un breve periodo, para producir sanaciones maravillosas.

Si una persona siente que una ayuda terapéutica “no convencional” le serviría para tratar las ramificaciones emocionales de una relación, hoy cuenta con muchos métodos rápidos para llegar a la raíz de la dificultad y resolverla. Estas técnicas asumen que la vida y todas nuestras relaciones tienen millones de años de antigüedad, e incluyen cosas como las regresiones, el “re-nacimiento”, lo que Sandra Ingerman llama “recuperación del alma”, seminarios para grupos grandes como Insight, y los talleres de Patricia Sun.

Con frecuencia, las apreciaciones kármicas alcanzadas a través de algún proceso intuitivo proveen la información suficiente para que la persona en cuestión encuentre la razón de su situación actual. O este individuo podría ver que la situación actual no es “injusta” puesto que la historia contenía más ingredientes de los que conocía. Muchas veces, entienden que no han sido las víctimas de otros, sino los participantes de una obra cósmica cuya intención era la curación y el perdón del ser. Todo lo anterior puede proporcionarle a la mente lógica motivos suficientes para liberar la ira y el resentimiento, para perdonar.

Nosotros, como estudiantes del autodesarrollo, debemos recordar que si escogemos métodos “no convencionales” de aproximarnos a nuestra propia curación, demostramos que nos queda un poco de ego cuando decimos: “Pero ya sabes que quien realmente necesita esto es Juan o Luis o María”. Estamos aquí para sanarnos a nosotros mismos, no para imponer nuestras panaceas a los demás. Y si tratáramos de arreglar a los demás, probablemente terminarían señalando que tal como hay “adictos a las terapias”, también hay “adictos a la regresión”.

Cuando asumimos la responsabilidad de nuestras propias vidas, también nos responsabilizamos de nuestros problemas. Ustedes y yo hemos andado un camino tortuoso para llegar al lugar desde donde podemos declarar algo como esto sin sentirnos abrumados por la culpa de crear el caos y no retroceder a la negación y a la proyección de la culpa “allá afuera”. Nos estamos poniendo al día: no hay culpa, no hay faltas, sólo imágenes reflejadas por nuestros compañeros kármicos. Nuestra función es sanar esas imágenes para nuestro propio beneficio. Con este conocimiento, podemos evitar todo intento de “reparar” a nuestros compañeros y, en cambio, ofrecer aceptación y comprensión.

Ceder el poder

Si creemos que nuestra felicidad depende del comportamiento de alguien más, nuestra decepción va a ser enorme. No existe un ser humano en este planeta que nos pueda hacer felices. Si pudiera, seríamos sus esclavos, pues también le habríamos otorgado el poder de quitarnos la felicidad en cualquier momento. Las relaciones son una experiencia de aprendizaje. Nuestro objetivo es tener relaciones armoniosas y amorosas con nosotros mismos.

¿Cuál es la diferencia entre decir “tú me haces tan feliz” y “cuando estoy en tu presencia, me permito a mí mismo ser tan feliz”? ¡Con la primera declaración estamos entregando nuestro poder! Lo que siga de ahí será devastador, pues esa persona nunca podrá cumplir las expectativas del otro. Pero si dominamos la técnica de permitirnos a nosotros mismos ser felices (estar seguros) en presencia de gente compatible, llegaremos a casa gozando de plena libertad.

Ser sinceros con nosotros mismos en las relaciones

Si nuestro compañero tiene un problema, no va a ser útil que lo reconozcamos. Sin embargo, sí lo será el que reconozcamos que ellos son el Cristo. Todo el que está en este planeta es un estudiante, y todos estamos haciendo lo mejor que podemos. Si alguien tiene un problema es con su perspectiva, y no podemos alterarlo porque cada ego ha sido entrenado para defender sus limitaciones. Pero para ser honestos con nosotros mismos y con los otros, debemos decir: “Si quieres jugar conmigo, me complacería que pasáramos el tiempo juntos. Eres una persona encantadora cuando estás jugando, pero si prefieres discutir, hay otros lugares donde yo podría estar y otras cosas que hacer. Sé que no puedo perderte. Tal vez no vuelva a verte sino hasta el próximo año o la próxima vida, pero decido salirme de esta relación porque sólo puedo ser responsable de mí mismo”.

Preocupación por los amados

¿Se imaginan a Dios estableciendo un sistema en el que el amor significara que tuviéramos que preocuparnos por alguien más? La sociedad nos ha adiestrado para preocuparnos por la gente que amamos. Si los pensamientos que mantenemos en la mente crean nuestro mañana, entonces, la preocupación crea repeticiones interminables de las condiciones que nos inquietan, y eso no es algo amoroso. Podemos decir: “Lo siento, pero la palabra preocupación ya no está en mi vocabulario. Te enviaré luz, oraré por ti y te bendeciré, pero ya no me preocuparé más por ti ni por nadie más. No eres mi responsabilidad. Eres mi amigo, pero no me perteneces. Le perteneces a Dios”.

Debemos estar seguros de que comprendemos que nuestros cónyuges, amantes, hijos, jefes, empleados y el dependiente de la tienda de abarrotes no son nuestra responsabilidad. Ésta es otra paradoja: aunque yo soy tú y tú eres yo, no me incumbes. Una cosa que nos debe quedar muy clara si queremos ser mejores guías del camino en este planeta es que no podemos cambiar a ningún ser humano.

Almas gemelas

Últimamente, en la comunidad de la Nueva Era, se habla mucho de los compañeros de alma y de las almas gemelas. Muchos ansían encontrar a sus compañeros de alma, pero no existe el compañero ideal. No existen entidades separadas y perfectamente compatibles afuera. Nosotros creamos nuestra propia realidad, independientemente de nuestros compañeros de alma. Debemos crear nuestras relaciones en nuestro bloc amarillo según nuestra propia idea de la perfección. Todos nuestros compañeros de alma son individuos que crean sus propias realidades basados en sus propias experiencias personales, en las que han participado desde que éramos una sola alma. Ahora, nuestros compañeros de alma están cada uno en lo suyo. Seguir pidiendo que aparezca el Señor Perfecto o la Señorita Ideal sólo provocará desengaño.

Permítanme inventar otro cuento, esta vez sobre los compañeros de alma. En el principio, sólo era Dios. Si hay una afirmación verdadera en toda la Biblia, es ésta. Luego, Dios dijo: “Me siento solo” (estoy tratando de decir la verdad con mis palabras). Y siguió: “Creo que voy a crear otros aspectos de mí mismo para compartir la experiencia conmigo mismo”. Así, Dios se convirtió en una ameba, que se dividió y se convirtió en dos y siguió dividiéndose hasta que hubo sesenta mil millones de entidades separadas.

En este relato, todos los seres individualizados deben rastrearse por pares. Si dos entidades separadas fueron una, ahora son compañeras de alma. El origen a partir del cual se individualizaron podría llamarse el alma suprema. Esta maravillosa fantasía asume que el tiempo es o era lineal. (¡Caramba! Esta historia tiene muchos defectos.) Si hubiera una pizca de verdad en ella, entonces, sería razonable decir que, en algún punto, cada uno de nosotros tuvo experiencias cuando éramos parte de cada uno de los demás. Por lo tanto, todos los demás han sido nuestras almas gemelas en el algún momento de la historia de la creación.

Todo se reduce a cuán cómodos nos sentimos con alguien y con quién podemos experimentar una conexión cálida. Carece completamente de importancia de cuál alma suprema derivamos y desde qué nivel encarnamos. Si alguien ha sido nuestro compañero en el tiempo, tendremos con él una relación de amor (o de amor/odio). Si hemos jugado juntos en las arenas del tiempo, nos serán familiares. También reconoceremos rostros de experiencias de encarnación fuera de la escuela terrestre. Yo he llamado a la memoria de una experiencia pasada con alguien una “cita en el tiempo”, o podemos referirnos a ella como una vida pasada conjunta. Las vidas pasadas no tienen que haber sido todas en la tierra. De hecho, sólo un pequeño porcentaje fueron o son en la tierra.

Tenemos algunos compañeros de alma a los que no sólo no reconocemos sino que no soportaríamos porque, en lo que respecta al tiempo lineal, hemos estado haciendo cosas diferentes y adquiriendo sistemas de valores contradictorios. No nos interesan los compañeros de alma ni las almas gemelas ni los parientes del alma suprema. Busquemos compañeros en el tiempo, indiferentemente de cuál fue el espacio-tiempo en el que jugamos juntos; ésos son los que poseen las creencias, valores y limitaciones más semejantes a los de nosotros (con los que nos sentimos más a gusto). Ésos son los más divertidos.

Para la mayoría de la gente, la búsqueda de un compañero de alma es un intento de encontrar el compañero perfecto, en lugar de crearlo. Nosotros creamos todas nuestras realidades, incluso nuestras relaciones. No estamos aquí para ceder nuestro poder al alma suprema para que nos haga felices. Estamos aquí para recuperar nuestro poder, sacar nuestro bloc amarillo y escribir absolutamente todas las cualidades que queremos y los defectos que no queremos en nuestras parejas. Y luego, para ser consecuentes con nosotros mismos y rechazar lo que no queremos y atraer lo que deseamos. Recordemos que el propósito de registrar cualidades y atributos es aclarar nuestro pensamiento y, por consiguiente, nuestra creación. Delinear rasgos físicos (alto, moreno, buen mozo) limita nuestra cocreación con la divinidad. Lo que nos interesa son cualidades como la compatibilidad, el respeto, la diversión, el apoyo y el complemento perfecto para nuestro trabajo vital.

Sexualidad

Sólo en este planeta, las entidades tienen aspectadas sus energías masculina y femenina. En ninguna otra parte los seres tienen que pensar siquiera en partirse por la mitad y decir: “En esta vida voy a ser una mujer y en la siguiente seré un hombre, para equilibrar”. Puesto que la tierra nos enseña a través de la dualidad, sus estudiantes vienen a reconciliar aspectos opuestos para crear unicidad. La sexualidad, entonces, es una herramienta conveniente en la dualidad. La sexualidad es, como todas las apariencias tridimensionales, irrelevante y altamente significativa a la vez. En la sexualidad, como en las demás cosas de acá, no hay bien ni mal, sólo lecciones.

Aquí estamos procurando el equilibrio y eso incluye centros de energía igualmente radiantes. Tenemos siete chakras principales. Si ignoramos cualquiera de ellos, nos sentiremos desequilibrados, frustrados y no podremos disfrutar de nosotros mismos. Algunos individuos se consideran sencillamente tan espirituales que sólo funcionan desde arriba de su plexo solar. “¡¿Qué yo tengo un chakra raíz?! ¡Falso! Yo trascendí eso hace mucho tiempo, ¿no?”. Tenemos que reconocer y bendecir todos nuestros chakras y declarar divina su forma de manifestarse. Debemos expresar nuestra sexualidad (dualidad) y reconocer la existencia de una sola alma en nosotros y nuestros compañeros. No podemos evitar la lección; la cuestión es cómo aprender con comodidad.

Existen dos creencias promovidas por el ego, relacionadas con el asunto hombre/mujer y que han penetrado el pozo telepático de este planeta. La primera es que el sexo puede ser “malo”. La segunda es que “si amas a alguien más, entonces no me amas a mí”. La primera es la raíz de la culpa hombre/mujer, y la segunda es la raíz de los celos. Los estudiantes que todavía creen en la programación del ego, es decir, todos, encuentran que la culpa y los celos se yerguen como obstáculos. Para gente celosa es difícil mantener “la vista fija en Dios”.

Los hacedores de patrones para la nueva era, esto es, ustedes y yo, no tenemos que enmendar estas ideas erróneas. Nuestra tarea consiste en mantener la verdad de la unicidad en nuestras mentes y corazones, de tal manera que la energía que irradiemos suavice el pozo telepático con amor incondicional y, con el tiempo, termine la “guerra de los sexos”.

En algún punto, los seres en evolución se enamoran absoluta y apasionadamente de todo el mundo. ¿Cómo manejamos estos sentimientos en la tierra? Con cuidado; con mucho cuidado. Nuestra labor es ser útiles para los estudiantes y no ponerles obstáculos innecesarios en el camino. La expresión sexual de amor con cada alma del planeta no es necesaria. No nos vamos a perder de nada por ahora. Tenemos una cantidad infinita de tiempo para hacerles el amor a todas las almas (es decir, a todos los aspectos de nuestro ser interior).

Todos tenemos un recuerdo subconsciente de nuestra existencia fuera de esta dimensión física, aunque no seamos conscientes de esas experiencias. Cuando estuvimos fuera de nuestros cuerpos, no creíamos en la separación. En nuestras existencias extraterrestres normales fusionábamos las almas (hacíamos el amor) cuando veíamos a alguien conocido. ¿Se acuerdan de las luces que se movían alrededor de la piscina en la película Cocoon? Los dos personajes se fusionaban en una sola luz. Eso es lo que hacemos rutinariamente entre nuestras vidas en la tierra.

Finalmente, todos nos fusionaremos en uno, pero como ése es un concepto que no podemos aprehender en el momento, debemos empezar por trabajar en nuestras conexiones con el otro, una a la vez. Así que si nos acordamos de cómo nos fundíamos con el alma de alguien cuando nos parecía familiar, entenderemos por qué tenemos esa misma tendencia aquí en la tierra. Pero puesto que también sabemos que no podemos zambullirnos en otras almas debido a las limitaciones del cuerpo físico, nos conformamos con saltar a sus camas. Desde una perspectiva cósmica (nuestro estilo de vida antes de venir a la tierra), no existe la propiedad de los cuerpos, no hay celos ni inseguridad y, por lo tanto, no hay bien ni mal. En realidad, nunca ha habido bien ni mal y nadie jamás ha cometido un error. Sin embargo, en la tierra, debemos consultar con nuestra guía interior antes de convertir nuestros sentimientos en acciones.

De vez en cuando, nuestra atracción por otra alma ha sido tan fuerte que nos hemos olvidado de consultar nuestra guía. Eso no es “malo”. Otras veces, hemos consultado y se nos ha permitido regodearnos en la satisfacción sensual. No obstante, la mayoría del tiempo, lo mejor es tomar medidas para evitar que un cónyuge enfurecido y armado de un cuchillo de carnicero nos corretee.

Cuando una relación no progresa fluidamente, cuando se siente complicada, quiere decir que nos hemos vuelto un tanto mentales en nuestros intentos de hallar respuestas. Ahí es cuando se empiezan a manifestar ramificaciones negativas. Los pensamientos mantenidos en la mente, de complejidad y complicación inclusive, se manifiestan. Por eso, si nos vemos involucrados en una situación complicada o desagradable, lo mejor es retirarse y volver a elegir la paz. Luego, enviamos luz, tal como lo haríamos para solucionar cualquier otro problema. ¡Peguen esa nota en el refrigerador! Al final, todo saldrá maravillosamente y podremos amar a todos porque ésa es la naturaleza de Dios. Mientras tanto, todavía hay algunos viejos patrones que tenemos que eliminar de nuestras relaciones.

Ira y conflicto

Un curso de milagros dice claramente que sólo existen dos emociones: el amor y el miedo. En consecuencia, todo lo que no experimentemos como amor será resultado del miedo a que nos hagan daño. Si estamos enojados con alguien, quizá temamos que nos esté controlando o avasallando. Tal vez creamos que no podemos controlar nuestra vida. La ira siempre afirma: “Tú estás equivocado y yo tengo la razón. Estoy furioso porque tu comportamiento inapropiado me hace daño”. Si no queremos sentir más ira, tenemos que estar dispuestos a decir: “Yo creo impecablemente mi propia realidad, así que si me siento mal debe ser a causa de mis decisiones. Voy a buscar la solución en mí mismo, en lugar de tratar de cambiar a los demás”.

Es útil estar conscientes de las creencias cuando nos enredamos en conflictos. Si permitimos que otros seres humanos nos saquen de casillas es que creemos en defendernos. La ley cósmica declara que los pensamientos sostenidos en la mente se manifiestan en nuestra vida. Si guardamos la imagen de un mal comportamiento y la respaldamos con nuestra ira, habremos garantizado que también habrá conflicto mañana. Por esa misma línea, si creamos nuestro hoy basados en los pensamientos de ayer (o de otra vida), entonces, lo que nos enoja no es lo que creemos. El Curso dice: “Nunca estoy enojado por la razón que creo”.

Cuando olvidamos que somos uno con Dios, el ego se complace en el miedo. Inmediatamente, recurre a proteger al ser proyectando emociones negativas hacia otros, con el fin de no asumir su responsabilidad. Por otro lado, funcionar desde la perspectiva cósmica implica reconocer nuestra conexión con la fuente de infinito poder, un estado del ser que no necesita protección.

Un par de ideas de Un curso de milagros viene muy bien cuando una relación genera conflicto. La primera es que toda manifestación de ira es un llamado de amor. Esto nos dice que la otra persona no está tratando en realidad de hacernos daño con sus ataques; sólo es que no se siente amada y trata de obtener amor fuera de sí misma. En segundo lugar, el Curso pregunta: “Qué prefieres: ¿ser feliz o tener la razón”? Hay que escoger porque no pueden ser las dos cosas a la vez.

Millones de personas han discutido entre sí durante millones de años en la tierra y, hasta ahora, ninguna ha ganado. ¿Por qué nos enganchamos, entonces, en un acto tan fútil? Porque el ego no tiene opción: si de veras está separado, debe tener la razón para poder sobrevivir. Sólo los seres que han renunciado a la idea de la separatividad conciben la posibilidad de renunciar a tener la razón. Nuestra sociedad le ha conferido un gran valor a tener la razón. Aparte del hecho de que estar en lo correcto es una imposibilidad cósmica, nadie ha alcanzado la felicidad con ello. El conflicto no se puede superar corrigiendo los errores de otros. La única manera de terminar un patrón repetitivo de conflicto es rehusándose a participar.

Cuando abandonamos el juego del ataque y la defensa y elegimos la paz, se inicia una secuencia de sucesos muy predecible. Primero, la persona con la que tratamos se enoja mucho porque acaba de perder el control. Toda su seguridad depende de que conoce al dedillo nuestras reacciones perfectamente ordenadas. Cuando rompemos las reglas tradicionales al escoger la paz y abandonar el ataque y la defensa, su sistema de creencias se hace añicos. Nos enumeran todas las razones por las que no podemos recurrir a un nuevo tipo de conducta. Tratan de sacarnos de quicio. “No es justo. Tienes que pelear conmigo. Sólo quieres escapar”. Y luego, llega el ”pero yo te necesito”. No hay que leer un solo libro más sobre la codependencia para saber de qué se trata esto. Cuando ya han hecho todo buscando una reacción y no les respondemos, nos dirán que se van a tirar por la ventana, pero lo más probable es que no lo hagan y, si lo hacen, es que les llegó el momento de estar en otra parte. La gente no se muere, sólo pasa a otra cosa.

Si deciden quedarse, experimentarán un periodo de desconcierto y les dirán a todos que nos enloquecimos. Si mantenemos nuestra paz, su ira terminará desapareciendo. Al final, observarán con asombro nuestro pacífico estado y se convertirán en estudiantes de la paz, como estaba escrito en sus contratos. Todo el que trata de controlar o manipular se comprometió invariablemente a ser nuestro alumno, y espera que le mostremos cómo deshacerse de sus viejos patrones y recuperar la libertad y la confianza. Quizá su orgullo no les permita pedir: “Por favor, enséñame a mantenerme en paz”, pero tengan la seguridad de que estarán observando. El amor siempre funciona.

El trabajo en la oficina puede ser una buena prueba para saber si estamos dispuestos a jugar con las reglas del amor. Allí encontramos muchos conflictos potenciales y tenemos mucho qué perder si jugamos “mal”. Podríamos perder nuestros ingresos, nuestra reputación y a nuestros amigos si no actuamos como el jefe quiere. Una de las mejores historias de la Biblia, que nos enseña cómo tratar a la gente con la que aparentemente no nos la llevamos bien es la de Daniel en la jaula del león. Daniel sabía de antemano que lo iban a meter al cubil (el león representaba su desafío particular), por lo que se puso en oración la noche anterior. Él sabía que, en la tierra, la conciencia crea la realidad y que no era víctima del rey. Se sentó a meditar, vio el dilema y visualizó el resultado que deseaba. Siempre es más fácil realizar el trabajo con anticipación para que cuando llegue alguien a tratar de sacarnos de casillas, ya hemos liberado la energía.

Al día siguiente, cuando lo metieron en la jaula, Daniel se sentó de espaldas al león, una metáfora increíblemente significativa. Él no se sentó a enfocar el problema; en cambio, habiendo meditado y utilizado imágenes la noche anterior para resolverlo, era libre de poner su atención en otra parte. El león no lo atacó ni lo hizo pedazos cuando bajó sus defensas, sino que se echó a dormir —maravillosa simbología. Podemos aplicar el método de Daniel para cualquier persona o situación que nos intimide. Un curso de milagros dice que en nuestra indefensión radica nuestra seguridad.

Si percibimos a un adversario, reconozcamos que es nuestra percepción la que debemos reparar. Si la percepción creó la dificultad, la percepción la sanará. Imaginemos una lata de pintura rosada y pintemos mentalmente a nuestro adversario con ese color suave y amoroso, o cubrámoslo de destellos rosa; le será muy difícil comportarse mal cuando se encuentren si está cubierto de ese matiz rosado. Podemos usar cualquier símbolo que nos parezca divertido. Imaginemos lo que se siente cuando se restaura la armonía. Visualicen el encuentro completo en estado de meditación relajada; no hay manera de que nos veamos con esa persona sin recordar el trabajo que realizamos. Toda manifestación de ira es un llamado de amor, y ustedes han ofrecido amor en lugar de conflicto.

Todas las relaciones se acaban

Otra área en la que la sociedad se encuentra en negación es que todas las relaciones terrenales se acaban. Debido a su confusión en la diferencia entre amor y necesidad, la sociedad nos enseña que lo apropiado cuando las relaciones terminan es el trauma emocional. Si una relación existe porque creemos que alguien fuera de nosotros es parcialmente responsable de nuestra felicidad, se experimentará un gran dolor cuando llegue a su fin: aquello a lo que le habíamos cedido nuestro poder nos ha abandonado.

La codependencia y el trauma emocional los aprendemos de la sociedad, pues no son estados naturales ni requeridos en el universo. Todo error que se haya convertido en una enseñanza aceptada por la sociedad puede volver a enseñarse en una forma más amorosa. Los maestros de la luz en este planeta tienen la tarea de reformar sus propias relaciones y convertirlas en “relaciones santas”, para usar las palabras de Un curso de milagros. Deben tomar la decisión de no participar más en relaciones basadas en la necesidad, que a su vez se funden en la presunción de que estamos separados y desvalidos. Las relaciones basadas únicamente en el disfrute de la presencia del otro aún nos obligan a reorganizar nuestro estilo de vida cuando el compañero se va, pero se trata de un arreglo libre de trauma. Simplemente, avanzamos a nuestra siguiente aventura.

Después de transformar nuestras propias relaciones, comenzamos a reeducar la conciencia grupal. Bien sea que enseñemos y aconsejemos a otros o que nos dediquemos sólo a disfrutar nuestra relación, el efecto será el mismo: comunicamos nuestra comprensión y nuestra alegría a todos los habitantes de la tierra a través del pozo telepático.

Hijos y padres

Como lo dijo Jalil Gibrán, “nuestros hijos no son nuestros hijos”. Son los hijos de Dios. En el mejor de los casos, nos los prestan por un rato. De todos los cientos de miles de sistemas escolares que existen en el universo, el planeta tierra es el único donde, para iniciar nuestra carrera, debemos empezar por salir del cuerpo de alguien más. En los demás sistemas, los individuos sencillamente se aparecen, se bajan del autobús. Y puesto que todos hemos sido condicionados en encarnaciones anteriores a creer que nuestros cuerpos nos pertenecen, pensamos que lo que sale de ellos también es nuestro. Pero no es así. En realidad, lo que sucede aquí es algo extraño: que un ser salga del cuerpo de otro es algo que podría ocurrir en una película de ciencia ficción, pero no nos damos cuenta de lo raro que es.

Cuando la gente tiene hijos para “llenar un vacío” en su vida, el dolor es inevitable. Si el niño llegó a la familia para llenar un vacío, entonces, toda transición asociada al crecimiento, los padres la sentirán como un ataque, y dejar el hogar será visto como abandono. En nuestra sociedad, cuando un niño muere, la familia por lo general no está consciente de los contratos kármicos o de los acuerdos previos al nacimiento. Nuestra función no es necesariamente la de explicarles estos asuntos, sino simplemente amarlos. El amor cura todas las heridas.

Al nivel del alma, los padres escogen a sus hijos para romper viejos patrones. No hay excepciones a esta regla. Nuestros padres cuentan absolutamente con el hecho de que los hijos no vamos a jugar los viejos juegos de culpa ni nos vamos a dejar enredar en su drama. En el ámbito subconsciente, todos piensan: “Ojalá que mis hijos no hagan caso del escenario que voy a montar porque si me educan ahora, me ahorrarán el trabajo de varias vidas”. Para demostrarles amor a nuestros padres, debemos ser fieles a nosotros mismos. Si tratamos de complacerlos, los dejaremos con el mismo caos en el que ahora se encuentran, hasta que un día, o en otra vida, alguien finalmente decida ayudarlos a romper el patrón.

Todo individuo que encarna en este planeta escoge el tiempo de su encarnación y su propio sendero. Todos los nacidos a partir de la década de los 90 vivirán como adultos dentro de una energía predominantemente acuariana. Estas almas ya han completado la mayor parte del trabajo requerido para su graduación. En la era de Acuario no encontraremos gente que no esté orientada hacia la compasión. Pocos vendrán a esta escuela cuyo interés principal sea el de liarse en riñas de taberna.

Los niños que están encarnando hoy en el planeta tienen un papel importantísimo en la transición de la tierra. Durante su infancia, no hay uno solo de ellos que no esté en contacto consciente con su estado de conciencia prenatal. Gerald Jampolsky narra la historia de una joven pareja amiga, que tuvo un segundo hijo. Cuando le presentaron el bebé a la niña de tres años, ésta les pidió que la dejaran un rato a solas con él. Temiendo que lo lastimara, se opusieron, pero ante la insistencia de la niña, decidieron usar un intercomunicador para estar pendientes de lo que sucedía. A través del dispositivo, los padres escucharon a la niña de tres años aproximarse a la cuna y decir: “Bebé, háblame de Dios… ya estoy empezando a olvidar”.

Nuestros niños nos van a eclipsar a tal grado que será una verdadera maravilla. Ellos poseen un entendimiento intuitivo de la moralidad espiritual que supera con creces las versiones codependientes de moralidad de las generaciones anteriores. Por lo tanto, ya no podemos aplicar los viejos patrones de crianza. Ningún niño nacido actualmente necesita ser controlado. Podemos enseñarles las cosas prácticas del diario vivir, como no tocar una estufa caliente, pero no aceptarán nuestra idea de comportamiento moral. No están interesados en nuestras percepciones arcaicas sobre cómo interactuar con los demás. Estos niños conocen más de relaciones a los 12 años que lo que nuestra generación ha aprendido hasta ahora.

La vieja noción de que los padres son responsables de sus hijos se irá a pique. Los niños parecen inocentes e indefensos. Por eso, aquellos con escaso sentido cósmico pretenden enseñarles la codependencia, pero los niños no son ingenuos. Tienen millones de años de experiencia personal, como cualquier adulto. Los niños no son desvalidos, y escogieron sabiamente a sus padres.

No somos responsables de ningún otro ser humano. No podemos repararlos ni moldearlos como queramos. Las únicas obligaciones que los padres acuarianos tienen con sus hijos es amarlos, proveerles alimento, ropa y techo, y no estorbar. Ellos se amarán tanto a sí mismos que, sencillamente, no nos permitirán controlarlos ni manipularlos.

Cuando les enseñamos el lenguaje a los niños, les enseñamos limitación. Nuestra lengua carece de palabras para describir cómo era todo antes de nacer. Sin embargo, los niños recuerdan todo acerca de esos mundos y cuando llegan acá aún se comunican telepáticamente, pero muchos no nos damos cuenta. Permanecen sintonizados con todo lo que ocurre en la casa, incluyendo las emociones, antes de que puedan hablar. La programación del niño sobre limitaciones y temores o amor e indefensión de la gente del planeta comienza en el útero.

Con ese tipo de capacidad intuitiva, podemos anticipar que los niños de la nueva era serán malos estudiantes. Nuestro sistema educativo está diseñado para hacer clones. Les enseña a depender del intelecto, la manipulación, la competencia y la separatividad, pero no les enseña la verdadera comprensión. Los nuevos niños no tolerarán ese tipo de educación. Los sistemas escolares tendrán que cambiar completamente. La educación y el amor no son materias distintas. Hasta que estos cambios tengan lugar, sepan que nuestros niños no encajarán. No los podemos entrenar como lo hicieron con nosotros, para sentarse por cincuenta minutos en la misma posición, mientras una aburrida figura de autoridad les da un discurso. A cambio, exigirán acción, color, vitalidad, calidez y sentimiento. En las nuevas escuelas el arte, la música, la compasión y el funcionamiento intuitivo no serán materias de segunda categoría con respecto a los temas intelectuales y al aprendizaje de las respuestas “correctas”.

Los niños ni son nuevos ni son tontos; han estado en la escuela tierra y en otros sistemas por decenas de millones de años. Son maduros y sabios en todos los aspectos, excepto en el manejo del cuerpo físico. Estos seres llegan con una imagen de sí mismos mucho mejor que la de las generaciones anteriores. Si los tratamos con respeto amoroso y reconocemos que son nuestros maestros en lo que tiene que ver con la interacción humana, la compasión y la armonía, nuestra relación con ellos será maravillosa. Nuestros hijos y sobrinos y nietos serán fuente de gran sabiduría para nosotros, siempre y cuando juguemos de acuerdo con las nuevas reglas.

Relaciones cósmicas

Cuando dominemos las relaciones, lo habremos dominado todo. Cuando dejemos de empoderar a la gente que supuestamente amamos pero que probablemente necesitamos, habremos recuperado nuestro poder en todas las áreas de nuestra vida. Sanar relaciones es un tema muy fácil de discutir, pero es la lección más difícil porque el trabajo consiste en soltar vidas y vidas de programación. Se requiere que estemos muy vigilantes, pero ser fieles a nosotros mismos es todo lo que se necesita para que nuestras relaciones funcionen. Sólo prestemos atención, observemos y oremos.

¿Qué sucedería si pudiéramos relacionarnos con alguien en un estado de conciencia cósmica? No podríamos hablar de nuestros problemas porque no tendríamos ninguno. Bueno, tal vez no hayamos llegado al punto de ser totalmente cósmicos con nuestros compañeros, pero podemos hacerle caso al consejo de Emerson: “Para llegar a ser, actuemos como si ya fuéramos”. Puesto que tradicionalmente hemos usado la comunicación verbal para reforzar nuestra separatividad, no tener nada de qué quejarnos supone un desafío. Pero ahora, escogeremos no olvidar a Dios que es nuestra fuente, y no olvidar el cuadro global. En consecuencia, no crearemos viejos problemas repitiendo los viejos pensamientos acerca de ellos. Mentes limpias crean relaciones limpias.

La mayoría de las conversaciones en este planeta son sobre problemas, retos, diferencias, equivocaciones, injusticias, etc. Cosas del ego. Si todo el mundo se rehusara a pronunciar palabras negativas, la condición normal sería el silencio.

Existe una conexión definida entre el silencio y la iluminación. Todos los gurús comienzan el entrenamiento de sus discípulos enseñándoles el silencio. Todo maestro se comunica telepática y no verbalmente. Cuando nosotros, como civilización, terminemos el experimento grupal de atacarnos y defendernos, ya no usaremos las palabras. Compartir las formas del pensamiento y las imágenes mentales es un medio de comunicación mucho más rápido. Pero mientras sintamos miedo de que los otros vean nuestros pensamientos y sentimientos, seguiremos usando palabras que crean separación. Patricia Sun nos regala una buena sugerencia: “Hagamos de cuenta que, a partir de este momento, todos aquellos con los que nos encontremos pueden leer nuestra mente”. Los seres telepáticos no tienen problemas con las relaciones, pues todos ellos son resultado del engaño que el temor requiere.

Para sanar a aquellos con los que tenemos una relación, debemos sanarnos a nosotros mismos. Cuando aprendemos a estar dichosos y en paz, también estamos sanando a los que están conectados psíquicamente con nosotros. Sabemos que cualquier estado de limitación, manipulación, ira, temor y culpa es el delirio total. Asimismo, recordamos la verdad de que no podemos alcanzar solos la unicidad. Necesitamos nuestras relaciones. Necesitamos a nuestro grupo y las herramientas de apoyo cuando nos atrevemos a ser honestos con nuestra gente. Tengan a la mano sus libros y cintas de inspiración y los números telefónicos, y láncense a desarrollar sus relaciones en una forma completamente nueva. Antes de que se den cuenta, tendrán relaciones armoniosas con todos los individuos del planeta, quienes los llamarán maestros y se sentirán a sus anchas con ustedes.